recoge el Farolillo de papel en bilbao

María Dueñas: “Me interesaba rescatar la vida de la colonia española en Nueva York”

María Dueñas, que dibuja una hoja de ruta sobre su reciente novela ‘Las hijas del capitán’ (Planeta), ha recibido uno de los Premios Farolillos de Papel

Una entrevista de Uxue Razkin - Jueves, 19 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

María Dueñas. Fotografías de Oskar González

María Dueñas. Fotografías de Oskar González

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María Dueñas. Fotografías de Oskar González

bilbao- Las hijas del capitánnarra las aventuras de tres mujeres jóvenes malagueñas que emigran a Nueva York en los años 30. Su padre decidió abrir allí una pequeña casa de comidas, El Capitán, y pide que tanto ellas como su mujer se reúnan con él. Cuando llegan allí, su padre muere en un accidente portuario -“esto ocurre al principio, no desvelo gran cosa”-, y a partir de ahí, todo se va torciendo para ellas: se tienen que hacer cargo del negocio y tratar de salir a flote. Bajo esta trama de ficción, según explica Dueñas, lo que se encontrarán los lectores será “un dibujo de cómo era la vida de la colonia española en Nueva York en los años 30, que es algo bastante desconocido. Me interesaba rescatar aquello”, explica la autora.

¿Por qué no se ha conocido tan a fondo este movimiento migratorio? Se conocen el de los italianos, de los irlandeses... ¿Qué pasó con la colonia española?

-En primer lugar, numéricamente fueron muchos menos. Cuando hablamos de los italianos fueron casi millones;los irlandeses, lo mismo. Los españoles fueron unos 30.000 o 40.000 en los años 30. Desde nuestra perspectiva es una imagen bastante considerable, pero comparada con las otras es más minoritaria. Conocemos poco porque eran menos y porque desde nuestro lado lo hemos estudiado poco. Desde América se ha estudiado más, nosotros nos hemos centrado más en hacer un conocimiento atomizado. Los vascos han estudiado la emigración vasca, los gallegos se han centrado en la gallega... y no hay un retrato colectivo. Lo que yo he intentado es sumarlos todos, cada uno con sus particularidades: está el centro vasco americano, está el círculo valenciano y está el centro asturiano, andaluz... Están todos y también hay sociedades transversales, los vecindarios... Conviven todos y esa es la imagen que yo he querido dar, la de la colonia en su conjunto.

Las mujeres tienen protagonismo en sus novelas. En esta, opta por construir la narración alrededor de tres. ¿Ha sido difícil encontrar el equilibrio?

-Ha sido un reto. Son tres hermanas que entran como una piña. Parece que van a ser un tótem compacto a lo largo de toda la novela y enseguida nos damos cuenta de que no, cada una empieza a tener un camino distinto. Empezamos a ver los quiebros de cada una, cómo se tensan las relaciones entre ellas, cómo se vuelven a acercar y cómo recuperan esa complicidad. Para mí ha sido un desafío porque me ha supuesto más trabajo equilibrar a las tres. En ese sentido, ha supuesto mucho más trabajo, pero también ha sido mucho más satisfactorio. Creo que han quedado muy bien, muy equilibradas y muy entrañables.

Lo de estas tres protagonistas es una historia de supervivencia.

-Ellas llegan de un barrio malagueño, de una España muy subdesarrollada todavía, donde apenas hay agua corriente en las casas, ni luz eléctrica... a Nueva York, que es la gran metrópoli del mundo, que tiene casi siete millones de habitantes, en la que ya están construidos los grandes rascacielos, que tiene puentes gigantescos, que tiene un metro subterráneo que recorre la ciudad, trenes elevados, ascensores, escaleras mecánicas... Un mundo tan distinto en el que además se habla otra lengua, hay otros códigos sociales, todo funciona mucho más deprisa. Ellas de pronto están absolutamente desconcertadas en ese mundo, todo les resulta ajeno. Además, es una ciudad hostil, dura. Están viviendo la Gran Depresión, hay muchísimos inmigrantes, es una tercera parte de esos más de siete millones de habitantes que tiene Nueva York en la época. Uno de los personajes dice: “Sois el sector más vulnerable de la sociedad, sois inmigrantes, sois ignorantes, sois pobres y sois mujeres. Con esos mimbres estáis expuestas a todo”. De ahí que la historia que tengan ellas sea épica.

Apuntaba en una reciente entrevista que pasa mucho tiempo documentándose. ¿En esta ocasión también lo ha hecho? ¿Ha podido hablar con alguno que emigró a Nueva York?

-Sí. He tenido ocasión de conocer a mucha gente que fueron protagonistas de primera mano. Ahora ellos son octogenarios y nonagenarios pero tienen memorias muy presentes. Y cuando no he podido hablar con ellos, lo he hecho con sus descendientes. Casi todos en Nueva York y algunos aquí, que retornaron. También me he acercado a investigadores que han hecho retratos amplios de esta colonia. Me he servido de prensa de la época. Todas esas fuentes me han transmitido tanto conocimientos sobre qué paso como cuáles fueron sus sensaciones y emociones, cómo llevaron el desarraigo, el desconcierto de hacerse a la nueva ciudad, la nostalgia, la melancolía, la solidaridad entre vecinos. Cuando ellos te van contando todo eso la verdad es que es conmovedor.

Recibe uno de los Farolillos de Papel que reparte La Asociación de Librerías de Bizkaia. ¿Cómo se siente?

-La verdad es que estoy encantada. Creo que con todos mis libros he venido al País Vasco;la acogida de los lectores ha sido magnífica. Es un honor y una alegría enorme.

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