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El alcalde que tras votar a Aguirre lo perdió todo

El 14 de abril de 1931 Ondarroa eligió regidor a José Maria Solabarrieta, que sufrió usurpación de bienes y el exilio

Un reportaje de Iban Gorriti - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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Solabarrieta, alcalde de Ondarroa en 1931.

Solabarrieta, alcalde de Ondarroa en 1931. (Foto: Familia Solabarrieta)

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  • Solabarrieta, alcalde de Ondarroa en 1931.
  • Caja de Ahorros Vizcaina: carta.
  • Misiva dirigida a Solabarrieta.

EL7 de octubre de 1936 se constituyó en la Casa de Juntas de Gernika el primer Gobierno vasco, presidido por el lehendakari José Antonio Aguirre. Aquella mañana mil alcaldes y concejales eligieron al presidente del Gobierno Provisional de Euzkadi. Un regidor de aquel millar, José María Solabarrieta, acudió a votar a Aguirre y ya no pudo volver a su hogar. “Acabó en el exilio por el delito de ser nacionalista y de haber ido a Gernika a votar al primer lehendakari”, detalla María Esther Solabarrieta, nieta del histórico jeltzale, quizás la única persona que aquel 7 de octubre tuvo al lado de Aguirre a sus dos abuelos: el ya citado Solabarrieta, y el consejero Santiago Aznar.

“Ellos resumen lo que fue aquella primera parte del siglo XX. Socialista, el de ama. Nacionalista, el de aita. Consejero de Industria de Aguirre, Santiago Aznar. Alcalde de Ondarroa, Jose María Solabarrieta”, diferencia días antes de que se presente La obediencia vasca: Santiago Aznar y aquella comida en Guéthary (1940), libro escrito por su marido, Iñaki Anasagasti.

Solabarrieta nació en 1884 en Ondarroa. Fue hijo único enviado a Gasteiz a aprender confitería. “Jamás pensó cuando subía por Urkiola que su destino no sería la pastelería, sino la política, la pesca y dirigir una localidad como Ondarroa en aquellos tiempos de república, y el Centro Vasco de Caracas tras la Guerra Mundial”, resume su nieta, que ejerció como ex diputada de Medio Ambiente.

Solabarrieta se casó con María Urresti. Tuvieron niñas gemelas. En el parto murió una de ellas y la madre. Viudo, se casó con una hermana de la fallecida, Ezekiela. Tuvieron cuatro hijos. José tenía barcos pesqueros y un astillero. También trabajaron con carbón. “Fueron los que introdujeron el arrastre, tuvieron el primer teléfono y un toldo en la playa”, agrega Esther.

afiliación jeltzaleOndarroa tenía entonces 5.232 habitantes. A Solabarrieta le gustaba dirigir equipos humanos, vestía sombrero aunque en Ondarroa usara su inveterada txapela. Se afilió al PNV con el fin de la dictadura de Primo de Rivera en 1930. “Un día se levantó de una reunión donde habían proclamado concejales a los mayores contribuyentes locales. Al retirarse del salón, le siguieron otros”.

El 14 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales democráticas. Encabezó la candidatura jeltzale frente a tradicionalistas. Ganó el día que Alfonso XIII renunció al trono y llegó la República. Tenía 52 años. En 1932 logró aprobar el proyecto de un puerto interior en la dársena. “Resultó un salto revolucionario que permitió a Ondarroa pasar de un pequeño puerto a ser referencia en el Golfo de Bizkaia”, valora su nieta.

Pero el proyecto necesitaba ser financiado. Aquel año, no había ni Diputación ni Gobierno vasco ni amigos en Madrid por lo que aguzó el ingenio. Gracias al líder socialista Indalecio Prieto y a otras autoridades lo consiguieron. Markos Gabika reivindicó para ellos, para los Solabarrieta, Prieto, Mancisidor, Bakeriza y Beristain alguna placa o monumento en Ondarroa. No se hizo. Estalló la Guerra Civil y Solabarrieta creó el Comité de Defensa local, y el histórico 7 de octubre fue a Gernika a dar su voto a Aguirre para ser elegido lehendakari. Mientras tanto en Ondarroa Juan Bautista Beitia se reunía para constituir un nuevo ayuntamiento: el franquista. Aquel robo iba a durar 43 años.

comienzo de la depuraciónLa casa del alcalde fue saqueada. Su zapatería, desvalijada;su fábrica de conservas, ocupada;su tienda y su Banco, desbaratado;sus acciones y participaciones en los pesqueros y astilleros, bloqueados. “Se quedó con el cielo arriba y la tierra abajo. Como muchos”. Su mujer debió dejar el pueblo por el monte. Fueron a Bilbao, donde tenían un despacho en la Gran Vía en las casas de Sota, donde estaba el Gobierno vasco y el PNV. Vivió en Atxuri y Portugalete. La familia se exilió en un barco pero el alcalde se quedó en Bizkaia. Al mes, Solabarrieta llegó a La Rochelle. Hasta 1940 mantuvo relación con sus ciudadanos, preocupándose de su situación, de los barcos, de cobrar algunas deudas en Italia, de pasear y de ir a misa. El Gobierno vasco les daba cinco francos al día que “no alcanzaban para nada, pero había tanta gente en aquella situación que no se quejaba”. Envió a sus hijos a Bélgica.

Como no tenía dinero para hacer un viaje intercontinental para seis personas, reclamó su dinero a la Caja de Ahorros, pero se lo negaron. Desde París, el Gobierno vasco le consiguió 2.000 francos. Viajaron a Venezuela en tercera clase desde Marsella junto al cartelista del nacionalismo Nik-Kintana. El 24 de junio de 1940, día de la batalla de Carabobo que selló la Independencia de Venezuela, arribaron al país. Se afincaron en Cumaná, a 700 kilómetros de Caracas. “Con la familia encauzada y en posición económica desahogada, el virus de la política continuaba”, sonríe. El Centro Vasco de Caracas se había fundado en 1942, día de Aberri Eguna. Solabarrieta fue su presidente y en los actos públicos hablaba en euskera.

retorno a ondarroaRegresó a Ondarroa habiendo recibido del consulado español toda clase de garantías de que no le sucedería nada. Los franquistas le picaron el pasaporte para que no volviera a salir. Su llegada al pueblo fue un acontecimiento. Había vuelto el alcalde legítimo y democrático. “El contraste era evidente y muy molesto para el alcalde Aguirre puesto por el Gobernador civil”, matizan.

Logró volver a Venezuela y con el tiempo a su pueblo de Ondarroa, ya para siempre. El 25 de abril de 1957 falleció en el pueblo que le había visto nacer. “El funeral -valora su nieta María Esther- fue todo un plebiscito de dolor y homenaje hacia el alcalde democrático. Scola, el conservero, comentó: “Ha muerto el mejor hombre de Ondarroa”. Todavía faltaban 22 años para que los ondarrutarras volvieran a elegir otro alcalde democrático, Félix Aranbarri, en 1979.

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