MIRADAS AL HORIZONTE DE LA ESPERANZA

“Nuestro único objetivo es buscar una vida mejor”

DEIA charla con algunos de los cerca de setenta jóvenes albaneses que quieren embarcar ilegalmente desde el Puerto de Bilbao para llegar a diversos puntos del Reino Unido

Miguel Ángel Pardo - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El sueño de una vida más próspera de los jóvenes albaneses se dibuja en el horizonte que marca el Puerto de Bilbao. Fotos: Borja Guerrero

El sueño de una vida más próspera de los jóvenes albaneses se dibuja en el horizonte que marca el Puerto de Bilbao. (Borja Guerrero)

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El sueño de una vida más próspera de los jóvenes albaneses se dibuja en el horizonte que marca el Puerto de Bilbao. Fotos: Borja Guerrero

Santurtzi- Sus nombres son Ceti, Doni, Renato, Elson... Son personas de entre 18 y 35 años de origen albanés a los que la hoja de ruta de sus vidas les ha deparado una parada en Bizkaia. Una parada que esperan que sea lo más corta posible, puesto que su objetivo es meterse en un barco que les lleve desde el Puerto de Bilbao hasta el Reino Unido, para ellos la tierra prometida. El lugar en el que poder construir sus proyectos de vida dignos lejos de las “malas condiciones” que les ofrece Albania. Para ello, se cruzan toda Europa para embarcarse en un viaje incierto, lleno de incógnitas y de miedos que tiene en Bizkaia la antesala de la etapa final.

En ese punto se encuentra Ceti, quien, como otros compañeros de fatigas mira hacia el Puerto de Bilbao con atención y también con esperanza, con la esperanza de poder meterse en ese barco que le lleve al Reino Unido. “Nuestro único objetivo es buscar una vida mejor, una vida que en Albania no podemos lograr. En nuestro país hay muchísimo paro, los salarios son bajísimos y la vida es muy cara entre otros motivos. Ahora que somos jóvenes es cuando tenemos que intentar crear nuestro proyecto de vida en otra parte”, asegura este joven de 23 años que lleva tres meses entre Zierbena y Santurtzi intentando entrar a ese barco que le acerque a su objetivo vital. Una meta con la que lleva ocho meses soñando Doni, otro joven de 23 años que, además, en su caso, llegó a colarse en un barco, pero ya en el interior fue descubierto para, más tarde, ser trasladado al CIE de Aluche en Madrid. “Fue horroroso. Aquello es como una verdadera cárcel”, resume este joven en un castellano muy fluido. Doni es la imagen de lo que es el albanés, una persona casi emigrante por naturaleza que ya ha estado en Grecia, Italia, Alemania... Así lo demuestran los datos demográficos del país balcánico. Se estima que, en el mundo, hay cerca de siete millones de albaneses de los que tan solo tres residen en el país.

Doni, antes de iniciar este largo viaje, era camarero en Grecia, pero la crisis griega acabó con su puesto de trabajo y tuvo que reiniciar su vida. “Claro que nos da miedo emprender este viaje, claro que nos da miedo meternos en esos barcos, pero es que no tenemos otra opción para tratar de tener unas vidas dignas”, explica Doni, quien se ha visto sorprendido por la solidaridad de los vascos. “He estado en varios lugares, pero en ningún sitio la gente nos ha tratado tan bien como aquí. Personalmente estoy agradecidísimo y, si pudiera, me quedaría aquí, pero eso no es posible porque aquí tampoco hay trabajo, que es lo que necesito”, señala este joven que tocó con la yema de los dedos la opción de realizar ese viaje infiltrado en un buque. “Cuando te pillan, en lo único que piensas es en volver a intentarlo. Dudo mucho que vuelva a Albania, por mucho que me lo dice la familia, pero tengo que labrarme un futuro”, explica el joven.

Al igual que Doni, Renato también estuvo trabajando en Grecia, en su caso durante diez años y al igual que le ocurrió a Doni, la crisis del país heleno le dejó sin su sustento, sin su puesto de trabajo. Renato tiene 29 años, es de los más mayores de estas personas a las que no se les considera migrantes, sino personas en tránsito. “Estuve diez años en Grecia trabajando de albañil, pero eso se acabó y tengo que buscarme una forma de vida. Creo que en el Reino Unido puedo encontrarla porque allí hay trabajo y hay una comunidad albanesa muy importante”, remarca. El hecho de que en Reino Unido haya una nutrida comunidad albanesa es uno de los motivos por los que estas personas que, desde el pasado verano, han fijado sus miras, sus horizontes en las islas británicas. Precisamente, por las conexiones que el Puerto de Bilbao tiene con Reino Unido, Bizkaia -principalmente Zierbena- se ha convertido en polo de atracción para estas personas. “Aunque sabemos que, de por sí, es difícil, creemos que es más fácil poder llegar al Reino Unido desde aquí que desde otros lugares como Francia”, apunta Doni.

