Un jeroglífico imposible de descifrar

el bilbao basket sigue sin mostrar una propuesta táctica clara y la mayoría de los jugadores parecen perdidos

Un reportaje de Roberto Calvo - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

HAN pasado 26 partidos de temporada en la Liga Endesa, más otros diez de la Eurocup, y el Bilbao Basket no sabe a qué quiere jugar con la plantilla que tiene. Se supone que quiere, pero no puede porque no tiene claro cuál es su plan, sus fortalezas y sus debilidades, y así se ha convertido en un rival blando, vulnerable y que se viene abajo con más facilidad que un castillo de naipes. Su imagen es lastimosa y aún así sigue una jornada más fuera de los puestos de descenso por la derrota en casa del Real Betis. Las oportunidades de asegurar la permanencia siguen pasando, pero resulta complicado encontrar argumentos en la cancha para confiar en que lo puede conseguir. Y es que todo resulta muy confuso.

Veljko Mrsic no ha conseguido dar al equipo la solidez esperada ni una idea de juego que resulte reconocible. El croata toca teclas, pero de forma desacompasada y la música suena horrible. Nikola Rebic, llegado para sustituir a Ricardo Fischer porque el técnico no se fiaba del brasileño, ayer ni jugó y eso que fue petición expresa de Mrsic. Mickael Gladness, al que en teoría le adornan virtudes defensivas, no pasó de diez minutos de juego por segunda semana consecutiva. Al técnico no le gusta, pero tampoco sabe sacarle rendimiento ni en defensa ni en ataque. Devin Thomas, que empezó muy bien ante el Estudiantes, desapareció porque cometió cinco faltas a cual más absurda y tampoco pasó de diez minutos. Jonathan Tabu jugó muchos minutos de escolta y ejerció de anotador sin éxito, Mumbrú se movió entre el tres y el cuatro sin que su buen partido sirviera para nada y Mrsic llegó a juntar al capitán y a Ben Bentil, irrelevante otro día más, como pareja interior. Entre Hammink y Tomás hicieron dos tiros a canasta en 36 minutos y Redivo no contó como opción después de su buena racha del primer cuarto. Y, al final, Salgado, al que el club no quería renovar en verano, volvió a ser titular para tratar de dar algo de orden a lo que ahora mismo es un galimatías, un jeroglífico imposible de descifrar y que amenaza con mandar al equipo a la Liga LEB.

El Estudiantes, conocido por su fruición a la hora de lanzar triples, rompió el frágil sistema de ayudas del Bilbao Basket y metió la mitad de sus puntos desde dentro de la zona para abrir rentas muy pronto, sin tener que forzar la máquina. Cuando un equipo no cierra los caminos a su aro, ni siquiera cuando defiende en una zona con ajustes muy pobres, y concede, además, dos canastas de tres más uno casi seguidas lo normal es que no gane porque significa que no tiene muy claras las cosas.

reacción tímida El Bilbao Basket, de nuevo, perdía por más de diez puntos sin haber pasado un cuarto y medio de juego y todo lo demás fue un ejercicio de impotencia. Mumbrú batalló contra todos y llevó a su equipo a ponerse a nueve puntos casi al final del último cuarto, incluso después de que el temido Landesberg entrara en trance. Redivo falló un triple liberado para poder colocarse a seis puntos con todo un cuarto por delante y los colegiales lo penalizaron con otro tirón que remató el partido y lo convirtió en un correcalles que solo sirvió para engordar el marcador de unos y otros, algo que, evidentemente, a los hombres de negro no les ayuda a cumplir el objetivo a estas alturas.

El miércoles hay otra posibilidad de avanzar en este agonía de temporada, pero los síntomas que emite el Bilbao Basket no permiten dejar de preocuparse y lo peor es que ya nadie sabe, tampoco dentro del vestuario y del club, cuál es el remedio para mejorar el aspecto del enfermo. Los tratamientos de choque no han surtido efecto, al contrario, y los recursos parecen agotados. Los veteranos nada van a conseguir si los demás no les acompañan y estos nada pueden aportar si no cambian su actitud a partir de que el grupo y el técnico les transmitan confianza. La tortura continúa y habrá que ver si el Bilbao Basket aguanta hasta el final de temporada y consigue salir vivo de lo que empieza a parecer una pesadilla.

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