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Athletic 1 - Celta 1

Sin la debida recompensa

El Athletic cede el empate en el tiempo añadido de un partido que, por juego y ocasiones, mereció ganar

José Luis Artetxe - Domingo, 1 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El guardameta Kepa Arrizabalaga realiza una estirada para desviar el disparo del Celta.VER GALERÍA

El guardameta Kepa Arrizabalaga realiza una estirada para desviar el disparo del Celta. (Reportaje fotográfico: José Mari Martínez y Oskar González)

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El guardameta Kepa Arrizabalaga realiza una estirada para desviar el disparo del Celta.

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  • Unai Núñez celebra con rabia y alegría su primer gol como jugador del Athletic en partido oficial.
  • Williams, Raúl García e Iturraspe piden explicaciones a Del Cerro Grande por no señalizar un penalti claro al primero.
  • Iturraspe fue el mejor contra el Celta.
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ATHLETIC: Kepa;De Marcos, Unai Núñez, Iñigo Martínez, Balenziaga (Min. 81, Lekue);Susaeta, Iturraspe, San José, Córdoba (Min. 71, Aduriz);Raúl García (Min. 79, Beñat) y Williams.

CELTA: Sergio Álvarez;Hugo Mallo, Cabral, Sergi Gómez, Jonny;Wass (Min. 63, Pablo Hernández), Lobotka, Radoja (Min. 73, Brais Méndez);Iago Aspas, Lucas Boyé (Min. 63, Pione Sisto) y Maxi Gómez.

Goles: 1-0: Min. 55;Unai Núñez. 1-1: Min. 91;Brais Méndez.

Árbitro: Del Cerro Grande (Comité madrileño). Mostró tarjeta amarilla a los locales Williams, Iñigo Martínez y Unai Núñez, y al visitante Maxi Gómez.

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésima jornada de LaLiga disputado en San Mamés ante 33.657 espectadores, según datos oficiales. De ellos, varios centenares de seguidores del Celta..

bilbao- Las buenas intenciones exhibidas durante gran parte de la tarde se fueron al traste con un gol del Celta en el tiempo añadido. Cuanto hizo el Athletic, que fue bastante más que su rival, a la hora de la verdad no contabilizó para certificar una victoria merecida. Resultó evidente que el equipo fue acusando el esfuerzo, se replegó en exceso y lo acabó pagando, pero si hay que buscar una razón que explique el empate se ha de mirar a la falta de puntería o pericia en los metros decisivos. Con una pizca de acierto o inspiración en alguna de las múltiples llegadas que fabricó, el partido difícilmente se hubiese escapado. Se debe apuntar asimismo que hubo como mínimo una decisión del árbitro que perjudicó gravemente a los rojiblancos, que esta vez tomaron el camino de la ducha satisfechos por haber brindado una actuación que apenas guardó parecido con tantas de la presente temporada.

Para los amantes del cálculo ayer se escenificó el final del cuento de la lechera. Derrotar al Celta, recortarle tres puntos y sentir la inercia positiva para agarrarse al factor San Mamés, donde se ponían en juego quince puntos indispensables para la escalada, todo esto, que lógicamente tenía que aderezarse con una mejora sustancial en las prestaciones, se esgrimía antes de la cita como la última bala del curso. Ahora, después de haber sumado un solo punto, es posible que ni siquiera la buena impresión causada sirva de consuelo, pero bien mirado esa remota posibilidad de codearse por un objetivo muy caro continúa estando ahí para quien quiera alimentarla. El optimismo nunca está de sobra, menos si se han invertido tres cuartos de campaña transitando por terrenos pantanosos.

Y por otra parte, al margen de dónde termine en la tabla, el equipo está obligado a enseñar que, como demostró a sus seguidores, no se va a rendir y está capacitado para competir con argumentos convincentes. Que se le tuerza la función es algo asumible, el hecho de ofrecer mejor fútbol que el contrario no garantiza el éxito, pero si se observa un funcionamiento armonioso y ambición, el regusto merece la pena incluso con un empate. Los problemas del Athletic y la distancia que le separa de Europa, no son consecuencia de las tablas con el Celta. Su circunstancia actual sería diametralmente opuesta si la intensidad y la soltura presenciadas ayer hubiesen asomado con mayor asiduidad desde el verano.

