Sin pelos en la lengua

Un corte borroka latino, unos rulitos de primavera, un peinado nupcial afro... Todo es posible en las peluquerías regentadas por inmigrantes. Todo menos cortarse el pelo a lo Brad Pitt y parecerse

Un reportaje de Arantza Rodríguez - Sábado, 7 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Jesús María Gutiérrez, peluquero dominicano, rodeado de su equipo, no tiene un pelo de tonto. Fotos: Pablo Viñas

Jesús María Gutiérrez, peluquero dominicano, rodeado de su equipo, no tiene un pelo de tonto. (Pablo Viñas)

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Jesús María Gutiérrez, peluquero dominicano, rodeado de su equipo, no tiene un pelo de tonto. Fotos: Pablo ViñasLa china Xue Lei He se ha soltado la melena y habla sin tapujos.Jack Michael podría retar al mismísimo Eduardo Manostijeras.La colombiana Laura Bedoya, armada para dejar seco a quien sea.Diana Diakite ha hecho caso a la canción y se ha puesto la peluca.
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LO mismo les piden que les rapen el logo de una marca en la cabeza que un corte de pelo a lo borroka o a lo Victoria Beckham. Los peluqueros de otros países afincados en Bilbao hacen prácticamente de todo, hasta de “psicólogos”. Bueno, de todo, de todo... “Te traen una foto y te piden el corte de Brad Pitt. Y yo les digo: te puedo hacer el corte, pero no te vas a parecer a Brad Pitt, eso está claro. A veces no tienen ni pelo. Y yo milagros no puedo hacer”, reconoce Jesús María Gutiérrez, un dominicano de 40 años que regenta un salón de peluquería en la calle General Concha. ¿Y qué le dicen los clientes ante tal alarde de sinceridad? Pues que, al menos, lo intente. “Me dicen: trata de hacer lo mejor que puedas... Trataré, sí...”, recrea la conversación el dueño de uno de estos negocios que han proliferado en los últimos años.

Cuando Jesús María se puso manos a la maquinilla en otro local, hace unos 11 años, la mayor parte de su clientela era latina, pero ahora, dice, “tengo un 80% de gente de aquí”. Unos y otros le piden “lo que está de moda ahora, el degradado con tupé”. Y no solo los jovencitos, también, asegura, “un señor con 60 años”. Otros toman como modelos a los futbolistas. “Me piden, por ejemplo, que les haga la cresta de Cristiano Ronaldo. Les digo: Oye, yo te la voy a hacer bien porque la de él no está bien y me contestan: No, es que yo quiero que me la hagas como la tiene Cristiano”, explica asombrado.

Rodeado de un equipo de otros dos dominicanos y dos colombianos, en su peluquería se habla “y mucho... demasiado”. “De deportes, de fútbol, del día a día, de cómo pasó el fin de semana, ya tú sabes...”, comenta. Entre mechón y mechón de pelo al suelo, también se desliza alguna que otra confidencia. “Sí hay secretos, pero los secretos son secretos”, dice entre risas. Y no suelta prenda. Si los peluqueros hablaran... Este puñado no tiene pelos en la lengua.

Diana Diakite Guinea Conakry

“Hemos hecho peinados de boda con trenzas”


Uno lee en un letrero peluquería afro y a priori puede no darse por aludido, mucho menos atreverse a traspasar su puerta horas antes de casarse, pero lo cierto es que en el local que regenta Diana Diakite, en la calle Iparraguirre, han “hecho peinados de boda con trenzas para personas blancas”. “La gente quiere cambiar”, dice esta peluquera de Guinea Conakry que lleva 28 años en Bilbao y que ha visto cómo crecía la competencia. “Siempre ha habido peluquerías afro, pero no tantas como ahora”.

En la suya, abierta hace dos años, cuelgan de una de las paredes dos ristras de extensiones rubias, morenas, pelirrojas... Todo un consuelo para quienes envidian las melenas, ya sean sintéticas o naturales. “Las de África vienen y se compran pelos lisos para tenerlo más largo, para ser más diferentes, porque nuestro pelo no crece tanto como el vuestro, es duro y a mucha gente no le gusta. Para trabajarlo también es difícil”, explica y señala, para demostrarlo, la cabeza de una clienta, que entró al local con su pelo corto y encrespado y saldrá con una larga melena ondulada negro azabache. Las extensiones las traía ella, así que solo pagará por la minuciosa mano de obra. “En cubrir toda la cabeza se tardan unas dos horas y cuesta 60 euros”, detalla Diana, mientras su ayudante obra el milagro. Ella tiene entre manos la cabeza de otra compatriota, a la que está haciendo “trenzas pegadas” para que se ponga una peluca. La propia Diana tiene una, que se coloca sobre su corto pelo teñido de rubio platino.

