El sacacorchos

Funcionarios sin oposición

Por Jon Mujika - Martes, 27 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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YO, tú y sí, usted también. La inmensa mayoría del común de los mortales -hay otros tipos que la prudencia aconseja no definir por cautela...- somos contribuyentes, personas que trabajan para el Gobierno, pero sin haber hecho las oposiciones a funcionario, definición que escuché tiempo atrás y se me quedó grabada, vaya a saber por qué. A un paso de la gran evasión de Semana Santa que se avecina ya se anuncia una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: una declaración hecha sin amor alguno. Ni a los derechos humanos ni a la persona querida;ni a las libertades universales que derivan en la idependencia de los pueblos ni a las libertades individuales que nos configuran como seres humanos civilizados. La declaración de la renta es, para muchos de nosotros, lo mismo que fue para Einstein, tal y como confesó el propio genio, un infierno de papeleos. ¿Será por eso mismo que algunos traten de esquivarlos yendo a las antípodas, a los paraísos fiscales? Quien sabe.

De las deducciones deduzco que la gente se estruja las meninges para rebajar los pagos fiscales. Para la vivienda o para la manutención de los hijos: por invalidez o como alivio a la presión fiscal, que en según qué casos es más axfisiante que la bomba de la bicicleta. Ni con esas. Quien ha cobrado más a lo largo del año ha de pagar más para que se mantengan las políticas sociales. Y siendo justo, sobre el papel y en la teoría, ese equilibro, a muchos santos varones y sufridas mujeres nos preocupa una cuestión: ¿llegaremos a ver el retorno? Las jubilaciones se han puesto en tela de juicio y hay algunos servicios que más que dejarnos réditos y comodidades dejan que desear. Es entonces cuando nace un derecho universal: el derecho a quejarse.

¿Por qué tantas protestas cuando vemos la necesidad de arrimar el hombro para no dejar heridos en la cuneta?, se preguntarán algunos. Quizas porque a muchos les parezca, nos parezca, que las promesas que hicieron ayer los políticos son los impuestos de hoy. O porque a mucha otra gente se le antoja que se dispara con pólvora del Rey desde los cargo públicos, atalaya desde donde resulta muy sencillo emplear recursos que no son propios y correr riesgos con el patrimonio ajeno, apuestas que en poco o nada benefician a la comunidad. y cuando esto ocurre viene la madre de las preguntas: ¿para esto pagué?

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