El rival más débil

El Bilbao Basket ha llegado al tramo decisivo de la lucha por la salvación con las peores constantes vitales del curso y completamente desnortado

Jon Larrauri - Martes, 3 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Mumbrú, durante el partido ante el Betis

Mumbrú, durante el partido ante el Betis (Jose Mari Martínez)

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Mumbrú, durante el partido ante el Betis

Bilbao- El Joventut puso fin a una racha de trece derrotas seguidas, el Betis enganchó su segunda victoria consecutiva haciendo valer su potencial anotador, el Burgos sacó petróleo del calor de su afición para doblegar al Obradoiro... ¿Y el Bilbao Basket? Del Bilbao Basket apenas hay noticias. Sus constantes vitales son tan débiles que se han vuelto casi imperceptibles y su conexión con la vida competitiva pende de un hilo finísimo. El equipo de Veljko Mrsic es a día de hoy el rival más débil de los cuatro -cinco si se suma al Zaragoza, con un triunfo más- que luchan por la permanencia a nueve jornadas del final de la temporada. Los verdinegros cuentan con el impulso del que lo veía todo perdido y ahora intuye algo de luz al final del túnel, los andaluces pueden ampararse en la calidad individual de su quinteto inicial, los burgaleses, como recién ascendidos, estaban mentalizados para hallarse en esta situación y son competitivos en su Coliseum... ¿Y el Bilbao Basket? Aferrarse a día de hoy a algo positivo en el conjunto vizcaino obliga más a un acto de fe que a un ejercicio racional.

Y es que los hombres de negro no ganan fuera desde el 29 de octubre y han triunfado solo en uno de sus últimos cinco partidos en Miribilla sin que por Bilbao haya pasado ninguno de los seis primeros clasificados en este tiempo. Mal asunto. De sus últimos nueve encuentros (1-8), en cinco ni siquiera ha alcanzado los 70 puntos. Peor asunto todavía. Y de estos nueve compromisos, el rival de turno ha superado los 80 puntos en otros seis. Un asunto horrible.

Las carencias del Bilbao Basket forman un galimatías de imposible solución que puede atacarse desde cuatro vertientes: escaso talento, falta de físico, jugadores unidimensionales y ausencia de un killer capaz de ganar partidos por sí mismo. Todo parte de una horrible planificación al confeccionar la plantilla y del hecho de que los refuerzos no han solucionado gran cosa, más bien nada. El plantel está construido alrededor de las tres piezas cuyos sueldos se llevan gran parte del presupuesto deportivo (Álex Mumbrú, Jonathan Tabu y Axel Hervelle), pero ninguno se ha mostrado capacitado para ser la pieza desequilibrante que tanto se echa de menos. El de Kinshasa, muy irregular en su rendimiento, se está llevando muchas críticas, pero tampoco la vieja guardia está rindiendo como esperaban en un club convencido de que con ellos había un colchón de seguridad infalible. Quieren, pero no pueden. Al belga, lejos de su mejor momento físico, le cuesta cada vez más marcar diferencias en defensa y en ataque pasa desapercibido, mientras que al capitán no le ha ayudado el hecho de bailar entre las posiciones de tres y cuatro, pero su labor de retaguardia está flojeando. Nunca se esconde y de su muñeca han nacido algunas de las andanadas triplistas que han servido para ganar partidos, pero a veces acapara demasiado protagonismo a la hora de lanzar y corregir a sus compañeros, lo que coarta a algunos, sobre todo a los más jóvenes.

Sin un referente claro (un Gary Neal, un Blake Schilb, un Henk Norel...) es difícil moverse en los bajos fondos de la tabla, sobre todo cuando no se cuenta con piezas acostumbradas a ello y muchas tienen en la bisoñez uno de sus rasgos identitarios. Con solo un jugador capaz de desequilibrar en ambas canastas, Dejan Todorovic, el conjunto vizcaino se convierte en totalmente previsible porque su peligro nace y muere generalmente desde la línea de 6,75. Sin exteriores capacitados para penetrar uno contra uno ni interiores que puedan jugar de espaldas al aro y resolver con solvencia en sus cercanías es imposible sobrevivir en el baloncesto de hoy porque la labor de scouting del rival se simplifica hasta el límite. Y sin talento individual es cuando debe entrar en juego la pizarra y tampoco es que Mrsic esté siendo capaz de crear ecosistemas para facilitar las líneas de expresión de sus jugadores.

El croata se las ve y se las desea para componer quintetos sostenibles por la unidimensionalidad de la mayoría de sus piezas. Shane Hammink tiene piernas para defender pero en ataque no presenta ninguna amenaza, mientras que Lucio Redivo tiene muchos puntos en sus manos, pero sufre una barbaridad en defensa por su falta de físico. Mickell Gladness es, a falta de alternativas, el gran pilar defensivo, pero queda desactivado cada vez que debe salir a un palmo del aro y su flojera de manos le neutraliza en ataque;mientras que Devin Thomas bloquea y continúa bien, pero le falta toque para finalizar y sufre en defensa por su falta de centímetros. Y así todo.

Además, los últimos refuerzos (Ben Bentil y Nikola Rebic) apenas han solucionado nada. El ghanés aporta físico e ímpetu, pero de su supuesta buena mano aún no hay noticias en Bilbao y el balcánico no está para estas batallas, no ha mejorado en nada a Ricardo Fischer y Javi Salgado le quita minutos sin problemas. Tampoco se ha movido bien esta vez el club en el mercado, pues no ha sabido encontrar lo que Askia Booker le ha dado al Betis o en menor medida han significado Paul Stoll para el Zaragoza o Demitrius Conger para el Joventut, todos importantes en victorias clave.

Tiros en el pie La directiva bilbaina y Raúl López como máximo responsable de la parcela deportiva se pegaron un tiro en el pie al decidir cambiar de técnico en noviembre con un balance de 3-6 y un par de triunfos de renta sobre el descenso porque “había equipo para más” y “se habían perdido las señas de identidad”. Desde entonces todo ha empeorado: los resultados y la economía del club. El trabajo en verano se hizo de manera apresurada y deficiente y las decisiones adoptadas desde entonces tampoco han sido mejores. Y así le va a un Bilbao Basket cada vez más mustio y ajado, cada día más complicado, incluso turbio, de entender en cuanto a cadenas de mando y rangos de gobernabilidad. Quedan nueve partidos, pero por el momento el Bilbao Basket aparenta ser el rival más débil, la embarcación que se dirige irremediablemente contra las rocas.

etiquetas: bilbao basket

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