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no acreditan que fuera 'terrorismo'

Los agredidos afirman que temieron por su vida y que les pegaron con odio y saña

Los guardias civiles, que identificaron a los ocho acusados, relatan “un infierno” que entienden que “no fue casual”

Enrique Conde - Miércoles, 18 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Familiares y amigos de los acusados que están en prisión aplauden a la llegada de uno de los furgones policiales a la Audiencia Nacional.

Familiares y amigos de los acusados que están en prisión aplauden a la llegada de uno de los furgones policiales a la Audiencia Nacional. (Dani Olóriz)

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Familiares y amigos de los acusados que están en prisión aplauden a la llegada de uno de los furgones policiales a la Audiencia Nacional.

MADRID- En una versión rocosa y unívoca, los guardias civiles heridos y sus parejas relataron ayer que durante la agresión del bar Koxka “temieron” por su vida y que les golpearon con “saña” y con un “odio que nunca había visto hacia la Guardia Civil”, añadió el sargento contusionado. Los cuatro usaron términos similares para describir la agresión como una paliza que a su entender era “premeditada” y “no fue casual” porque empezó dentro del bar, cuando uno de los acusados entró al bar e inició una discusión, pero fuera “también nos esperaban”. “Por Jokin empezó todo, sin él no estaríamos aquí”, subrayó María José, novia del teniente, natural de Altsasu y que identificó a todos los procesados, aunque en sus declaraciones policiales no pusiera nombres a los ocho y solo facilitara descripciones físicas.

El teniente, que presenta la lesión más grave -un tobillo roto- y que identificó a tres procesados como agresores, narró que “nadie se acercó a mí, que me quisiera echar un cable o que me ayudara a salir de allí. Los golpes no paraban, venían de todas partes. Temí por mi vida”, le respondió al fiscal Perals, al que añadió que “ni provocó” los hechos ni peleó porque “solo me protegía”. También dijo que apenas bebió esa noche, dos gin-tonics en toda la noche, igual que los otros tres heridos.

por su condición profesionalLa versión de los heridos expuso sin género de dudas que recibieron los golpes por su condición profesional y trataron de conectar dicha agresión con hechos anteriores y muy recientes en el tiempo, como una jornada de puertas abiertas que organizó el instituto armado y la festividad que celebraron en El Pilar. Pero en ambas citas, “para intimidar a los vecinos”, dijeron, solo reconocieron que participó Jokin Unamuno. Al resto no los pudieron situar ahí y tampoco con hechos violentos anteriores, más allá de que a juicio de los agentes el movimiento Ospa y la campaña Alde Hemendik es una forma de despreciarles. “Violencia expresa hubo ese día”, detalló el teniente, “y lo de antes fue una escalada a esa violencia”.

Las defensas entienden que la agresión relatada no tiene consonancia con las lesiones que después les fueron diagnosticadas y que les mantuvieron entre 53 y 61 días de baja, al sargento y a las mujeres, respectivamente. María José, la novia del teniente, fue cuestionada por una de las letradas defensoras por si tenía lesiones añadidas a su parte médico, donde reseña dolor en zona dorsal y abdomen, tendinitis en hombro y un cuadro de ansiedad. “Buf, ¿te refieres a por qué no me destrozaron?”, le preguntó la denunciante a la letrada. “¿Qué le recetaron tras atenderla?”, se le cuestionó. “Estaba tomando antiinflamatorios, Ibuprofeno, algo para taquicardias, no puedo dormir y tomo antidepresivos. Desde ese día hasta hoy he sufrido muchas más cosas porque psiquiatras y médicos lo han estimado y he estado a punto de quitarme de en medio. Temí por mi integridad física y por la vida de Óscar”.

Las defensas trataron de cuestionar también el motivo por el que la investigación inicial la realizó la Policía Foral, el primer cuerpo que acudió a la llamada de auxilio, y tras la visita en el hospital del director general de la Guardia Civil al teniente herido este cuerpo se hizo cargo del caso. “¿Quiere decir si tuve alguna orden para no declarar ante la Policía Foral? No hubo ninguna orden para no recibir a la Policía Foral. No se puede hacer eso. Estaba tan aturdido y preocupado por el tobillo que yo lo que quería era que me operaran”.

En este sentido, los abogados defensores insistieron en que las ruedas de reconocimiento pudieron ser inducidas. Los agredidos manifestaron que no recordaban exactamente a quién, cuándo y cómo lo reconocieron, y si la participación que a cada uno atribuían fue descrita o no en el atestado, pero que en caso de duda “se remitían a lo que habían firmado en el acta”.

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