más de 4.300 al año

Solo tres de cada diez objetos perdidos en ‘La Paloma’ regresan a sus propietarios

Los nervios de los viajeros en el filtro de control provocan la mayoría de los extravíos que al año superan los 4.300

Alberto G. Alonso - Sábado, 7 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El filtro del control y los bancos de la terminal son donde más objetos se encuentran. Fotos: Borja Guerrero

El filtro del control y los bancos de la terminal son donde más objetos se encuentran. (Borja Guerrero)

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El filtro del control y los bancos de la terminal son donde más objetos se encuentran. Fotos: Borja Guerrero

Loiu- Perder un objeto en La Paloma tiene un plus especial, sobre todo si eres un viajero esporádico y no vas a volver más al aeropuerto de Bilbao. Las terminales aéreas son puntos de intenso tráfico de personas, casi cinco millones de viajeros transitaron por las instalaciones de Loiu el año pasado, lo que provoca infinidad de situaciones tensas y poco habituales donde la pérdida de una chaqueta, las gafas, unatablete incluso la maleta, es algo habitual. Y más en fechas de mayor concentración de vuelos y pasajeros como la reciente Semana Santa.

Las cifras cantan. Según datos facilitados por la dirección del aeropuerto bilbaino, el pasado año se recogieron en la oficina de objetos perdidos 4.375 artículos de las más variada condición y tamaño, de los cuales 1.312 aproximadamente fueron recuperados por sus propietarios, el 30% del total.

“Son unos números que se mantienen uniformes año tras año”, indican las mismas fuentes. Las estadísticas apuntan que cada jornada se extravía de media una docena de pertenencias, una cifra que sube o baja en función de las temporadas aéreas.

Silvia, miembro del equipo de seis empleados que atiende a turnos la oficina de Aena -el ente público responsable de todos los aeropuertos del Estado- en la terminal de Loiu, explica que “en la época de vacaciones las entregas son más numerosas que en invierno porque, lógicamente, el volumen de pasajeros en mucho mayor”.

La gran mayoría del material despistado es entregado por los agentes de seguridad que trabajan en la terminal. Ertzainas, guardias civiles, agentes de la Policía Nacional, los vigilantes encargados de los filtros... son los que habitualmente se acercan con el objeto extraviado. También los entregan los empleados de facturación y trabajadores de la limpieza que se encuentran con cosas dispares en los baños o bajo los bancos sembrados por La Paloma.

“Son pocos los particulares que vienen”, apostilla Silvia. Y es que la gestión que genera la pérdida de un objeto no es cosa de broma. “Nos tomamos muy en serio la custodia de los objetos que se hallan y hacemos siempre todo lo posible para que sea entregado a su dueño legítimo”, indican fuentes de Aena.

Mientras que los miembros de los cuerpos de seguridad se identifican con su número de placa y ya está, un particular tiene que aportar sus datos personales además del DNI que constarán adjuntos al objeto. Porque no solo puede retornar la pieza extraviada el propietario, la ley también permite que se la quede quien la ha encontrado una vez discurrido un tiempo estipulado. Sin embargo, está última circunstancia “no es nada habitual y apenas se han dado casos en los que hayan venido a que le entreguen el objeto”, reconoce la empleada de Aena.

“Exigencia máxima” El cumplimiento de la legislación en la oficina es rígido. Tanto que ni tan siquiera DEIA pudo acceder al interior del depósito de objetos para fotografiarlos. “La ley de protección de datos nos lo impide”, indicaron a pesar de que, curiosamente, desconocen la identidad de la mayoría de los propietarios de los artículos.

Los objetos que se retiran mayoritariamente son para sus dueños legítimos tras cerrar un proceso muy garantista que quiere evitar la picaresca. “La exigencia es máxima”, indican y además de confirmar los datos personales, por ejemplo, si lo extraviado es un ordenador portátil o un teléfono, se pide la clave para acceder al aparato.

¿Y en qué lugar del aeropuerto se hallan más objetos? La respuesta es rápida. En el filtro de seguridad donde los pasajeros pasan por las situaciones de mayor tensión, sobre todo los que son novatos en el embarque de un avión. “La gente está muy estresada y entre el paso por el arco, las revisiones, las prisas, muchas cosas se quedan en las bandejas”, describe Silvia. En este escenario es donde se despista el objeto más perdido. Aunque parezca mentira son los cinturones “y eso que tendría que echarse en falta ¿no?”, se pregunta con una sonrisa la empleada.

En este particular ranking de abandonos le sigue lastabletsy ordenadores, que también se quedan sobre el fondo de las bandejas, así como numerosos relojes y memorias de USB. Objetos extraños son maletas que incomprensiblemente son olvidadas, sobre todo en los baños, “e incluso hasta unas muletas”, recuerda la empleada. También son habituales los audífonos e incluso alguna prótesis dental.

Silvia explica que tanto ella como sus compañeros “realizamos verdadera labor detectivesca, buscamos por Internet de forma proactiva, para devolver las piezas tanto por servicio público como por aligerar el almacén”. Cualquier elemento identificativo que porte el objeto sirve para ponerse en contacto con el afectado, si es extranjero a través de la embajada, “y la sensación de alivio que experimenta es muy gratificante, sobre todo si son personas de fuera”, indica Silvia.

Pero no todo son sonrisas y agradecimientos. La trabajadora recuerda el caso de un viajero que antes de partir su vuelo llegó a la oficina para buscar un reloj marca Rolex que había perdido en el filtro de seguridad. “No lo teníamos, anduvimos buscándolo pero nada, se puso muy impertinente e incluso dejó caer que nos lo habíamos quedado. Tomó su vuelo y antes de despegar nos llamó para pedirnos todas las disculpas posibles porque lo había encontrado en la funda del portátil”, narra.

La renovación del almacén donde se depositan los objetos olvidados es constante. La ley indica que su depósito va desde los tres meses a los dos años, una diferencia temporal marcada por el valor económico estimado de la pieza, de forma que aquello que cuesta más de 400 euros tendrá una espera mayor.

Por lo que se refiere a los más de 3.000 artículos que cada año quedan finalmente huérfanos, todos ellos tienen un final solidario. “Se entregan todos los objetos a Cáritas para que dispongan de ellos como mejor consideren”, concluyen las fuentes aeroportuarias.

Un viajero olvidó una pecera en los baños

Al detalle

La cifra

12

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