Tribuna abierta

Pseudo-ONG con chador

Por Patxi Lázaro - Jueves, 5 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

ELproceso de integración de minorías étnicas en una sociedad de acogida es como el cauce de un río. Con la llegada del primer inmigrante, el río parece nacer en lo alto de un cerro, en forma de manantiales y arroyos que se abren paso entre los accidentes del terreno. En su descenso hacia las zonas habitables, la interacción es violenta: rápidos y desniveles desafían al excursionista y dan lugar a más de un drama personal. En esta fase, río y paisaje se condicionan y esculpen el uno al otro. El hombre -con sus planes urbanísticos, diques y obras de ingeniería- solo interviene en la etapa final, en la llanura previa a la desembocadura en el mar. Del buen hacer de la comunidad y sus gestores públicos depende que la interacción entre un cauce fluvial y el país que lo circunda genere una geografía humana equilibrada y productiva, y no un movedizo y caótico delta que separa a las gentes y solo sirve para ser visto desde satélites artificiales.

Es en esta clave como ha de interpretarse el nuevo Plan de Lucha contra el Terrorismo de Pretexto Religioso presentado por el lehendakari Urkullu: una obra de acondicionamiento del río en su recorrido por la parte más poblada de nuestro territorio con el propósito de prevenir fenómenos de inestabilidad en el terreno, desbordamientos y otras sorpresas desagradables. El programa, en anticipada armonía normativa con otros instrumentos legales que vendrán, aspira a establecer un marco de convivencia basado en el respeto a la dignidad, los derechos humanos y el pluralismo cultural. Abierto a contribuciones de la sociedad civil, este plan incluye como principio director la voluntad de cooperar con las comunidades religiosas musulmanas en un proceso de integración ordenado y acorde al ecosistema legal y los valores de la sociedad de acogida.

Es preciso advertir que los objetivos del lehendakari pueden frustrarse, no tanto por la insidia de los terroristas como por el efecto combinado de dos tipos de riesgos: el primero, la tendencia a considerar que los decretos de la Administración son una especie de maquinaria que funciona a piñón fijo, y que basta con que estén ahí para que la gente cumpla automáticamente con el sentido y el espíritu de la ley. No es así: lo mismo que las estrategias de ordenamiento fluvial, se precisa que los ciudadanos que viven junto a la orilla colaboren activamente para mantener el río en condiciones navegables. El otro peligro reside en nuestra propensión a dejarnos llevar por la ingenuidad: damos por supuesto que cualquier interlocutor que hable el mismo idioma que nosotros es digno de confianza. Tampoco es así, como se ha tenido ocasión de comprobar en diversos experimentos de convivencia interreligiosa y multicultural.

Las ventajas de la multiculturalidad no parecen obvias pero también existen: es mucho lo que el inmigrante musulmán puede aportar a la sociedad de acogida vasca

Dos medios digitales españoles, Correo MadridyCiudad Real Digital, se hacen eco de los esfuerzos del imán de la mezquita de Omar, Lahsen El Himer, líder de la comunidad islámica de Granada y desde hace cinco años presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Andalucía (Ucidan), en su empeño por asumir el liderazgo del islam estatal. Por las entrevistas frecuentes con otros líderes musulmanes, la presencia en actos solemnes -como por ejemplo la visita de representantes de comunidades islámicas a las Cortes Generales en noviembre del año pasado- y las numerosas entrevistas en los medios de comunicación, da la impresión de que nos encontramos ante un proceso de elecciones primarias, con el más que probable objetivo de convencer a las masas de fieles y al Estado para que reemplacen a Riay Tatary (un musulmán moderado) por otro caudillo religioso más integrista al frente de la Comisión Islámica de España (CIE).

Lahsen El Himer, afincado en Granada desde hace 17 años, es muy conocido en círculos islámicos del sur de España. Sin miedo aparente a ser llevados ante un juez por difamación, los informativos españoles citados con anterioridad se despachan atribuyéndole un manejo descuidado de las ayudas sociales procedentes de la Junta de Andalucía. Según estos medios, también ha habido desidia en la gestión de fondos aportados por el gobierno de Catar para enseñar el Corán a los colegiales musulmanes de Andalucía y el sur de España. También se le acusa de lucrarse con el pingüe negocio de los certificados halal para la industria de la alimentación.

¿Son fundadas las acusaciones? Ruido sí que hay, pero no sabemos cuánta agua corre. Tampoco nos importa demasiado. El único río que interesa es el nuestro, de cara a las obras que se acometen para estabilizar su cauce. En esta labor no han de ser únicamente el lehendakari Urkullu y las instituciones quienes lleven la iniciativa. Toda la ciudadanía debe poner de su parte. Con realismo, sin ignorar los peligros derivados de la mala voluntad, la torpeza y el malentendido cultural. La economía de las comunidades islámicas, basada en gran parte en las relaciones personales y los pagos en efectivo, es difícil de controlar. La idiosincrasia de los inmigrantes procedentes de países musulmanes difiere mucho de la nuestra: más individualistas, emprendedores y propensos al riesgo que una población vasca con vocación funcionarial, acostumbrada a la vida comunitaria estable, a los procedimientos normalizados y al liderazgo de sus instituciones públicas. Todo esto convierte a la sociedad de acogida en el entorno perfecto para llevar a cabo negocios irregulares de todo tipo. Que existan empresarios de dudosa reputación no debería sorprendernos. Lo que debe sorprendernos es que no haya más.

Proactividad y análisis de riesgos son actualmente conceptos de moda: una herramienta necesaria para adaptarnos a los cambios constantes de la sociedad y la economía en un entorno globalizado. Los riesgos ya los conocemos: están en la cara oculta de todo ese multiculturalismo banal y esa corrección política mal entendida que en ocasiones nos asfixia y nos impide ser quienes somos en realidad. De manera que cuando una pseudo-ONG con chador llame a la puerta, que no nos pille por sorpresa. Las ventajas de la multiculturalidad no parecen obvias pero también existen: es mucho lo que el inmigrante musulmán puede aportar a la sociedad de acogida vasca, comenzando por su ejemplo emprendedor. De eso sí andamos necesitados. Para empezar, porque ante todo hay que tener iniciativa y ayudar a estabilizar el cauce del río.

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