Por sorprendente que parezca, dice esta peluquera que casi tiene más clientes autóctonos que africanos.

“La mayoría viene a hacerse trenzas. En verano las quieren para ir a la playa y los niños también”, señala, aunque hacen de todo, desde alisar hasta rastas, incluidos los citados peinados de novia. “Igual te piden trenzas delante para ponerse un moño para su boda o para ponerse flores... cosas así”, comenta mientras sigue en su tarea.

Jack Michael República Dominicana

“Podría hacer tu cara en tu cabeza por 300 euros”


Jack Michael es un peluquero de pocas palabras. “Si el cliente me habla, va moviendo la cabeza y me quita tiempo”, explica. No en vano el suyo es un trabajo de precisión. “He hecho dibujos, nombres, tribales en la cabeza entera o un lateral, el logo de Adidas grande para que se note...”, enumera. Todo ello con el cuero cabelludo de lienzo y la maquinilla, tijeras y navaja como pinceles. “Es como si estuviera dibujando”, afirma. De hecho, “podría hacer tu cara en tu cabeza, pero no por menos de 300 euros porque me lleva casi un día. Si están dispuestos a pagarlo, lo hago”, dice este dominicano, que aterrizó en Bilbao, hace diez años, siguiendo los pasos de su pareja.

En su nuevo local, en la calle Doctores Carmelo Gil, un veinteañero se ha puesto en sus manos para que le esculpa el cabello. “Lo que más me piden es el degradado, el fade, de mayor a menor”, explica, mientras se afana con la maquinilla. El joven, quieto como una estatua, va perdiendo pelo por los laterales y la nuca. En la parte de arriba, a salvo, su tupé. “Dependiendo de la cabeza, me lleva media hora o cuarenta minutos. Hay que tomarse su tiempo si quieres que quede bien”, explica, sin prisa pero sin pausa, este profesional con 24 años de experiencia a sus espaldas. El corte básico cuesta 10 euros, 5 más si le añade una raya en un lateral. Este joven le ha pedido dos. “Por un lado, serio y, por el otro, delincuente”, bromea Jack Michael. El veinteañero tiene los días contados para fardar. “Dura una semana. Luego empieza a crecer y necesita retoques”, avisa el experto.

También le piden peinados de futbolistas. “Los que más, Cristiano, Neymar y esa gente. Yo fútbol casi no veo. Lo buscan en el móvil y me lo enseñan”, confiesa Jack Michael, que tiene más clientes autóctonos que extranjeros. “La gente de aquí, que antes no se cortaba casi el pelo, se está haciendo los cortes latinos, que están de moda”, asegura. Los más mayores, en cambio, se conforman con “raparse la cabeza o hacerse un corte adecuado a su edad”.

Xue Lei He China

“Mis paisanos lo quieren perfecto, son exigentes”

Dice Xue Lei He, peluquera china de 30 años, que tiene “clientela del mundo mundial: vascos, latinos, europeos... Como la plaza de toros está cerca, entran hasta turistas”, explica desde su negocio decorado con tiras de luces led, en la calle General Concha, donde también arregla las melenas a sus compatriotas. “Mis paisanos quieren las cosas perfectas, son muy exigentes, porque los peluqueros de mi país tienen una práctica impresionante”, explica y añade que “los asiáticos tenemos a veces el pelo demasiado liso y duro, difícil de manejar. El vuestro es más domable”, reconoce. Además, no frecuentan tanto las peluquerías como los autóctonos. “Los chinos trabajan mucho y no dedican tanto tiempo a su físico. Pocos son los que se vienen a peinar todas las semanas. La gran mayoría viene a cortar o porque tienen la raíz crecida”.

Afincada en Bilbao desde hace once años, lleva casi seis al frente de este negocio, donde lo mismo te dan un masaje que te colocan unas uñas de porcelana o te depilan las axilas. Parte de su éxito radica, asegura, en sus “precios económicos” -lava, corta y peina desde 13 euros- y en su buena ubicación, casi haciendo esquina con la calle Autonomía. “También viene la gente porque yo soy muy simpática, hablo mucho”, dice. Pero no a lo loco. “Si es un señor con familia, le hablo de hijos, de cosas económicas... Si es un jovencito, del futuro que quiere, de juegos... Les hablo de lo que les interesa”, afirma. Lo que no hace, al menos con la clientela china, es ahondar en temas personales porque son más “reservados”.

