Tribuna abierta

Espíritu humanista vs. estupidez ilustrada

Por Mikel Etxebarria Dobaran - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EN una conferencia-debate en el Club de Roma (think thank,como se dice hoy en día, que por cierto cumple cincuenta años) ofrecida en Bilbao por el escritor y catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, Antón Costas, nos quedó claro que intelecto y estupidez pueden ser perfectamente compatibles.

Aprovechando su conocimiento y vivencia del proces o contencioso catalán, le hicimos una pregunta en el sentido de ¿cómo es capaz una buena parte de una sociedad aparentemente culta y formada como la catalana, de optar, por decirlo de una forma gráfica, por lanzarse desde el trampolín más alto y haciendo una pirueta mortal a una piscina in agua, cómo se pueden dejar manipular por charlatanes y vendehúmos? Y el afamado articulista nos explicó al respecto que, partiendo del nihilismo, la preparación intelectual puede compatibilizarse sin problema con la indecencia y la estupidez.

Expongamos algunos otros ejemplos. En la Alemania de entreguerras, una sociedad bastante culta, sorprendentemente, se deja dominar por el fanatismo y la intolerancia. En la Atenas clásica, una élite erudita y civilizada no tuvo empacho en decretar la muerte al que el oráculo de Delfos señalaba como el hombre más sabio de su tiempo, Sócrates, acusado de corromper (¡¡¡) intelectualmente a la juventud. En nuestra querida Euskalherria hemos soportado a iluminados que con apoyo de parte, afortunadamente minoritaria, de una sociedad tampoco inculta del todo, pretendían a sangre y fuego liberarnos de nuestros yugos. De vez en cuando, acontecen sucesos como que jóvenes bien educados y de familias seguramente normales y formales tienen como hobby apalear, maltratar y humillar a mendigos. Y hay afamados intelectuales que son capaces de “comprender” acciones terroristas y masacres esperpénticas mientras no contradigan su ideología.

Evidencias empíricas Vemos, que no es un problema actual sino que va en la esencia del ser humano y se repite en la historia sin cesar. Ante el fanatismo, el populismo, el totalitarismo ¿no sirven de antídoto la cultura, la formación y la educación? Parece que no. Las evidencias empíricas nos demuestran que no son antídotos. Pueden ser, en todo caso, condiciones adecuadas, puede que incluso necesarias, pero en absoluto suficientes.

Se precisa reflexión y lenguaje verdadero que es la esencia del ser humano. ¡Cuidado con los charlatanes, con los populistas, que no nos arrebaten la verdad! Lo que se dice debe refrendarse con lo que se hace

Y es que no sirve cualquier cultura, formación o educación. La cultura se debe sedimentar en valores nobles como el respeto al prójimo y a las minorías, las buenas maneras, la educación, la empatía, la verdad, el humanismo como estandarte, la honradez como bandera, la ética, aunque más la de las virtudes que la utilitarista o la deontológica, la tolerancia, la humildad, el amor por el trabajo bien hecho, el aprecio del esfuerzo, el espíritu colaboracionista, la solidaridad, el pensamiento crítico, la vida exigente, la duda…

Y estos valores se enfrentan, en una lucha desigual, a los becerros de oro del mundo actual: el éxito rápido, la fama a cualquier precio, el dinero como tótem y medida de todas las cosas, la inteligencia al servicio de uno mismo, la postverdad, la grandilocuencia, el egoísmo, la intransigencia, el cumplir de cualquier manera, el logro apremiante, el narcisismo, la competitividad exacerbada, el eliminar su condición humana al diferente, la autocomplacencia, la ausencia de reflexión, la existencia acomodada, la certeza…

De Hobbes y NietzscheLos valores nobles son los valores del alma humana, son los valores sólidos. Y no parece que sean los más apreciados en esta sociedad líquida, como la denomina Bauman. Entre los becerros de oro del mundo actual también están, parece que para despistar, la inteligencia, la cultura y la formación, pero su objetivo no es engrandecer el espíritu sino la vanidad, no es ampliar la mente sino en todo caso el bolsillo. Además si vienen mal dadas (crisis, guerras, depresiones,…) no habrá problema, no supondrá ningún trauma mental, que el hombre se convierta, porque ya lo es, en un lobo para el hombre (Hobbes), que etnias que han convivido durante siglos se masacren sin piedad, que no haya peor cuña que la de propia madera, que las guerras civiles sean realmente, como señalaba Unamuno, inciviles.

También conviene apuntar que hemos renegado en el mundo occidental, sobre todo porque la jerarquía eclesiástica no predicaba con el ejemplo, de la religión, que al menos aportaba ciertos valores de respeto, de entrega, de esfuerzo, de trabajo… Hemos matado a Dios, como diría Nietzsche, y sus sucedáneos, como el superhombre, nos han llevado por el camino de la ira, del odio y de la intransigencia.

En definitiva, se precisa reflexión y lenguaje verdadero que es la esencia del ser humano. ¡Cuidado con los charlatanes, con los populistas, que no nos arrebaten la verdad! Lo que se dice debe refrendarse con lo que se hace. Decía Orwell que en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario. ¡Huir como de la peste de los que propongan soluciones sencillas a problemas complejos¡ Hagamos como sugería Montaigne, prestar oídos a todo el mundo pero la mente a nadie. Recuperemos y fomentemos el pensamiento crítico;nos pondremos en peligro como Sócrates pero tuvo a Platón para difundir su mensaje, que aún perdura, y sus verdugos, los defensores de las esencias del pensamiento establecido, del status quo de entonces, han quedado relegados al olvido de la historia, si bien, tendremos que aguantar a imitadores suyos que perdurarán por toda la eternidad.

Emulando a Einstein, no intentemos convertirnos en personas de éxito, sino en personas valiosas. Como nos propone Rob Riemen siguiendo a Thomas Mann que a su vez seguía a Goethe, hagamos frente a la estupidez ilustrada con nobleza de espíritu, con espíritu humanista.

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