bilbao basket 92-78 gran canaria

Brotes negros en Miribilla

Cinco años después de la final de Charleroi, el Bilbao Basket hace su mejor partido de la temporada cuando más lo necesitaba y regresa a sus virtudes del pasado para encontrar el camino hacia un futuro más tranquilo

Un reportaje de Roberto Calvo - Jueves, 12 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Javi Salgado saluda al acabar el partido a Iago Herrerín, que presenció el partido a pie de pista.VER GALERÍA

Javi Salgado saluda al acabar el partido a Iago Herrerín, que presenció el partido a pie de pista. (Foto: J.M.M.)

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Javi Salgado saluda al acabar el partido a Iago Herrerín, que presenció el partido a pie de pista.

Galería[Fotos:] El triunfo de una familia unida

  • David, Josu y Jon. "El equipo necesita ganar un partido antes y romper la mala dinámica que lleva"
  • David, Olvido y Javi. "Este partido contra el gran Canaria y el del Jovnetud de este domingo son la clave para lograr la salvación"
  • Xabi, Mikel y Jokin. "Lo que le pasa al equipo este años es una cuestión de falta de confianza, no ha tenido continuidad"
  • Jose e Iñigo Goñi. "Hay que ganar los partidos de casa y el de Badalona;estaremos hasta el final con este equipo"
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
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  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Triunfo vital del Bilbao Basket en la lucha por la salvación. Fotos: José M. Martínez
  • Javi Salgado saluda al acabar el partido a Iago Herrerín, que presenció el partido a pie de pista.
  • Lucio Redivo penetra a canasta para anotar pese a la intimidación de Ondrej Balvin. Reportaje fotográfico: José Mari Martínez
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HOY hace cinco años el Bilbao Basket jugó en Charleroi un partido que quizás pudo haber cambiado su historia. 2.000 personas le acompañaron en la final de la Eurocup cuando sobre el club ya atravesaba una situación económica muy complicada que estalló solo unos meses después. Un lustro después de aquel día que nació cargado de ilusión y acabó entre lágrimas e incertidumbre, el Bilbao Basket juega partidos de otro rango, pero igual de importantes para su supervivencia, como el de ayer ante el Gran Canaria ante 8.000 espectadores que asisten con preocupación al delicado momento que atraviesa la entidad. Porque ya no es que la parte del dinero haya mostrado visos de mejoría en estos años, sino que el nivel deportivo, quizás como una consecuencia lógica, ha caído bruscamente y provoca inquietud, mucha.

Aquel era un equipo que superaba de sobra el 50% de victorias y era un fijo en la lucha por el play-off en la Liga Endesa. Pero también vivía por encima de sus posibilidades y los tiempos de excesos han dejado una dura resaca. Solo una de las últimas cinco temporadas ha visto al equipo entre los ocho primeros y sus salidas por Europa han resultado más frustrantes que otra cosa. El Lokomotiv Kuban, rival de aquella final, pelea estos días por el mismo título ante el Darussafaka, lo que deja clara la importancia que la economía tiene en el deporte profesional en pleno siglo XXI.

Los rusos siguen muchos peldaños por encima, probablemente ya lo estaban también hace cinco años, aunque aquel día la cancha podía igualar a todos. Pero el tiempo ha corrido y, de hecho, el Bilbao Basket es uno de los pocos equipos que habiendo jugado competiciones europeas habita en los puestos bajos de su competición doméstica. El club ya no es un outsider, un aspirante dentro de la Liga Endesa, y ahora debe aprender de nuevo a sufrir, como en sus primeros años en la élite, y regresar al territorio de los modestos para, si se puede, aspirar a algo mejor en un futuro más o menos cercano.

Por eso, ayer se vieron brotes verdes que parecieron negros en Miribilla, del negro que provocó la comunión entre el equipo y su afición, como aquel día en que el Bilbao Basket peleó por el primer título de su historia en una ciudad que por cualquier otra cosa no pasaría a los anales. Ahora los títulos son otros, realmente los hombres de negro llevan jugando finales unas cuantas jornadas, mucho más trascendentes que aquella de Charleroi, y aún les quedan siete más porque nada está conseguido aún. Ante el Gran Canaria todos entendieron que esto es lo que toca ahora y que esto es mejor que nada. El ambiente que se vivió ayer en el pabellón recordó a aquellos tiempos en que cada victoria costaba sangre, sudor y, después, lágrimas de alegría y gritos de alivio.

reconstruir desde algo Al Bilbao Basket, como ocurre con muchas franquicias en la NBA, le toca emprender una reconstrucción y partidos como el de ayer sirven para que no haya que hacerlo desde la nada. Era una jornada en la que ya no se podía dejar pasar más oportunidades, era un día para marcar el territorio, para que todos los mensajes, todas las arengas, todas las promesas, quedaran reflejadas en hechos. Los titulares del día apuntaron a Lucio Redivo, al gran final de partido de Pere Tomás, pero si hay alguien que define este camino que de nuevo tiene que emprender el Bilbao Basket es Javi Salgado. Hace nueve años tuvo que dejar el equipo porque casi nadie creía en él. Desde luego, no quien mandaba en el club, no quien dirigía al equipo y muy pocos en la grada.

El de Santutxu se perdió, muy a su pesar, aquella final de Charleroi y la de la Liga ACB de dos años antes, pero ahora que el Bilbao Basket vuelve a sentir el agua al cuello, que vuelve a ser un equipo humilde y necesitado de poner los pies en el suelo para iniciar una nueva senda, Salgado, sin hacer ruido ni reclamar más de lo que le pueda corresponder, ha vuelto a hacerse necesario, a ofrecer siempre esa cara amable y juiciosa que se necesita para aunar voluntades cuando no puede hacerse siempre desde el triunfo y el éxito. El base bilbaino conoce este trayecto, donde están los obstáculos y que hay que hacer para superarlos. Si todos le hacen caso, el Bilbao Basket llegará a su destino en esta temporada que ha planteado nuevos desafíos lejos del oropel y los lujos y se hará justicia.

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