Tribuna abierta

La vida de un troyano de Azpeitia

Por José Félix Azurmendi - Viernes, 30 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jose Felix Azurmendi

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Columnista Jose Felix Azurmendi

SINTIÉNDOSE morir, aita Iñaki de Azpiazu, que era como se le conocía en Argentina, dictó un artículo que DEIA publicó el 31 de marzo de 1988, mañana hace exactamente treinta años, bajo el título de El Caballo de Troya. Contaba que como tal se veía y sentía él, al reconocer que había tenido una vida muy movida, muy agitada, que “alguna vez tenía que hacer plante”. Obsesionado con la problemática de Euzkadi, Azpiazu explica en aquel escrito que algunos creen que lo más grave es el terrorismo, pero no es eso lo que él piensa, porque “el tremendo problema de Euzkadi es que hay dos nociones de Patria” y que de cada una de ellas nacen dos corrientes, no sólo de opinión, sino de acción: “Ya sucedió en el 36…”. Ve lógico que a los cuarteles de la Guardia Civil los presida un “Todo por la Patria”, y también que en los lugares de entrenamiento de ETA, que ha visitado “en alguna ocasión”, se defendiera un “Todo por Euzkadi”. A su juicio, la violencia de Euzkadi es una consecuencia del enfrentado concepto de Patria, que unos confiesan paladinamente, aunque “otros no se atreven a ir hasta las últimas consecuencias, y anden a medias”. Pero, ¿quién era este hombre nacido en Azpeitia el 1 de febrero de 1910, que fallecería 18 días después de dictar este artículo en una residencia de la provincia de Buenos Aires?

De Belloc a Buenos Aires Las tropas franquistas toman su pueblo el 20 de septiembre de 1936 y le hacen saber que es detenible y fusilable. Rehuye la vigilancia que le han puesto y, tras unos meses de un lado a otro, el 26 de abril de 1937, fecha del bombardeo de Gernika, se refugia en Belloc. Entre esta fecha y el 14 de marzo de 1947, en que desembarca en Buenos Aires, hará de capellán de republicanos vascos y españoles, de internados en el Campo de Gurs, de la Brigada Vasca de Ordoki y de la que los americanos entrenan en un castillo de Rothchild, cerca de París. Antes de embarcar hacia Argentina, se ha hecho betharramita, la orden de los curas bayoneses, pero solo por tres años. Por motivos religiosos, políticos e ideológicos, se enfrenta al Perón que lleva ya un año en la presidencia, circunstancia que va a marcar definitivamente su vida. Tendrá en Argentina trato con dirigentes socialistas, radicales y fundadores de la Democracia Cristiana, pero nunca con peronistas. En 1952, fallece Evita y en 1955 es derrocado Perón por un golpe militar que encabeza un estrecho amigo de nuestro personaje y de los vascos: Pedro Eugenio Aramburu. Cuando La Quincena, publicación cubana de los franciscanos, casi todos vascos, a finales de 1959 hace la presentación del entrevistado padre Azpiazu, dice de él que ha llegado de Argentina, donde su nombre y su obra sacerdotal tienen una resonancia extraordinaria;recuerda también que fue secretario de monseñor Tato, el único obispo encarcelado y expulsado del país por Perón, acusado de haber organizado la marcha de Corpus Christi del 11 de junio de 1955 en la que participaron miembros de la Armada que días después bombardearían la Plaza de Mayo, adelantando así al 16 de junio el derrocamiento de Juan Domingo en nombre de la Revolución Libertadora que hizo presidente de facto a Aramburu.

La Quincena le presenta como organizador de Semanas Sociales, como Jefe de Asistencia Espiritual de las Cárceles desde 1951 y hasta que Perón lo destituye diez meses antes de su derrocamiento;como creador del Secretariado de Ayuda Cristiana a las Cárceles, una vez repuesto en el cargo por el presidente Aramburu. Es esto lo que explicaría su viaje a Cuba y su interés por el sistema penitenciario que la Revolución está impulsando. El balance que de él hace es muy satisfactorio para el régimen, como lo son también las palabras que contra el clero contrarrevolucionario franquista viene de hacer en Caracas. Las utilizará Fidel en una sonada comparecencia en televisión a la que el embajador de España, Juan Pablo de Lojendio, responderá airadamente provocando su expulsión de Cuba. Azpiazu está ya entre tanto en México, en cuyo Ateneo Español pronuncia el 19 de enero de 1960 una ambiciosa conferencia sobre la Crisis de Occidente y nuestra actitud ante ella. Va camino de Europa. Le acompaña el infarto de miocardo que le ha sobrevenido cuando la hija del teniente general Juan José Valle, quien dirigió el golpe contra la Revolución Libertadora, le veta en capilla como confesor de su padre, por “gorila y oligarca”, y por ser el confesor y confidente de Pedro Eugenio Aramburu.

Un informe de la Policía española En junio de 1960 está en la casa de Londres del azpeitiarra Gregorio Segurola, Potxolo, con la intención expresada de mejorar su inglés. Por poco tiempo: Euskadi le llama. Están pasando cosas muy importantes. Se ha hecho pública la carta colectiva de los 339 sacerdotes, ha nacido ETA, ha muerto el Lendakari Aguirre;Juan XXIII está trayendo aires nuevos a la Iglesia católica. Un informe de la Policía española del 27 de marzo de 1963 le compara con el Padre Berenguer, “uno y otro tienen el mismo vocabulario, basta cambiar colonialismo por franquismo, aspiran a una especie de castrismo, en el que cristianos y comunistas harían buena pareja”.

