El amigo de Burgos

El Bilbao Basket agradece el triunfo de los castellanos en la cancha del Betis Energía Plus, que le evita males mayores

Un reportaje de Roberto Calvo - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Homenaje para Álex Mumbrú. Foto: ACB Photo

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LOS brotes negros de ilusión que aparecieron en el Bilbao Basket tras el triunfo ante el Herbalife Gran Canaria apenas cuatro días atrás se tornaron negros de pesimismo después de la incalificable derrota de ayer en Badalona. Por eso, como los argumentos para hablar del equipo bilbaino se han agotado de puro repetitivos, es mejor hablar del San Pablo Burgos. La comparación es odiosa y, en este caso, duele. El equipo castellano se convirtió ayer y, lo seguirá siendo en las próximas jornadas, en el mejor aliado de los hombres de negro. Como esos admirables gregarios que tiran de sus compañeros, aunque estos hayan entrado en una pájara enorme como la que arrastra el Bilbao Basket desde hace muchas jornadas. En concreto, desde la novena, justo antes de recibir al Burgos en Miribilla. Aquellos barros de noviembre han traído estos lodos de ahora y el conjunto vizcaino sigue paralizado, incapaz de dar continuidad a los escasos momentos brillantes que ha tenido en el curso.

Antes de aquel partido de la décima jornada, el Bilbao Basket decidió cambiar de entrenador con tres victorias en su casillero. El San Pablo Burgos solo había ganado un partido y su entrenador estaba cuestionado, probablemente más fuera que dentro del club. Diego Epifanio mantuvo su puesto y, 19 partidos después, su equipo está muy cerca de asegurar la permanencia ya que ha sumado nueve triunfos más. Los de la ciudad del Cid han ganado en Zaragoza, Bilbao, Badalona y Sevilla, es decir, las canchas de los equipos que tiene por debajo. Si se le suma otro triunfo ante el Real Betis, da que la mitad de sus victorias las ha conseguido contra sus rivales directos. 100% de efectividad del recién ascendido que, curiosamente, es el único de estos cinco clubes que mantiene a su entrenador.

El equipo burgalés se acerca a la salvación convertido en un buen aliado para los ‘hombres de negro’ en la lucha por la supervivencia

En Burgos no se pusieron nerviosos cuando el calendario inicial les puso delante derrotas casi inevitables ante enemigos de rango Euroliga, han sido siempre conscientes de su realidad y ahora están recogiendo los frutos de su paciencia y buen hacer. Los de Diego Epifanio tienen que jugar la semana que viene contra el Divina Seguros Joventut, dentro de tres contra el Tecnyconta Zaragoza y en la última jornada contra el Bilbao Basket por lo que aún pueden erigirse en jueces del descenso. Una pelea que los de Miribilla se empeñan en no abandonar. Resulta imposible cuando en sus dos últimas salidas ante rivales directos ha perdido por 20 y 28, respectivamente, ha entregado el average particular y no ha podido superar siquiera los 61 puntos a favor. Con estas cifras, ser optimista cuesta mucho, pero habrá muchos aficionados del Bilbao Basket que firmarán ahora mismo llegar al último partido en Burgos con opciones de salvarse. Hace unos meses se temía que a ese partido llegarán los dos equipos necesitados, pero los locales, seguramente, llegarán totalmente libres de apuros porque se lo están ganando.

SIN RECURSOS Desde aquel día de noviembre, el San Pablo Burgos, el único club de los dieciocho que nunca había estado en la Liga Endesa y dirigido por un entrenador que también debutaba en la competición, ha ido mejorando poco a poco porque ha acertado en la toma de decisiones. El Bilbao Basket ha sido todo lo contrario: ahora mismo es peor que hace cinco meses. Hasta tal punto que jugadores llegados, en teoría, para que el equipo mejorara “un 10%”, según el propio entrenador, ya solo salen a la cancha lo imprescindible y no suele ser mucho por sus evidentes carencias técnicas y tácticas. La decisión de volver a colocar a Álex Mumbrú como tres ha durado nada porque el resto de las piezas no encajan y, así, la imagen del equipo fuera de casa no es más que la consecuencia de esta falta de recursos, que convierte una desventaja de diez puntos en una derrota segura. Si alguna de las piezas principales falla no hay manera de que el equipo no se resienta y tampoco desde el banquillo se encuentran soluciones, más allá de defensas en zona primitivas que solo subrayan la debilidad.

En casa aún el apoyo de la gente ayuda a compensar, como ocurrió ante el Gran Canaria, a base de elevar la intensidad, pero en los duelos como visitante Veljko Mrsic y sus jugadores vagan como almas en pena desde finales de octubre. Así que de nuevo habrá esta semana apelaciones a Miribilla, al entorno, para seguir empujando. El problema para el Bilbao Basket es que, quizás, con lo de casa no sea suficiente.

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