26 de abril del año 1937

[FOTOS] Gernika se retrotrae al mercado previo al bombardeo

Vecinos de la villa representan la vida en la Guerra Civil en la antesala del 26 de abril de 1937

Izaskun Moyano - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Una ambulancia transportaba a los heridos que requerían atención urgente. Fotos: I. Moyano

Una ambulancia transportaba a los heridos que requerían atención urgente. Fotos: I. Moyano

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Una ambulancia transportaba a los heridos que requerían atención urgente. Fotos: I. MoyanoUn grupo de madres se despide de sus hijos, que se disponían a embarcar para escapar de la guerra.Era crucial mantener las comunicaciones con el frente.La labor de los medios de comunicación fue indispensable para difundir el ataque.Gudaris y enfermeras trabajan en un improvisado hospital.Bulliciosos puestos de mercado.Un grupo de madres se despide de sus hijos, que se disponían a embarcar para escapar de la guerra.
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Gernika-Lumo- Gernika realizó ayer un viaje en el tiempo 81 años atrás, a las jornadas previas a la aniquilación que trajo consigo el bombardeo del 26 de abril del año 1937. A la relativa calma que precedió a la tormenta que buscaba la destrucción total causando el mayor número posible de víctimas. El Museo de la Paz cumplió su 20 aniversario y para celebrarlo recreó lo que fue según el alcalde de la época José Labauria “el oasis de la retaguardia”, la última jornada de mercado antes de la tragedia.

La idea inicial era escenificarlo en la misma plaza de los Fueros donde está ubicado el museo junto con el ayuntamiento y la Casa de Cultura. Sin embargo, el sirimiri provocó que la gente se sumergiera en la vida de antaño transcurriendo las escenas bajo techo.

El mismo museo junto con las asociaciones de recreación e investigación Gernikazarra, Cinturón de Hierro, Frentes de Euzkadi y Lubabakoak se encargó de organizar las visitas guiadas tanto en euskera como en castellano. Durante media hora, los asistentes tuvieron la oportunidad de vivir el día a día de aquella primavera que Gernika no ha olvidado ocho décadas después. Con la ayuda de una narradora, varios grupos han observado las escenas que parecían fotografías de la época escuchando diferentes historias por boca de sus protagonistas, cuyas vidas se rompieron en mil pedazos por culpa de la tragedia que conmovió al mundo en plena Guerra Civil.

Seis escenasEn el primero de los seis espacios se escenificó un puesto de la Ertzaña -así se denominaba en aquellos años al cuerpo de policía vasca-. Al constituirse el Gobierno vasco, el primer lehendakari Jose Antonio Agirre, a quien le tocó gestionar los aciagos tiempos de la contienda, decidió que el pueblo necesitaba un cuerpo de seguridad, germen de la actual Ertzaintza. Tomando a los visitantes como si de refugiados procedentes de Gipuzkoa se tratara, un par de agentes identificaron a varios cuantos antes de permitirles el paso al siguiente escenario para proseguir su periplo.

Dos gudaris trajeron en camilla a un herido en el frente de Gipuzkoa corriendo desde el hospital de campaña recreado con total fidelidad. Llenó la escena hasta una ambulancia. Inmediatamente, el médico y las enfermeras colocarle una venda en la cabeza al herido. “Siempre piensas que es tu marido, hijo, hermano… Era la angustia constante con la que se vivía en aquellos años”, comentaba la narradora. Como los centros sanitarios de Karmele Deuna y Joseba Deuna quedaban lejos, el Gobierno vasco mandó instalar unos cuantos establecimientos improvisados que facilitaran los traslados.

