bilbao basket 67 - Iberostar Tenerife 74

En estado de coma

el bilbao basket sigue sin encontrar soluciones, ni tácticas, ni físicas ni anímicas, para su extrema debilidad y extiende el pesimismo en miribilla

Roberto Calvo - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Devin Thomas trata de anotar ante la oposición de Mike Tobey.

Devin Thomas trata de anotar ante la oposición de Mike Tobey. (Oskar González)

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Devin Thomas trata de anotar ante la oposición de Mike Tobey.

bilbao- El Bilbao Basket ha entrado en coma. Si es irreversible, se decidirá en los nueve partidos que quedan para concluir la temporada. Pero el equipo y el club emiten muy pocas señales para confiar en que podrá recuperar sus constantes vitales. El average particular que le favorece con el Real Betis es lo que aún le mantiene conectado a la vida en su peor temporada desde que está en la Liga Endesa. Pero las caras, los gestos, las palabras, delatan a todos los que, con sus responsabilidades respectivas, están involucrados en ella. La tranquilidad que procuró el triunfo ante el Real Betis ha desaparecido, ha durado solo dos semanas, y las sensaciones son ahora incluso peores que antes de ese partido. Desde ese día, los sevillanos suman dos victorias y los bilbainos, dos derrotas. Ya lo dijo Álex Mumbrú entonces: “el colchón puede acabarse pronto”. Lo ha clavado el capitán, muy a su pesar. Con todo, lo peor es la sensación de que se ha acabado la munición, de que ya no hay posibilidad de tomar más decisiones que puedan frenar una tendencia absolutamente negativa, de que incluso aunque el equipo se salve el futuro pinta muy oscuro.

La derrota de ayer ante el Iberostar Tenerife podía entrar en el guion, aunque la manera de perder pone de nuevo en entredicho todo lo que está pasando en las entrañas de Miribilla. Una frase define la campaña del Bilbao Basket: ha sido peor el remedio que la enfermedad. Se buscan soluciones, pero aparecen más problemas. Se dice que el trabajo está siendo concienzudo, pero no se ven los frutos por ningún lado. Se cambian piezas, pero el puzle sigue sin encajar. A estas alturas aún no queda claro qué se buscaba con las incorporaciones de Nikola Rebic y Ben Bentil porque la plantilla que maneja Veljko Mrsic sigue teniendo un claro déficit de talento que se manifiesta, sobre todo, ante rivales como el de ayer.

los puntos, muy caros Porque se pongan como se pongan los apóstoles de la defensa, en este baloncesto que va a entrar en la tercera década del siglo XXI meter la pelota por el aro es lo que decanta la balanza. Lo demás son excepciones, cada vez menos habituales. Y al Bilbao Basket le cuesta un montón cumplir el primer mandamiento, sobre todo cuando quiere jugar a medio campo. El regreso de Mumbrú a la posición de tres no ha aportado nada porque ha sido una decisión forzada y no ajustada a las necesidades del equipo, el juego del pick and roll no abre opciones de compartir el balón y al equipo le cuesta un montón generar espacios y ventajas. Solo cuando alguien se sale del libreto, como ayer Redivo, caen algunos puntos. El argentino corrió hasta reventar y, aún así, metió con buenos porcentajes y nadie le siguió, apenas un Javi Salgado que tiene que resolver papeletas que no le deberían corresponder, incluso las del liderazgo anímico.

Un detalle pone el foco sobre la inferioridad táctica del Bilbao Basket en la mayoría de sus duelos. Mickell Gladness, cuya ausencia o escasa participación se ha lamentado otras veces, no jugó en toda la segunda parte, según Mrsic por razones técnicas. El hecho de que Mike Tobey jugara lejos del aro y de cara hizo al técnico prescindir de quien, en teoría, llegó a Bilbao como un puntal defensivo. Así, el protagonismo recayó en Devin Thomas, que otra vez estuvo sobrado de energía y empeño, pero falto de calidad para resolver cerca del aro en los contactos.

Si el entrenador, apremiado por la necesidad de ganar, decide prescindir de uno de sus mejores elementos defensivos, es que la película que han contado era falsa y que los problemas reales del equipo están lejos de haberse arreglado. Los porcentajes de tiro del Bilbao Basket ayer ahorran más comentarios para no caer en una cansina reiteración. Seguramente, ya es tarde para meter de nuevo el bisturí, pero apelar al orgullo y al amor propio suena peligroso porque puede ocurrir que cada uno vaya por su lado. Así abandonaban los jugadores el Bilbao Arena tras otra derrota que, ahora sí, debe hacer activar el botón del pánico. El Bilbao Basket ha entrado en estado de coma, ni siquiera convocar a más de 7.000 personas en mitad de la Semana Santa supone un motivo para el optimismo, para mantener la fe en un proyecto que corre el riesgo de morir por inanición. La historia del deporte de Bizkaia ya conoce unos cuantos casos parecidos.

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