Dice la Policía de Azpiazu que en el curso de los últimos quince años ha desempeñado un papel importante en la propaganda antifranquista en las esferas católicas de América del Sur;que fue a ver a Fidel Castro, “con el que se relacionó amistosamente” y “estuvo en el origen de la rápida ruptura de relaciones diplomáticas entre España y la República de Cuba”. A la Policía no le ha pasado inadvertida tampoco su asistencia en Israel, en abril de 1961, al desarrollo del proceso Eichmann, “en calidad de periodista y de representante del Gobierno argentino”. Cree saber que, aunque “oficiosamente” está en Baiona como capellán de la colonia española, “está secretamente en relación con los nacionalistas vascos de ETA residentes en territorio español”. En ese mismo informe, se dice de ETA que en sus filas no hay elementos anarquistas, porque “es demasiado nacionalista y católica” para ello.

Mantuvo, en efecto, una buena relación con los primeros refugiados de ETA en Iparralde. Txillardegi, por ejemplo, vivió en Angelu en la casa que había sido residencia previa de Iñaki, quien se prestó también a dar testimonio moral favorable de Julen Madariaga y Eneko Irigarai en el juicio de Baiona que se tradujo en su expulsión de territorio francés.

Vivencias que explican El 3 de mayo de 1967, la prensa española publica que el TOP le ha condenado a seis años y un día de prisión y 25.000 pesetas de multa por circulación de noticias falsas en un Ensayo de diálogo sobre las aplicaciones postconciliares dentro del Estado Español. En mayo de 1972, Luis Mugica le hace saber desde Lima a Manuel Irujo que ha conversado en Buenos Aires con su hermano Pello y con el P. Iñaki de Azpiazu, de quien dice que habiendo sido “pre-postconciliar, se ha quedado, con el tiempo, en preconciliar”. Y añade que realiza una gran labor liberando liberados: “Quizá por una afinidad obligadamente adquirida con los presos comunes, le parezca lo de la ETA una competencia desleal de aquellos”. El personaje que la Policía española describió ha pasado por vivencias que pueden explicar el cambio. Le ha correspondido un rol protagonista en el Aramburazo, la ejecución de su amigo por parte de los que en adelante se conocerán como Montoneros y reivindicarán un peronismo de izquierda. Está viviendo con preocupación los cambios profundos en el clero socialmente comprometido en Euskadi y en América Latina, incluso los misioneros vascos de Ecuador, con su obispo al frente, parecen haberse dejado enredar en teologías de liberación y otras desviaciones. Su mundo y manera de entender el compromiso se tambalea. En 1975 está de nuevo en Europa, en París e Iparralde, y lo que le dicen don Alberto Onaindia, Anton Irala y compañía sobre ETA y sobre los nuevos aires y protagonistas del PNV, entre ellos un ex jesuita aupado por Ajuriaguerra, no hacen sino aumentar su desasosiego. De regreso a Buenos Aires, se tiene que enfrentar al secuestro de un joven del Laurak bat y su novia, hijo de amigos muy cercanos. Ni sus gestiones ni las de Andoni Astigarraga ante las más altas autoridades policiales y militares conseguirán que el secuestro no concluya en desaparición definitiva.

En 1977, de visita en Euskadi, norte y sur ya, es entrevistado por laGoiz Argi de los bultzagile y la Garaia de ESB. Insiste en que viene sobre todo a ver, en que no está comprometido con nadie, en que “la determinación de cuál es la patria de cada uno no entra en la problemática religiosa y no debe ser objeto de la evangelización sacerdotal”. Para la reedición de La Baskonia, la publicación histórica por excelencia de los vasco-argentinos, se elegirá una foto suya en portada, con la leyenda de un hombre “respetado y querido por todos”. Sostiene la revista que “vivimos en un país maravilloso” y un pueblo unido en derredor del campeonato mundial de fútbol. Es 1978, preside el país el dictador Jorge Rafael Videla y todos los días desaparece gente. El número 1 de esta La Baskonia reeditada anuncia la ‘Misa de los Baskos’ celebrada por el padre Iñaki Azpiazu en la Iglesia de San Juan Bautista (Alsina y Piedras). En la Semana Vasca de 1986, en Mar del Plata, todavía está como para celebrar una misa al aire libre, en la costanera, cerca del paseo Jesús Galíndez, en presencia de Xabier Arzalluz y otras autoridades vascas y argentinas. Contó Josu Legarreta a su muerte que ese día había tenido ocasión de hablar con él de todo lo divino y humano, de Euskadi y de los presos, pero también de amor, sexo, fe, teología de la liberación. Poco después sintió que su salud se deterioraba y fue ingresado en una residencia de Ezeiza, donde falleció. Sus restos fueron velados en la institución que había fundado y por ella desfilaron cientos y cientos de personas de todos los sectores sociales, políticos, sindicales, policiales y presos liberados. El entierro tuvo lugar en El Pilar, a 54 kilómetros de la capital. De su archivo privado, que algunos situaron en un domicilio de Donostia, nunca más se supo: ya sucedió con otros ilustres personajes del exilio vasco de la guerra.

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