sigue pedaleando a sus 83 años

Angel Bilbao, siete décadas sobre la bici

ÁNGEL Bilbao ‘Gorritxu’ fue ciclista profesional en la década de los 50 y aún sigue dando pedales

Este sábado recibirá un homenaje en Urduliz durante la celebración del campeonato ciclista

Carlos Zárate - Miércoles, 18 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Ángel Bilbao, más conocido como ‘Gorritxu’, sigue pedaleando cada semana a sus 83 años, desde su caserío situado entre Urduliz y Plentzia hasta Gernika.Foto: Carlos Zárate

Ángel Bilbao, más conocido como ‘Gorritxu’, sigue pedaleando cada semana a sus 83 años, desde su caserío situado entre Urduliz y Plentzia hasta Gernika.Foto: Carlos Zárate

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Ángel Bilbao, más conocido como ‘Gorritxu’, sigue pedaleando cada semana a sus 83 años, desde su caserío situado entre Urduliz y Plentzia hasta Gernika.Foto: Carlos Zárate

URDULIZ- “Por Ángel Bilbao no me conoce nadie, pero si dices Gorritxu… es diferente”. A sus 83 años, Gorritxu (Plentzia, 1934) -apodado así por sus coloradas mejillas desde niño-, es un ciclista veterano curtido en el asfalto de miles de carreteras, pero que se muestra nervioso y emocionado por el homenaje que le va a brindar el sábado el pueblo de Urduliz. Un tributo organizado por la asociación de jubilados Beti Lagunak, con la colaboración del Ayuntamiento de Urduliz, que tendrá lugar a partir de las diez de la mañana durante el campeonato ciclista contrarreloj por equipos que se disputa en la localidad. “Me está costando dormir esta semana. No me esperaba algo así. Es muy bonito que se acuerden de uno”, señala.

Tras siete décadas sobre la bicicleta, incluyendo una etapa como profesional en la década de los 50, todavía se mantiene activo y sale de ruta “cada dos o tres días” con su flamante Orbea, regalo de su amigo Miguel Madariaga. “Si hubiese tenido esta bicicleta en su día… Antes pesaban el doble”, lamenta. Desde su caserío Bidegane, situado en Plentzia aunque en la muga con Urduliz, se enfunda el maillot de la Fundación Euskadi y enfila la carretera dirección Muxika. “Suelo hacer unos 50 kilómetros”, indica. Hombre tenaz y persistente, ejemplo de envejecimiento activo, ni los reveses de la vida, ni las caídas han podido minar una voluntad inquebrantable. “Hace un tiempo me dio un infarto y mi mujer le dijo al médico a ver si tenía que dejar la bicicleta. Le contestó que no, que tenía que seguir andando y yo encantado. Me canso más trabajando en el caserío que sobre la bici”, destaca. Su pasión por el ciclismo comenzó a muy temprana edad y con apenas veinte años empezó a despuntar como ciclista amateur. “En 1953 gané muchas carreras por diferentes pueblos de Uribe Kosta. Antes había muchas y muy buenas por aquí: Maruri, Mungia, Plentzia, Urduliz- Elortza, Muxika, Zalla, Balmaseda, Nabarniz… entre otras”, señala. Pero, sin duda, uno de sus mayores logros llegó poco después. “En una temporada gané 19 carreras de 22 disputadas, incluyendo el campeonato de Bizkaia”, recuerda. Un éxito que le abrió las puertas del campeonato estatal de par en par. Sin embargo, todo se truncó por asuntos políticos. “No me llevaron al campeonato porque no era del Frente de Juventudes de Falange. Fue una pena porque estaba en un gran momento de forma”, lamenta. Asimismo, la desgracia se cebó con él más adelante al no poder acudir de nuevo al campeonato estatal, esta vez por motivos familiares. “Mi madre había fallecido y no pude ir porque tenía que cuidar del caserío y de mi padre. Entonces, me retiraron el maillot”, indica. En su primera carrera como profesional, en Ugao-Miraballes, quedó segundo por detrás de Fausto Iza. “Recuerdo que decía a sus compañeros: Cuidado con ese Gorritxu, que sube mucho”, apunta. Escalador duro y sacrificado, a partir de entonces se empezó a batir el cobre con deportistas de la talla de Agustin Zuazua Ligero, Tomás Ariño, Roberto y Jesús Morales, Fausto Iza, Antonio Ferraz, Galdeano, Jesús Loroño, de quien fue gregario en el equipo Majestad, e incluso con el gran Bahamontes. “Es el ciclista que más me ha gustado”, subraya.

De todos sus triunfos, recuerda con especial cariño aquella vez en la que le premiaron con 100 pesetas -“que era dinero entonces”, matiza-, por hacer una gran carrera en Bermeo. Precisamente, del Sollube guarda algún que otro recuerdo en forma de magulladura. Pero, sin duda, uno de los mayores golpes se lo llevó en Sopela. “Fue contra un coche y di la vuelta por encima. Estaba entrenando una contrarreloj y me atropellaron”, recuerda. Por suerte, pudo salir de aquellas malas experiencias e, incluso, una vez retirado compitió como veterano. Así, a lo largo de su trayectoria ha vestido los maillots de Majestad, Beyena, Excavación E. Gómez o Centuri, en veteranos, entre otros. Ahora, con la misma ilusión con la ascendía un puerto tras otro, recibirá el reconocimiento de sus amigos y vecinos en una gran fiesta ciclista que culminará con una comida de confraternización.

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