HISTORIAS DE LA VIDA

Rosa Jiménez, una luchadora de su pueblo y sus raíces

Rosa Jiménez preside desde 2006 la Asociación de Mujeres Gitanas Sim Romi con el objetivo de acabar con la exclusión

Un reportaje de Yaiza Pozo - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Rosa Jiménez posa delante a la sede bilbaina de la asociación gitana Kale dor Kayiko ubicada en Txurdinaga.

Rosa Jiménez posa delante a la sede bilbaina de la asociación gitana Kale dor Kayiko ubicada en Txurdinaga. (Oskar M. Bernal)

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Rosa Jiménez posa delante a la sede bilbaina de la asociación gitana Kale dor Kayiko ubicada en Txurdinaga.

SIEMPRE me han movido las injusticias”, confiesa Rosa Jiménez, presidenta de la Asociación de Mujeres Gitanas Sim Romi. A pesar de haber sufrido en primera persona la exclusión de esta sociedad por ser gitana y ser mujer, Rosa lucha desde 2001 desde las asociaciones para acabar con los atropellos. Auxiliar de enfermería de oficio, tuvo la oportunidad de estudiar, al igual que sus diez hermanos, que años más tarde siguieron sus pasos. Ahora desde Sim Romi, desde hace una década lucha por los derechos de las mujeres de su etnia para que “la sociedad vasca y el pueblo gitano vivan momentos de convivencia”.

La discriminación le ha llevado a una lucha constante por su gente. Ya desde bien pequeña tuvo claro que tenía algo que hacer para acabar con las tropelías. “Desde niña viví esa exclusión y hoy en día también la vivo. La gente no sabe que tenemos un himno, una bandera, tenemos una cultura”, dice. A pesar de esto reconoce que su infancia la recuerda con mucha alegría. Sus padres han sacado adelante a ocho hijas y dos hijos gracias a la venta ambulante y ha tenido la posibilidad de estudiar. “Es verdad que, dentro de la familia, no se le ha dado a la formación un valor fundamental pero, con el tiempo, te das cuenta de que es importante para defender nuestra cultura”, asegura.

A pesar de las dificultades, Jiménez ha sentido el calor de sus profesores cuando iba al colegio. Guarda especial cariño a Begoña Lasa, una de sus maestras que le animó a estudiar, y poco después a reivindicarse a través de las asociaciones, “que por aquel entonces este mundo era un poco desconocido”. Gracias a este apoyo cursó estudios de auxiliar de enfermería, labor que ha ejercido en varios hospitales y residencias hasta 2005, para poco después meterse de lleno en Sim Romi.

Con 24 años comenzó su andadura en el mundo del asociacionismo, más concretamente en Kale dor Kayiko, entidad gitana fundada hace ya tres décadas. Lo hizo como mediadora social en los centros educativos para animar a los niños y niñas a que estudiaran. Además, participó en el departamento de Igualdad y Salud, “porque veía importante trabajar con las mujeres gitanas”. “Nos parecía injusto que tuviéramos que vivir pendientes de situaciones que no hacían más que mermar nuestra identidad y crecimiento”, explica.

Jiménez estudió auxiliar de enfermería y trabajó en diferentes hospitales hasta que lo abandonó para dedicarse a Sim Romi

Para ello, organizaron unas jornadas anuales donde daban a conocer diferentes aspectos de las mujeres gitanas a la sociedad en general. De esta manera, “de ese coraje”, nació Sim Romi, un espacio de reflexión y participación para empoderar a las mujeres de su etnia, ya que, según confiesa, “nosotras vivimos triple discriminación y le sumamos además una piedra más a nuestra mochila”.

Inicios Esta asociación comenzó a dar sus primeros pasos en 2006. De la mano de Rosa y un grupo de mujeres que se reunían para tomar café estando en Kale dor Kayiko, arrancó como un lugar de oportunidades para las gitanas. Fue una apuesta muy firme para luchar por sus derechos y dar a conocer a la sociedad vasca su cultura y sus raíces. “Todas veíamos que nos pasaban una serie de injusticias tanto con nuestro pueblo como fuera de la sociedad. Nos preguntamos qué podíamos hacer para que cambiase”, dice.

Con un total de 88 miembros, la asociación trata de hacer de este mundo un lugar más igualitario y sin discriminación. Rosa, que sigue de presidenta desde la fundación de la asociación, asegura que no puede estar más orgullosa de lo que han conseguido. Mediante los congresos a los que asiste trata de luchar por su pueblo. Si tuviese que quedarse con alguno de los encuentros de su género y su etnia a nivel estatal destaca el que tuvo lugar en 2010. “Fuimos al primer congreso de mujeres gitanas que se celebró Barcelona y volamos en avión por primera vez diez compañeras. De la emoción vino el piloto a saludarnos”, dice entre risas.

Sim Romi apuesta, sobre todo, por promover el empoderamiento de las mujeres gitanas, entre muchas otras acciones. Desde la exclusión que vive nunca imaginó pelear de esta manera por su pueblo, pero sobre todo por las mujeres, “que creo que estamos muy invisibilizadas”. Confiesa que le encanta lo que hace y de toda su trayectoria profesional se lleva consigo muy buenos recuerdos porque todo lo que lleva a cabo lo hace con ganas. Y en el futuro, le gustaría ver su asociación como una de las entidades que lucha por superar esa desigualdad y hasta el momento, “es una casa para todas las mujeres. Es la casa del orgullo”, concluye.

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