Rojo sobre blanco

Maldito de verdad

Por José Luis Artetxe - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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QUÉ tiene el campo del Villarreal? Nada de especial. Que es la casa de un club que desde que hace un par de décadas asomase en Primera casi siempre se ha codeado con el Athletic en la clasificación. Que los partidos allí se suelen celebrar con buena temperatura, a veces un punto subida de tono. ¿Y qué más? Que es un destino donde al Athletic normalmente no le salen las cosas como le gustaría y, a fuerza de repetirse esta historia de tardes torcidas y decepciones, ha adquirido mala fama.

Es el clásico campo al que se le cuelga el adjetivo de maldito. Lo es además de verdad porque carece de la intimidante majestuosidad de un Camp Nou o un Bernabéu y, aún reconociendo su potencial, el propietario tampoco puede calificarse como un ogro. El Villarreal es un buen equipo, pero en absoluto un enemigo intratable, categoría que sí ostentan los inquilinos de los estadios mencionados. Y da igual cómo se encuentre el Athletic, en qué estado de forma acuda a lo que era El Madrigal y ahora le dicen La Cerámica;da lo mismo si el partido posee trascendencia porque el calendario toca a su fin o se disputa en el comienzo de la temporada, cuando las posiciones y los objetivos están por definir.

Bueno, ha habido alguna visita donde la derrota estuvo cantada de antemano, desde el instante en que se conoció la alineación. Esto ocurrió por ejemplo hace un par de años, cuando compareció un Athletic de circunstancias, plagado de suplentes porque la proximidad de algún compromiso continental aconsejaba, a juicio del entrenador, recurrir a gente menos desgastada, lo que se denomina una versión B. Pero las veces en que se ha ido con todo, con el que supuestamente era el mejor once posible, la suerte ha sido idéntica. Esquiva.

En esta oportunidad, toca jugar en lunes, algo que se veía venir tras quedar el Athletic apeado de la Europa League, pues a pesar de los pesares el equipo sigue teniendo tirón y los rectores del negocio buscan el modo de rentabilizar en televisión el día más feo de la semana para colocar un partido. En todo caso la fecha fijada es algo secundario, intrascendente. Lo que se ha de poner en valor es cuanto ocurra en los noventa minutos.

Desde la perspectiva del Athletic, que mira con catalejos al Villarreal, el asunto no es ya que deba actuar en un escenario ingrato, pues ha habido pocos en los que haya disfrutado y hecho disfrutar. Al margen del deseo de ganar por ganar, viaja con un aliciente extra en la maleta: la deuda que durante meses ha contraído consigo mismo y con su afición. A estas alturas, sin una meta nítida en el horizonte de la tabla, el equipo busca redimirse más que reivindicarse, aunque en el fondo viene a ser parecido lo uno y lo otro.

En juego, la posibilidad de rebajar el amargor de la temporada mediante una demostración de empeño y orgullo, a poder ser aderezada con algo de acierto pensando en el marcador. De nuevo, o como siempre, el modo de comportarse posee su importancia más allá de lo que al final diga el resultado. Y este matiz es interesante porque al no existir una urgencia, puede que los jugadores se suelten sobre la hierba.

La impresión que causó el Athletic en la jornada anterior fue un poco por ahí. El desenlace no le sonrío y sin embargo controló, llevó la iniciativa y fue profundo en dos tercios del choque. Hizo más cosas bien y durante más tiempo. Hubo un avance evidente en el rendimiento que necesita ser corroborado. Quizá así logre invertir o al menos atemperar las vibraciones negativas que emite La Cerámica.

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