A su lado está Elson. Hace poco intentó meterse en uno de esos barcos que dibujan su esperanza, pero no logró zarpar infiltrado en la embarcación. “Lo voy a seguir intentando porque no queda otra”, remarca este joven que está por segunda vez en Bizkaia. “Vine por primera vez y estuve aquí cinco meses intentándolo. Finalmente, me volví a Albania, pero allí vi que no había ninguna opción de nada, así que decidí volver”, asegura Elson cuyo mayor anhelo es ver a su hermano pequeño que reside en Londres. “Aquí los días son duros y estresantes porque no sabes qué va a ser de ti. Cuando hablas con la familia les dices que estás bien para no preocuparles, pero la situación es bien diferente y hay muchos momentos de desánimo”, explica el joven.

Las otras carasEste drama humano tiene también otras caras además de los cerca de 70 jóvenes que, a día de hoy, están en Zierbena y pasan las tardes en Santurtzi a la espera de poder colarse en un buque. Hay otras caras como las de Amaia Iguaran e Ixone Fernández, dos de las personas que ayudan a los diversos grupos de albaneses. “Son personas cuyos derechos básicos se están pisoteando cada día. Tienen derecho a elegir su destino y no se está respetando”, apunta Ixone. Ella empezó a ofrecer su ayuda casi de forma casual. “Me paró un grupo de estos chicos por la calle para pedirme ayuda, recuerdo que iba a la farmacia. Viendo su situación, no pude negarme y se les ayuda en lo que se puede”, indica esta santurtziarra. En el caso de Amaia, forma parte de Ongi Etorri Errefuxiatuak Bizkaia. “Somos un gran grupo humano que les ofrecemos cenas, les animamos... Muchas veces, lo que más necesitan es alguien con quien hablar, que les escuche”, indica esta mujer que, además, trabaja en una ONG. En su trayectoria como cooperante, ha estado en diversos destinos, pero jamás había estado tan cerca de casa viendo un drama humano de este tipo. “Cuando acaba el día, me voy de Zierbena tan tocada como cuando he trabajado en Angola, Tanzania... Es muy triste e injusta la situación de estos chicos”, apunta Amaia. Ellas ven la dureza de la situación de los albaneses y también han sentido la alegría de ver cómo algunos han logrado su propósito de llegar al Reino Unido. “Se mantiene el contacto con ellos, personalmente, dentro de todo, la experiencia está siendo muy gratificante como ser humano”, amplía Amaia.

Los momentos más críticos se han vivido en los diferentes desmantelamientos por parte de la policía de los asentamientos de estas personas y noches como la del 27 al 28 de febrero en la que la nieve congeló Bizkaia. Por ejemplo, esa noche hubo un dispositivo formado por la red de colaboradores para tratar de que ninguna de estas personas durmiese al raso. Precisamente, tanto los desmantelamientos de los asentamientos como aquella nevada han sido también momentos duros para Leire Madrazo y su marido Ángel, propietarios de un terreno en Zierbena donde cuidan a su ganado. “Esto es una tragedia humana, es un problemón ante el que, por desgracia, estos chicos están muy solos”, explica Leire, quien ha visto cómo entraban a sus terrenos “más de 50 y 70 personas”. “Al principio, los chicos albaneses que vinieron fueron muy educados y nos pidieron a ver si podían quedarse en nuestro terreno y aceptamos. Cuando vimos que el terreno estaba sucio, les dijimos que esto no podía seguir así y limpiaron de inmediato”, asegura. Pero en otra de las oleadas de personas que se dirigieron a su terreno tras un desmantelamiento de los asentamientos por parte de la Policía, no fue así y los desechos se fueron acumulando, hasta el punto en el que Leire y su marido decidieron denunciar. “Se están vulnerando los derechos humanos de estas personas y, a consecuencia de ello, también se están vulnerando los nuestros. Estamos haciendo ética y jurídicamente lo que creemos que es más conveniente”, indica Leire. En la actualidad, en estos terrenos se acumulan cerca de 2.000 kilos de desechos y, los propietarios del mismo han tenido que pagar facturas de agua de hasta 600 euros a causa de que los migrantes utilizaban la manguera de su explotación para ducharse. “No se puede decir que sean unos delincuentes, ellos no tienen culpa de esta situación que están viviendo. Además, como nos ocurre con los autóctonos, hay gente mejor y gente peor”, explica Leire. Sobre los propietarios de este terreno recae un gran sentimiento de “responsabilidad” ante lo que pueda ocurrir en el interior de la propiedad. “El día de la nevada lo pasamos fatal. ¿Qué pasa si se muere alguien de frío allí? ¿De quién es la responsabilidad? Si pasa algo en mi terreno es mi responsabilidad. Ahora mismo, tenemos muchas obligaciones y ningún derecho”, manifiesta Leire. Por ello, para defender sus derechos, seguirá adelante con la vía judicial que ha emprendido. “Estamos pendientes de dar dos nuevos pasos en la vía jurídica, pero no vamos contra estas personas. Ellos se han metido donde buenamente han podido. Los pasos que de van a ser contra quienes son responsables de la situación de desprotección que viven estas personas”, anuncia Leire. “Estamos hablando de personas y su situación es urgente. Solo se reaccionará cuando pase algo”, añade la propietaria del terreno.

Hoy volverá a amanecer frente al Puerto de Bilbao y Doni, Ceti, Elson, Renato... Volverán a buscar su opción de viajar en barco al Reino Unido para tratar de hallar las oportunidades que su tierra natal, Albania, no les ofrece.



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