Durante una hora larga, Arrizabalaga estuvo inédito. Ni tocó la pelota hasta que su vecino Iñigo le obligó a entrar en calor con un despeje venenoso, preludio de un par de acciones muy comprometidas, la segunda de las cuales subió al marcador. Había logrado el Athletic imponer su ley desde el mismo comienzo, obligando al Celta a instalarse en su campo. Con un juego incisivo, variado y constante, fue coleccionando llegadas, pero el premio a su propuesta se hizo muchísimo de rogar. El 0-0 al descanso parecía una penitencia para el único interesado en resolver dicha igualada, ese marcador castigaba la creatividad y la valentía, el afán de enmienda de los hombres de Ziganda. Constituía un mal augurio, pues en absoluto reflejaba el desarrollo del choque y concedía a los gallegos vida para, como luego sucedería, subirse a las barbas de un Athletic honrado y lúcido en diversas facetas.

Firme en la contención, con múltiples robos, ahogando la salida a ras de césped característica de los vigueses, el Athletic estableció un ritmo a su gusto. Las posesiones cobraban sentido, había múltiples alternativas de pase por la movilidad de Córdoba, que arrancó muy activo, Susaeta y Williams, cuya potencia martirizó a los centrales. Raúl García y San José cargaban con una tarea más gris, pero efectiva, dando entre todos la sensación de solidez a un plan que Iturraspe dirigía con criterio. De Marcos aparecía por el costado, en fin, era una ofensiva ágil y vistosa, con el único pero de la culminación.

EL PENALTI Por una mera cuestión de perseverancia, el gol tenía que caer. Los celestes ni levantaban la mirada para conectar con sus puntas, se la quitaban de encima y punto. Tras malgastar servicios al área de todos los colores y diversos chuts sin la dirección deseada, llegó el lance polémico. Williams penetró en el área y cayó. Se cumplía media hora y el árbitro amonestó al delantero por simular falta, pero el contacto de Jonny fue claro, no alcanzó el balón y sí la pierna del hombre que se le iba. La bronca consiguiente no alteró el panorama, Sergio siguió ocupado hasta el intermedio, trance amenizado con una sonora pitada a Del Cerro Grande.

No andaba el Athletic sobrado de fortuna, sí de voluntad y arrojo, como para que le birlasen un penalti de libro, pero quizá porque lamentarse no rinde beneficio, la historia del encuentro no experimentó alteración en la segunda mitad. Williams volvió a tener una oportunidad a pase de Córdoba, que sirvió paralelo al punto de penalti según le caía un precioso cambio de orientación de Iturraspe. Y a la salida de un córner corto que Raúl García cabeceó como un obús a la madera, Núñez, más rápido que nadie, alojó en la red el balón muerto en boca de gol.

Durante el siguiente cuarto de hora, no permitió el Athletic que el Celta se estirase. Se atuvo al guión previo mientras Unzue refrescaba sus líneas, pero a diez de la conclusión, se apreció cómo el campo se inclinaba hacia Arrizabalaga. Williams pasó a la derecha y se perdió profundidad, Beñat ni sujetó a Lobotka ni mezcló con Aduriz. El instintivo temor a perder la ventaja combinado con el severo desgaste favoreció el surgimiento de Aspas y el renacer de los laterales, Mallo y Jonny. El empate cayó con el área infestada de piernas y aún pudo ser peor porque quiso el Athletic, orgulloso, lanzarse a por el segundo y el Celta montó dos contras de vértigo, además de un trallazo de Mallo que Arrizabalaga sacó con la ayuda del poste. El descontrol estuvo cerca de costar un disgusto mayor, pero el mismo empate sentó como un tiro, por injusto.

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