Thierry Biscary ExKalakan

“Hay que cantar más, incluso en el autobús, porque la voz es el instrumento más puro”

El músico de Iparralde presenta el debut de su nuevo proyecto hoy en Azkuna Zentroa, en un recital gratuito

Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Thierry Biscary.

Thierry Biscary. (Foto: Ion Markel-Ibai Arrieta)

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Thierry Biscary.

bilbao- El exKalakan Thierry Biscary (1976. Anhaux) toma el nombre de su aitona en su nuevo proyecto musical, Manez eta Kobreak, cuya gira arranca hoy con un concierto gratuito en Bilbao, en la inauguración de Basque Fest, en Azkuna Zentroa, a las 20.00 horas. “Hago música muy popular, pero adaptada a 2018 y con ecos de Músicas del Mundo”, explica el músico, que ha contado con ayuda de poetas y bertsolaris como Jon Maia, Uxue Alberdi, Xabier Euzkitze, Aurelia Arkotxa e Itxaro Borda. La gira continuará el 5 de abril en el Auditorio del Museo de la Universidad de Navarra, el 7 en Hendaia, y a mediados de marzo en la Umore Azoka de Leioa antes de acudir a Moissac y Baiona, ya en junio.

Dejó Kalakan, un grupo establecido y con tirón, para viajar en solitario.

-Con Kalakan aprendí mucho y lo pasé muy bien, pero este proyecto era previo. Mi intención era mezclar voces y metales de manera acústica, y se lo planteé a Vianney Desplantes y Bixente Etchegarai, que tocan lombardino y trompeta. Dijeron que era posible aunque lo aparté por Kalakan. Y en 2016 lo retomé al dejar el trío, casarme y ser aita. Es una de las grandes razones de mi abandono de Kalakan;del resto no me gusta hablar porque cada grupo tiene su recorrido.

Y llegó el suyo propio.

-Exacto, era el momento y estoy muy satisfecho aunque tenía trabajo con Kukai Dantza Taldea, Oreka TX, las hermanas Labèque... Buscaba algo más personal. Mixel Ducau ha entrado recientemente en Kobreak hasta que Ana Telletxea, que toca el acordeón, tenga a su hijo. En Bilbao estarán juntos ambos.

¿Lo de Manez, de dónde procede?

-Era el apodo de aitite, el del baserri donde nací, entre Baigorri y Garazi. Y el disco tiene mucho que ver con mi aita también. He vivido siempre en un entorno muy rural, entre vacas. Es una manera de asumir mis raíces aunque necesito adaptarlas al presente. Es como Amama, la película. Yo sería esa chica y estas canciones me permiten pasar página, utilizar las historias y estampas de mi aita y de los amigos cercanos.

Y acercarlas a 2018, ¿no?

-Claro. El disco tiene una base muy tradicional aunque también ofrece pistas abiertas hacia el futuro, hacia las llamadas Músicas del Mundo.

En el uso de los metales, por ejemplo, muy ligados últimamente a Centroeuropa.

-Sí, es verdad. Es música muy popular y también hay ecos de pasodoble, de romería, de jazz, algún pelín de ritmo latino... Soy mestizo, no es tradición pura. Y me encanta la melodía, es la base. He hecho verbenas y si algo se puede silbar y tararear, me quedo con ellas. Respecto a los metales, vi a Björk, en la gira Volta, y ahí me decidí al ver su capacidad de riesgo e innovación. Si pudiera hacer el 10% de lo que ella (risas)... Llevaba unas chicas a los metales con unos arreglos...

Pero nada puede con las voces y algunas percusiones.

-El uso de las percusiones es más sutil que en Kalakan, pero la base del disco es la voz;incluso a capela. Y los arreglos de metales parten de la voz, de mí tarareando y después los músicos mejorándolos. Y sobre la voz... es el instrumento más puro y natural, sin duda. Es capaz de hacer cosas increíbles y llegar al interior de la gente. Hasta el micrófono y el escenario crean una distancia y una barrera. Tenemos que cantar más, incluso en los bares. Hay que buscar lugares;incluso en el autobús, como sucede en algunos países.

¿Cuidan más la voz en Iparralde que en Hegoalde?

-Hay mucha tradición y grandes cantantes, como Martikorena, Bedaxagar... pero aquí también. En Hegoalde, con el franquismo, la cultura euskaldun entró en la sociedad del espectáculo y creo que a lo popular no se le dio el valor que debía tener. Está claro que hablamos y cantamos diferente. Aquí se usa más la nariz y es más complicado cuando se mezclan voces. Lo he notado ahora, que vivo en Donostia y he trabajado en el disco con músicos de ambos lados de la muga.

Lo veo como un disco sobre su identidad, ¿verdad?

-Tiene razón, se convirtió en eso después de Kalakan. Es como preguntarme quién soy y quién quiero ser. Tomo mi makila, salgo de casa y ¿ahora qué, hacia adónde voy? Esa es la idea.

Chicas que abandonan el mundo rural para ir a París, personajes bohemios, viudos que se consuelan, tribulaciones de campesinos, amores de cuentos de hadas, las viudas que danzan en Bermeo para superar la muerte de sus maridos arrantzales... Le pidió a poetas y bertsolaris ayuda en las letras.

-Sí, han colaborado Jon Maia, Uxue Alberdi, Xabier Euzkitze, Aurelia Arkotxa e Itxaro Borda. Tenía algunas viejas pero la letra no conectaba en algún caso. Y tenía estos talentos enormes. Empecé con Alberdi y todos me abrieron la puerta. Yo llevaba un guión de la historia, el fondo y los personajes. Incluso de la estética, del paisaje;y ellos lo tradujeron porque son grandes poetas.

¿Y cómo se traducen cuando canta en directo estas historias y canciones?

-En dos formatos: uno acústico e itinerante, como una kalejira que recorre un pueblo y cuenta una historia de anécdotas pequeñas contadas y cantadas;y otro más de concierto normal, como el que haremos en Bilbao. Habrá sillas en el escenario, como tienen los bertsolaris, porque cantar es contar. Así lo creo, así lo hacía Jacques Brel, casi un actor que vivía sus canciones.

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