50 años del asesinato de Martin Luther King

Medio siglo, muchas batallas, paz a la vista

Mientras Francia vivía su mayo del 68, Estados Unidos tenía factores como la guerra de Vietnam y las tensiones raciales

Diana Negre. Washington - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Un disparo acabó con el padre de los derechos civiles en Estados Unidos el 4 de abril de 1968.

Un disparo acabó con el padre de los derechos civiles en Estados Unidos el 4 de abril de 1968. (AFP)

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Un disparo acabó con el padre de los derechos civiles en Estados Unidos el 4 de abril de 1968.

EN Europa conocen como El Mayo Francés la oleada de agitaciones, inestabilidad y protestas que sacudió primero a Francia y después a toda Europa en mayo de 1968 y aquí en Estados Unidos empezó algo antes: el 4 de abril se cumplieron cincuenta años del asesinato de Martin Luther King, la chispa que encendió protestas en todo el país que, de todas formas, solo necesitaba un pretexto para estallar.

A ambos lados del Atlántico el fenómeno tenía raíces comunes, aunque en Estados Unidos se añadían factores como la guerra de Vietnam y las tensiones raciales. Pero el denominador común, que era el cambio generacional y los horizontes que abrían las nuevas tecnologías, eran semejantes y produjeron efectos parecidos, como la caída del gobierno del general De Gaulle en Francia o del presidente Johnson, que renunció a presentarse a las elecciones siguientes. Muchos atribuyen la agitación europea a una serie de tensiones socio-económicas para las que la generación de la posguerra no estaba preparada después de largos años de crecimiento constante que no hacía pensar a nadie en apretarse el cinturón. Algo semejante pasaba aquí, aunque las tensiones raciales le daban una dimensión particular. Irónicamente, el malestar racial ocurría tras una serie de éxitos del entonces presidente Lyndon Johnson para conseguir la igualdad de derechos de los negros y acabar con la segregación racial, pero el presidente demócrata elegido en 1964 con más apoyo popular desde 1820 tuvo que tirar la toalla en las elecciones de 1969, que llevaron a Richard Nixon a la Casa Blanca.

Tras el asesinato de Luther King en Memphis, los negros de Washington se echaron a las calles a incendiar cuanto encontraban a su paso

Mientras en Francia los estudiantes gritaban “prohibido prohibir”, en Checoslovaquia intentaban inútilmente sacudirse el yugo soviético con la revolución de terciopelo;en Alemania, Rudi Dutschke soñaba con una sociedad alternativa a la que llegaría a través de la larga marcha a través de las instituciones. En Estados Unidos y Europa era la época de los hippiesy de la liberación sexual, posible en buena parte gracias a la píldora, con manifestaciones de jóvenes semidesnudos, especialmente en el gran festival de Woodstock, en el Estado de Nueva York, que al año siguiente reunió a más de 400.000 personas para escuchar las canciones de protesta de sus ídolos, aunque aquí no se trataba sólo de las estructuras sociales, sino también de la Guerra de Vietnam a la que tantos temían ser enviados.

‘paraíso negro’El momento más dramático ocurrió en Washington, conocida como el paraíso negro pues, a pesar de la discriminación racial, muchos conseguían empleo en el Gobierno federal y la ciudad contaba con una amplia clase media negra de funcionarios y comerciantes, hasta el punto de que la población blanca no llegaba ni al 30%. Poco después de saberse que Martin Luther King, el líder negro que luchaba por los derechos civiles, había sido asesinado en Memphis, los negros de Washington se echaron a las calles a incendiar cuanto encontraban a su paso. Los destrozos y el saqueo fueron tales que la ciudad quedó prácticamente sitiada por efectivos militares durante días y el humo ocultaba incluso el Capitolio, un gigantesco edificio blanco visible desde la mayor parte de la ciudad. Irónicamente, las casas y comercios de sus vecinos negros fueron los principales perjudicados, sus barrios fueron los más destrozados y algunos estuvieron en ruinas 30 años. Muchos comerciantes pintaban sobre sus puertas cerradas soul brother, para indicar que los propietarios eran negros, aunque en general les sirvió de poco. El saldo fue de trece muertos y 900 empresas destruidas. Las protestas duraron cuatro días pero los daños duraron mucho tiempo y las cicatrices de la ciudad sólo desaparecieron tras la bonanza económica de los últimos años. Pero la guerra civil que aquellas protestas representaban, los enfrentamientos entre las nuevas generaciones urbanas y los elementos tradicionales de la sociedad norteamericana, aún están por resolver.

Quienes protestaban entonces eran los baby boomers, la generación nacida en la posguerra, generalmente atraída a las ciudades, tan distante entonces como hoy de la población rural de las inmensas praderas y pequeñas ciudades. Las diferencias de valores y criterios fueron más evidentes que nunca en las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca, pero la victoria de este millonario neoyorkino que arrastra a la población pobre y rural no sólo no ha zanjado las divisiones, sino que ha enconado todavía más a los bandos opuestos. Hoy los baby boomers están jubilados, pero la generación de los millenials, que llegaron a la mayoría de edad en torno al nuevo milenio, ocupa los nuevos frentes y no hay indicios de que la gran capacidad de difusión de losmedios sociales e Internet sirva para facilitar el diálogo. Las generaciones se suceden y con ellas las protestas y las demandas por un mundo mejor y una sociedad nueva, pero a ninguna parecen ocurrírsele a tiempo fórmulas para afrontar el constante cambio.

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