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80 millones de euros de claúsula

La evolución de Williams se frena

El delantero, pese a jugar siempre, no está siendo capaz de confirmar con su rendimiento las buenas maneras apuntadas en temporadas anteriores

José L. Artetxe - Jueves, 29 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Williams realiza un ejercicio en el entrenamiento de ayer en Lezama.

Williams realiza un ejercicio en el entrenamiento de ayer en Lezama. (Juan Lazkano)

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Williams realiza un ejercicio en el entrenamiento de ayer en Lezama.

Bilbao- El Athletic cerró en enero dos renovaciones de contrato impactantes. Iñaki Williams y Kepa Arrizabalaga firmaron sendos acuerdos hasta 2025 con cláusulas de 80 millones de euros y fichas que no trascendieron, pero que por simple deducción les convierte en los mejor pagados de la plantilla. Aparte de que deberían servir como blindaje ante el interés de otros clubes, ambas iniciativas poseen un valor estratégico para apuntalar el proyecto deportivo en el medio y largo plazo. Las operaciones, aunque coincidentes en el desenlace y en las fechas en que se consumaron, difirieron en su gestación. La principal diferencia estribó en que Williams nunca ocultó su afán por continuar en el Athletic, mientras que Arrizabalaga necesitó casi año y medio para tomar la decisión, lo cual contribuyó a generar serias dudas sobre su destino. Una vez se hizo oficial que seguirían en la entidad, portero y delantero pasaron a convertirse en referencias a todos los niveles. Por descontado en el plano económico y por supuesto en el deportivo. No obstante, no dejan de ser dos jóvenes con un recorrido breve en la máxima categoría, sobre todo Arrizabalaga, por lo que aún se les debe conceder un margen para que puedan demostrar que efectivamente merecen el tratamiento que el club les dispensa.

Por decirlo de otra forma, el Athletic ha cumplido con su parte, en el sentido de que les ha asegurado el porvenir mediante un vínculo que solo puede favorecer su asentamiento y explosión. Ahora les toca a ellos confirmar con el rendimiento que dirigentes y técnicos han obrado acertadamente en beneficio de los intereses de la entidad. No se trata de ponerles la lupa encima en cada partido y someterles así a una presión contraproducente, si bien resulta entendible que haya un seguimiento acorde a la expectativa que se deriva de su nuevo estatus. Y puestos a analizar trayectorias, da la sensación de que Williams es quien peor ha asimilado la ostensible mejora introducida en su situación profesional. Centrarse en lo que ha ofrecido de enero hasta hoy conduce a dicha conclusión, pero en este tramo del calendario tampoco se observa una variación sustancial respecto a lo que el bilbaino ha venido dando a lo largo de la temporada.

Se mire como se mire, no es el año de Williams. La reflexión es aplicable a la mayoría de sus compañeros y explica que el colectivo no funcione. Pero aceptando que el suspenso general es utilizable como atenuante, la aportación de Williams no se corresponde a la de un hombre que se considera fundamental, sobre el que se han depositado grandes esperanzas.

Se ha hecho hincapié en su escasa producción goleadora. Hablamos del futbolista que ocupa el tercer escalón en la lista de goleadores por detrás de Aduriz y Raúl García. Es el orden que se repite cada curso y persiste en el vigente, pero hay dos aspectos que penalizan a Williams. Por una parte, él es por edad un jugador en crecimiento, en plenitud, y los otros dos, rebasada ya la treintena, se hallan en la etapa final de sus carreras. Además, la cuota de goles de Williams se antoja insuficiente. Lleva ocho goles, que no serían pocos si no fuese porque esa cifra es la consecuencia directa de la escasa puntería de que hace gala.

Si se realizase un repaso de las situaciones propicias que Williams no ha sabido convertir, balones de que ha dispuesto en el área con la única oposición del portero de turno, la conclusión hablaría de un déficit importante. La pericia, el temple para resolver en los metros finales, no se cuenta entre sus virtudes. Al menos, no se percibe una mejora en alguien que no puede escudarse en la falta de oportunidades y que prácticamente juega siempre. Este año únicamente ha dejado de intervenir en dos de los 45 encuentros oficiales.

La percepción de que se ha estancado, pese a que lleve ya tantos goles como los que logró en el ejercicio previo en 49 partidos, es inevitable y trasciende al capítulo goleador. El comportamiento de Williams, con excesiva frecuencia desconectado del juego, desubicado para aprovechar sus condiciones, la potencia en carrera por encima de todas, o escogiendo mal las decisiones a tomar en cada momento, dicen que su evolución se ha frenado.

Es posible ilustrar esa ausencia de progresión con estadísticas del tipo de las ya comentadas. San Mamés no le ha visto marcar en liga desde diciembre de 2016, cuando no se ha perdido ni una de las últimas 72 citas del Athletic en dicho torneo. Una anécdota salvo porque más allá de los números, planea la impresión de que a Williams le está costando confirmar el potencial que se le adjudica.

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