El cambio digital

Coches autónomos: ¿miedo racional?

Por Alex Rayón - Domingo, 1 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Se calcula que el 90% de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos.

Se calcula que el 90% de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos. (A.P.)

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Se calcula que el 90% de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos.

En 1949, el De Havilland Comet, revolucionaba la aviación comercial. Superó la altitud a la que volaban sus antecesores (evitando así el mal tiempo y aumentando la seguridad). Además, era menos ruidoso (más confort) y más rápido que los tradicionales aviones de hélice. Pese a sus enormes ventajas, no duró mucho. En 1954 tuvo dos accidentes que provocaron 56 fallecidos. Tras largas investigaciones, se supo que la forma cuadrada de las ventanas, aumentaba la presión en sus esquinas, que a su vez provocaba rupturas de material. La sociedad se conmocionó y estos aviones nunca transportaron a más personas. Y las ventanas dejaron de ser cuadradas.

Hace unos días, una persona que cruzaba la calle fuera de los espacios habilitados para ello fue atropellada por un coche autónomo de Uber. Dentro del coche iba un conductor humano de seguridad, para así poder reaccionar ante posibles situaciones imprevistas difíciles de imaginar en la programación del software autónomo. No se conocen muchos detalles, pero sabemos que el humano no intervino. Tampoco estoy seguro que hubiera podido hacer mucho. El coche iba a 61 kilómetros por hora en una zona en la que se debía ir a 56.

Este suceso ha traído bastantes comentarios y críticas tecnológicas. Las dudas, sospechas y miedos se centran en la tecnología de los coches autónomos. Muchos y muchas se hacen dos preguntas fundamentalmente: ¿Será fácil la convivencia con vehículos que sabemos se conducirán solos? ¿Se pudo haber evitado el accidente de alguna manera?

Cada vez que se lanza una tecnología que cambia la forma de hacer las cosas, acontecen situaciones imprevistas. En mayo de 2016, una persona viajando dentro de un Tesla autónomo falleció. La semana pasada ocurrió otro accidente mortal de Tesla. Todavía se está investigando si iba en modo autopilotado. En diciembre de 2016, un coche de Uber no reconoció un semáforo en rojo. En marzo de 2017, otro vehículo tuvo un grave accidente a alta velocidad.

La evolución tecnológica suele, por desgracia, desarrollarse así. Situaciones imprevistas generan un terrible suceso pero que, tras acontecer, se corrige y la sociedad evoluciona. Después del De Havilland Comet, apareció el primer Boeing. Los coches autónomos vienen equipados con cámaras, radares y sensores que son capaces de ver como si se tratara de un humano. Pero claro, sin cansarse o distraerse, como lo hacemos nosotros. Es difícil saber exactamente qué es lo que falló hace unos días hasta que se analicen los registros del software autónomo del vehículo. Pero evolucionará.

¿Es racional nuestro miedo al coche autónomo? Elon Musk, el fundador de Tesla, señalaba que “en este momento nuestro sistema es probablemente mejor que un ser humano conduciendo en autopista”. Se calcula que el 90% de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos. El accidente de mayo de 2016 fue el primer accidente mortal tras 130 millones de millas recorridas con el modo autónomo. La media de vehículos tradicionales es de un accidente mortal por cada 100 millones de millas. Se conoce como disengagementslos momentos en los que un conductor de seguridad debe intervenir en la conducción de un autónomo. Waymo ha conseguido ya recorrer 5.600 millas sin tener que requerir intervención humana. General Motors, 1.250. Nissan, 210. Estos tres también son los que más experimentos y pruebas han realizado en los últimos años. Cuanto más lo entrenan, mejor les va.

No creo que sea el momento para poner en duda una tecnología por un suceso. Tampoco creo que el miedo sea racional. Es cierto que necesitamos transparencia en las investigaciones para recuperar la confianza de la ciudadanía. Quizás incluso una investigación auditada. Pero, a cambio, creo que es bueno pedir a la sociedad cautela. Algunos fabricantes ya han suspendido sus pruebas ante lo ocurrido. Por otro lado, las críticas se están centrando mucho en la tecnología, pero poco en los lugares donde se está probando. Quizás debieran usarse menos las carreteras públicas, y más entornos controlados.

Como suele pasar, seguramente, olvidaremos pronto lo sucedido. Y volveremos a enamorarnos de estas tecnologías. La amnesia tecnológica es un clásico.

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