Los conmovidos espectadores se movieron entonces al tercer puesto, de la representación, donde se reprodujo un conocido bar de la época: el Garratza. Nada mas entrar al establecimiento el sacerdote, Don Eusebio Arronategi, procedió a impartir la bendición a todos allí presentes. Incluso en los duros tiempos de la guerra los vecinos buscaban un hueco para intentar desconectar de la realidad que les rodeaba y el sector hostelero les procuraba ese respiro donde reinaba el buen ambiente. Según contaron en la dramatización, el peso de la gestión del negocio recaía sobre las mujeres, ausentes la mayoría de sus padres, maridos, hermanos o hijos luchando en el frente bélico. Solo servían vino de marca, mientras los vecinos se sentaban a charlar en los bancos corridos. “Mi padre presenció la guerra desde Lumo, por lo tanto, es un honor para mí poder tomar parte en esta recreación”, afirmó el voluntario gernikarra que dio vida al tabernero.

A medida que las tropas se iban acercando, se aproximaban a Gernika alrededor de 2.650 exiliados guipuzcoanos. Por consiguiente, el Ayuntamiento optó por ofrecer un servicio de asistencia social a los dirigido por el Gobierno vasco. Entre otras cosas, ofrecían hogares a los refugiados y examinaban a los niños para enviarlos al extranjero deseando salvarles de la guerra. Lejos estaban de imaginar que otra se avecinaba entre 1939 y 1945 esta vez a escala internacional. Las madres llevaban a sus hijos a pesar y medir antes de embarcarlos. “Una de las situaciones más difíciles, ya que en muchos casos los padres dijeron agur para siempre a sus hijos”, añadió una componente del grupo de teatro del municipio que en este caso, se metió en la piel de una de aquellas angustiadas madres.

Prendas de épocaEn el quinto escenario reinaban los cánticos y gritos. Los visitantes se encontraban en el bullicioso mercado. Gernika era conocido por su floreciente mercado de todos los lunes, y por su potente comercio. Tanto los vecinos de la localidad como los de los municipios limítrofes, acudían a hacer la compra semanal bajo el curioso método del regateo. “He conseguido hacerme con una docena de huevos al precio que yo quería”, afirmó contenta una gernikarra, que llevaba un vestido de más de 40 años que pertenecía a su madre. Cabe recordar que también era día de mercado el 26 de abril de 1937 cuando las bombas sembraron el pánico. A los vecinos y refugiados había que sumar a quienes habían acudido a esta cita con el agro a comprar o vender productos del campo.

De camino a los refugios hallamos al hombre más importante de la localidad en aquella época, el alcalde José de Labauria junto a su mujer, Delfina Irazabal. Esta última calzaba los zapatos que su abuela llevó a Madrid para trabajar de niñera. “Se fue nada más nacer mi madre, por lo tanto, se puede afirmar que estos zapatos tienen unos 94 años. Son toda una reliquia”, comentaba orgullosa quien ayer interpretó a la primera dama de Gernika.

Y por último, los visitantes arribaron al sexto y último escenario del recorrido: los refugios. Después de los bombardeos de Bilbao y Otxandio el Gobierno vasco instó a los ayuntamientos a acelerar la construcción de estos espacios para que la población pudiera cobijarse durante los ataques aéreos. En Gernika se construyeron cinco públicos, con la capacidad para 3.500 personas y otros privados. Estaban ubicados en zonas como la lonja de la casa consistorial o en la fábrica de Astra.

Sobrecogidos y boquiabiertos con los atuendos, herramientas o vehículos antiguos allí presentes para transportarles 81 años atrás, los visitantes llegados de localidades de Euskadi, Burgos o incluso Francia disfrutaron deltourofrecido por el Museo de la Paz que persigue que no se olvide lo que sucedió antes, durante y después del ataque que es considerado un ensayo de los que habrían de venir en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial ni que la dictadura franquista trató de adjudicarlo al bando republicano obviando a sus aliados alemanes. Durante media hora los espectadores vivieron lo que los vecinos experimentaron. La retaguardia de aquel fatídico 26 de abril del 1937 que cambió para en el que el tiempo se paró para siempre en Gernika.

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