tiene 68 años

Protección social contra el desamparo

Maika Santana es una de las pensionistas bilbainas que salva su economía gracias a las Ayudas de Emergencia

Un reportaje de Ane Araluzea - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Maika vive sola en su piso en el centro de Bilbao.

Maika vive sola en su piso en el centro de Bilbao. (Foto: José Mari Martínez)

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Maika vive sola en su piso en el centro de Bilbao.

Una serie de enfermedades y dolencias, concatenadas a lo largo de su vida, ha minado la salud de Maika Santana -una pensionista de 68 años de Bilbao que en los últimos años ha luchado contra un cáncer de mama- hasta el punto de que su calidad de vida depende de las ayudas recibidas por la administración pública. Ella es una de los 1.664 pensionistas de Bilbao que el último año ha salvado su economía gracias a las Ayudas de Emergencia Social (AES) otorgadas por el Ayuntamiento de Bilbao con fondos procedentes del Gobierno vasco. Este año también ha cumplimentado la solicitud para poder recibirlas y poder sufragar, de esa manera, algunas necesidades básicas.

Con el dinero de la AES recibido el año pasado, Maika pudo hacer frente a las facturas del agua y a los gastos de la comunidad, también pudo comprar un radiador en Koopera, con el que caldear su piso, que carece de calefacción central. “Este año me han pedido hasta el acta de la reunión de la comunidad”, revela sobre los justificantes que ha tenido que presentar en el Consistorio, donde controlan cada euro que se sale de las arcas públicas a través de los justificantes que presentan los beneficiarios. Para la petición de este año, esta pensionista ha presentado un presupuesto para mantas y sábanas, así como una almohada nueva. “Llevo 23 años con la misma y me duele todo”, alega sentada en una modesta butaca de su domicilio, donde vive sola.

A su lado, Pilar Castro, responsable del área de personas mayores de Cáritas, expone que “hay muchas más personas de que las que se pueda pensar, en el centro de Bilbao, en la misma situación que Maika”. Una realidad de la que también tienen conocimiento en el Consistorio bilbaino. “Sabemos que hay personas mayores que han recibido la ayuda y la van a necesitar este año también”, aseguró Iñigo Pombo, concejal de Acción Social, durante la presentación de las subvenciones que otorgan un importa máximo de 1.500 euros para hacer frente a gastos puntuales derivados, por ejemplo, de la pobreza energética o de necesidades primarias de sanidad (dentista, óptica).

En el caso de Maika Santana actualmente tiene pendiente acudir a la Asociación Española Contra el Cáncer, donde le han dicho que van a revisar su discapacidad, que actualmente es del 41%. “Al llevar toda la documentación me darán algo más”, explica la pensionista bilbaina, que actualmente subsiste con una pensión por discapacidad y el complemento de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). “Es un complemento que reciben todos los mayores de 65 años que cobran menos de 650 euros al mes. Es el caso de muchas mujeres viudas”, añade Pilar Castro sobre el perfil de los beneficiarios de estos subsidios. De hecho, la responsable de personas mayores de Cáritas informa a Maika de que el hecho de que le suban la pensión podría suponer que la reduzcan el complemento de la RGI, lo que sería positivo. “Eso es tuyo, vayas a donde vayas”, argumenta.

Debido a su delicado estado de salud, Maika también ha sido beneficiaria del programa Barriztu de Cáritas, mediante el que ha podido realizar algunas mejoras en su hogar con algunas ayudas adicionales del Ayuntamiento de Bilbao. Por ejemplo, reformar en baño, en el que le han retirado la bañera y le han instalado una ducha. Además, también ha podido cambiar algunas ventanas de su vivienda. “Noto mucho la diferencia, ahora hace más calor en casa”, asegura Maika, que aún está tomando la quimioterapia y cuenta con la asistencia de una trabajadora social municipal que acude tres veces por semana.

Momentos difíciles“Ha habido momentos en los que he estado hundida, pero hay que pensar en positivo”, declara, esbozando una sonrisa, esta pensionista de prodigiosa memoria y penetrante mirada, que lleva viviendo en la misma casa desde 1950. “Viví con mis padres hasta que fallecieron, mi padre hace 31 años, de cáncer de colon, y mi madre hace veinte. A raíz de unos disgustos muy gordos le dio por no comer, por encerrarse en su mundo y se me fue en 17 días”, relata esta bilbaina, quien a pesar de ello afirma no sentirse sola. “Tengo grandes amigos, que son de toda la vida. No me dejan en paz, están muy pendientes de mí”, asevera bromeando.

Aunque siendo joven le operaron de una peritonitis de urgencia, que posteriormente le supuso diferentes complicaciones como un soplo en el corazón o una hernia inguinal que le obstruía la femoral, los últimos años han sido aún más difíciles si cabe. “En 2016 me hicieron una mamografía y me dijeron que me podía ir, pero al día siguiente me llamaron para que me presentara urgentemente”, relata Maika, a quien sometieron a una “microcirugía celular” antes de comenzar con el tratamiento de la radioterapia. “Salía zumbada, un día incluso caí redonda”, rememora esta pensionista que a día de hoy continúa con el tratamiento, a modo de mantenimiento. “Tomo una pastilla por las mañanas, en el desayuno;me provocan unas náuseas que me dejan baldada”, relata la pensionista, quien recalca que “es muy duro”.

Maika Santana, que se sumió en una depresión de dos años y medio después de que su madre falleciera, trata de ser positiva y, sobre todo, valora lo que han hecho por ella. No solo reconoce la labor de los equipos de Oncología y Traumatología que la han tratado, sino que también el de las administraciones públicas como el Ayuntamiento de Bilbao, que está pendiente de su situación a través de una trabajadora social que acude periódicamente a su casa: “Por el momento me puedo duchar y hacer la comida, pero ella se encarga del mantenimiento de la casa. Estoy muy agradecida”, concluye.

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