Alguna vez acuden clientas mostrando un recogido o un corte de pelo de una famosa en el móvil. “Me piden Victoria Beckham. Me parece bien, pero tendrían que pensar si a ellas les favorece. Hay gente que te pide lo que le gusta y le da igual que le quede bien o no”, comenta. A pesar de sus consejos, hay quienes se lanzan a que les metan tijera o a hacerse “permanentes muy fuertes” y luego pasa lo que pasa. “A alguna le he dicho: Yo no te hago eso porque te vas a fastidiar el pelo y se ha ido a otra peluquería. Luego ha vuelto llorando: Ay, si te hubiera hecho caso... Digo: Ya te avisé. Pues ahora te quedas así y te fastidias. Hay gente muy cabezona”, dice sin maldad.

Laura Bedoya Colombia

“Una señora de 60 años pidió un corte borroka”


Armada con el secador, Laura Bedoya ahueca el pelo a una clienta que, con el pie escayolado, se deja hacer sentada en una silla de ruedas. Nacida en Colombia, lleva 16 años viviendo en Bilbao, 14 con la peluquería abierta en la calle General Concha, donde corta y peina cabelleras tanto de “gente de aquí como de extranjeros”. Así que cuando se le pide hacer comparaciones, las hace con conocimiento de causa. “La gente de aquí es más moderna. Nosotros, los latinos, no somos tan atrevidos a la hora de hacernos un corte de pelo, de llevar colorines ...”, avanza.

En el sillón de al lado una empleada da los últimos retoques al largo cabello de una mujer sudamericana, a la que han tejido una trenza con sus propio pelo a modo de diadema. “Las latinas llevan melenas clásicas, negras, con capas largas, sin más, pero cortes pequeños, de tipo chico, no”. No son, dice, tan dadas a experimentar con su look.

En el extremo contrario, Laura sitúa a clientas autóctonas como la que traspasó hace unos días la puerta de su salón con una petición que la sorprendió sobremanera. “Lo más extraño que me ha pasado ha sido que una señora de 60 años de aquí me pidió un corte borroka porque quería verse más joven. Con un flequillo de oreja a oreja, rapado por debajo y dejándole unos pelitos acá arriba en la corona, que eso nunca lo había hecho”, confiesa. “Pero como la conozco de hace tiempo de vista y a veces iba a pintarse el pelo, me dijo: Quiero que lo hagas tú. Me mostró una foto y se lo hice”.

Después de iniciarse en los estilismos de estas latitudes, Laura confirma que “la gente de aquí es muy atrevida aunque tenga 60 años. A mí eso me gusta y yo se lo hago ver a las clientas de mi país. Digo: Toda la vida igual, con una melena recta, negra. Hay que cambiar, pero no se atreven. Con el tiempo igual las convenzo, poco a poco”, comenta sin darse por vencida esta profesional, que también ejerce de “psicóloga” con sus compatriotas. “Escuchamos todo lo que la gente quiere desahogar en ese momento. Hablamos del cariño familiar, comparamos lo de allí con lo de aquí, la comida, el frío, que aquí se vive mejor porque tienes tranquilidad y puedes andar con la ropa que quieras a la hora que quieras, con un bolso de marca y eso. Cosas que en los países latinos no se pueden hacer por la delincuencia”.

Leo Chang Wei China

“En una peluquería española vale el doble”


Leo Chang Wei lleva 12 años con su peluquería abierta en Hurtado de Amézaga y le han dado de sí lo justo para chapurrear algo de castellano. Con más voluntad que vocabulario explica que en su país también era peluquero, que tiene “clientas chinas, españolas y de otros países” y que sus paisanas tienen el pelo más corto y las autóctonas más fino. Dice también, tras preguntar y repreguntar, que a “aquí les gusta el flequillo recto para abajo” y a las chinas el pelo liso y que hacen incluso peinados de boda. “Todo se puede: moño, pelo largo, extensiones, alisado japonés, liso, muy liso...”, recita de carrerilla, como si fuera el menú de un restaurante. El salón es amplio y alguna clienta mira de reojo. Leo Chan Wei hace un último esfuerzo por contar qué atrae a su clientela. “Se necesita menos dinero y lo cortamos mejor. Aquí chico lavar y cortar y peinar, 9 euros. Chica, lavar y cortar y peinar liso, 14 euros. Antes enfrente cortar pelo, 25 euros y pico. En una peluquería española vale el doble”, remarca y no acierta a entender la pregunta sobre los temas de conversación con su clientela. “Si hablan en chino, yo en chino. En español, yo un poquito de español. Se habla poco”. Tras sudar la gota gorda, una cree entender por qué.

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