Durangaldea

El estilista de los durangarras

Antonio peina a la cuarta generación de vecinos de Durango en la peluquería en la que trabaja desde hace 50 años

Un reportaje de Kevin Doyle - Martes, 3 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Antonio con su hija, también peluquera, en su negocio durangarra.

Antonio con su hija, también peluquera, en su negocio durangarra. (K.Doyle)

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Antonio con su hija, también peluquera, en su negocio durangarra.

Mucho han cambiado las cosas en la profesión desde que el corte de pelo en Durango se cobraba a 13,50 pesetas. Que se lo pregunten a Antonio Bueno, peluquero que lleva medio siglo en la villa arreglando las cabelleras de sus clientes. A sus 63 años, “empecé a trabajar con 13 años y llevo toda la vida dedicándome a la peluquería”, apunta satisfecho en su negocio instalado desde 1999 en Plateruen Plaza.

Los inicios de Antonio Bueno en la profesión fueron siendo un niño. Y es que con 13 años comenzó a trabajar con Basilio Sarriuguarte en un pequeño local en Santa María. En compañía de sus dos hermanos aprendió a manejar con destreza las tijeras y adquirió la experiencia necesaria para en 1968 abrir un negocio familiar en la calle Ermodo, junto al hoy bar Axpe. “Guardo muy buenos recuerdos de aquellos años trabajando con mis hermanos y les añoro”, explica emocionado con voz entrecortada. Tras medio siglo como autónomo, “antes me cobraban el 8% de impuestos y ahora el 21%, recalcó indignado, Antonio llegó un 10 de marzo de 1965 a Durango dejando su Periana (Málaga) natal. Pocas semanas después, el 1 de abril, completó su primer día de trabajo con sus hermanos en el negocio que regentaba Basilio. “Lo que hago ahora ya lo hacía con 13 años”, puntualiza.

En los inicios de Antonio el rasurado de los curas costaba cinco pesetas y el corte de pelo y afeitado normal, veinte pesetas

Reconociendo que “gracias a Dios la profesión ha cambiado mucho”, Antonio recuerda cómo el rasurado de la coronilla de los curas tenía una tarifa de cinco pesetas o el corte de pelo y afeitar se cobraba a veinte pesetas. Con jornadas laborales que llegaban a ser de hasta 16 horas, el experimentado peluquero reconoce que “la barbería vuelve a estar de moda y eso que fue machacada por muchos profesionales e incluso la palabra barbero era despreciativa”. En este sentido, Antonio quiere dejar claro que “la barbería es la base fundamental de la peluquería por mucho que haya gente que diga que no”.

Al día de las últimas tendencias como las barbas hipster, todos los meses cuenta con numerosos clientes que quieren arreglarse la barba. Y es que “nunca se ha dejado de afeitar, siempre con cuchillas de usar y tirar, aunque con el problema del sida hubo una especie de psicosis con el tema”, reconoce el peluquero titulado en caballeros y señoras en Bilbao.

En la actualidad, su hija Nekane trabaja desde hace trece años en el negocio familiar con su padre. Asegurando que “nunca me han impuesto el dedicarme a esto”, la joven disfruta día a día de una profesión que “he mamado y siempre me ha gustado. Mi ama quería que optará por la universidad pero no pudo conmigo”, reconoce entre risas. “Tengo el privilegio de trabajar donde me gusta”, sentencia firme. En referencia a sus raíces andaluzas y el sentimiento por Durango, “siempre digo que el que no quiere a su madre, no quiere a su suegra”, asegura el peluquero emocionado reconociendo que “si me tendría que ir de Durango, me lo llevaba y lo juntaba con mi pueblo”, reconoció el que fuera presidente del Centro Andaluz de Durango durante años.

Sin intención de jubilarse -“ya tenía que estarlo”-, Antonio tiene claro que “mientras mi cabeza y mi físico me lo permitan, seguiré trabajando”. “Tengo clientes que llevan viniendo desde que tenía 13 años. Ahora voy por la cuarta generación de aquellos. A todos ellos, muchas gracias”.

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