De paseo con... Román Deusto, ‘Faneca’

“El Puerto Viejo bullía con la venta de pescado”

Una entrevista de M. Hernández Fotografía de Juan Lazkano - Sábado, 14 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Román Deusto, ‘Faneca’Román Deusto, ‘Faneca’

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Román Deusto, ‘Faneca’Román Deusto, ‘Faneca’

Getxo- “Juanita, Rosario, la de los caramelos, Felisa, Enrique, Isabel... El bar de Benita, el de Ángel... La tienda de Matías y la de Julián...”. Román Deusto, que para todos en el Puerto Viejo de Algorta es Faneca, se acuerda perfectamente de las estampas pretéritas y de las gentes de este enclave de Getxo que, de alguna manera, sigue desafiando al paso de las hojas del calendario. Con este vecino “de toda la vida” que fue pescador durante 25 años, DEIA viaja en el tiempo del Puerto Viejo, desde su plaza, y mirando al mar.

¿Cómo era el Puerto Viejo cuando usted era niño?

-Muy diferente. Antes había mucha más vida. Aquí, en la plaza, había un mercado;los cinco o seis botes que andaban en la mar volvían con el pescado y se vendía aquí. Yo he vendido aquí. También llevaba a Mercabilbao y a la lonja de Castro. Luego todo eso se fue muriendo...

¿Cómo era ese mercado?

-En el verano se vendía lo que los pescadores traían, que era de todo. Esa (señala una de las viviendas junto a las escaleras del Puerto) era la casa de un pescador que vivía de jibiones, vivía, entre comillas. Pero, bueno sí, para lo que él gastaba, vivía solo de los jibiones que vendía luego su mujer. Se ponían las bañeras y se limpiaban docenas y docenas de jibiones, igual un fin de semana se limpiaban quinientos o mil. Los pescadores de los botes le vendían a ella y ella se encargaba de venderlos por Neguri. La plaza bullía con la venta del pescado. Las mujeres chillaban, como las sardineras de Santurce. Ellas gritaban y, gente de todo el pueblo bajaba a comprar. Se vendía muchísimo pescado todo el verano. Casi todas las familias tenían un botecito.

¿Y en invierno?

-Se pescaba mucho marisco. Además aquí mismo, ahí delante. Quisquillón, nécoras... Incluso con muy malos temporales, el marisco se pesca así. Cuando yo empecé estaríamos diez o doce pescando, del Puerto Viejo solo era yo. Otros eran de Santurce, de Portugalete... Hoy en día seguimos siendo amigos, o enemigos, a veces... (risas).

¿Cuánto podía valer entonces una merluza o una lubina?

-No recuerdo bien... El pescado siempre ha sido caro, pero no se cobraba mucho más que en la pescadería y era con la garantía para el comprador de que era fresco. Yo he estado vendiendo hasta hace siete u ocho años. Los mercados se fueron al traste con las prohibiciones de la venta ambulante. Se tenían que haber protegido estas actividades artesanales.

A usted le duele especialmente...

-Yo empecé a trabajar a los 17 años de delineante en Sener porque mi padre era marinero del dueño de la empresa. Estudiaba para aparejador y trabajaba allí, pero con 28 años lo dejé, me hice un barco de pesca, que se llamaba Txoritxu, y me lancé a la mar. Estoy un poco loco: dejé un trabajo en tierra y me metí en el agua, aunque ya con 14 años andaba pescando. La mar es una vida más que dura, ingrata.

La gente residía, compraba en el Puerto, tomaba txikitos... Vamos, se hacía toda la vida entre estas callejuelas.

-Sí, aquí se vivía en todos los sentidos. La gente compraba en las tiendas que había aquí, ahora ya no hay ninguna, solo bares y restaurantes. Y ahí en esa casa (indica otra que está del lado de las escaleras), José Andrés cortaba el pelo, luego ahí atrás lo hacía Joserra. Esto era un pueblito. Todavía hoy decimos que somos república independiente.

El Etxetxu es un sitio muy característico...

-Cuando éramos chavales, los domingos igual nos juntábamos desde las nueve o diez de la mañana, veinte o treinta hombres. Ahí se jugaba dinero (risas). Y otros hablaban de fútbol, de la mar... Y ya cuando eran las doce y media o la una, pues íbamos a tomar txikitos.

Ahora, se va notando el paso del tiempo...

-Hay que cuidar esto. Pero hay que buscar un punto lógico en el caso de las casas. Una cosa es mantener la estructura y otra es que no nos dejen poner unas ventanas como las que hay hoy en día, es decir, que tenemos que tenerlas sin aislamiento. No nos pueden pedir las ventanas de antes, que entra todo el frío, el viento... Hay que conservar las casas pero actualizarlas.

Vecino y expescador del Puerto Viejo de Algorta

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