Tecnyconta Zaragoza 81-61 Bilbao Basket

Vuelta a las andadas

El Bilbao Basket, sin acierto ni espíritu, ofrece una de sus peores versiones del curso y pierde con estrépito en su visita al Zaragoza

Jon Larrauri - Lunes, 26 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Mickell Gladness, atosigado por Juanjo Triguero y Nikola Dragovic, trata de sacar el balón. Reportaje fotográfico: Efe y ACB Photo/E. Casas

Mickell Gladness, atosigado por Juanjo Triguero y Nikola Dragovic, trata de sacar el balón. Reportaje fotográfico: Efe y ACB Photo/E. Casas

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Mickell Gladness, atosigado por Juanjo Triguero y Nikola Dragovic, trata de sacar el balón. Reportaje fotográfico: Efe y ACB Photo/E. Casas

Bilbao- Si alguien intuyó en la rumbosa victoria ante el Betis Energía Plus una especie de renacer, el resurgimiento de un Bilbao Basket más sostenible y eficaz una vez haberse desprendido de la archimencionada mochila de las derrotas consecutivas, se equivocó de lleno. Para quien sostenía que era el mental el principal factor que atenazaba a los hombres de negro, la contienda de ayer en el Príncipe Felipe dejó a las claras que lo que verdaderamente frena al conjunto vizcaino son sus brutales carencias de juego, sus tremendos problemas estructurales que le convierten en un conjunto romo, predecible, blando y de escasísima calidad y consistencia, tanto individual como grupal. Este Bilbao Basket está hoy en día para muy pocas batallas, más si le falta como ayer una pieza vital como Dejan Todorovic (severo esguince de tobillo), su único jugador solvente en ambas canastas. Está para ganar en casa a equipos de la zona de descenso en un día inspirado y poco más. Ni siquiera para oponer resistencia a domicilio a un Tecnyconta Zaragoza, que comparecía con el mismo balance que los bilbainos y muy debilitado en su rotación de pívots tras no haber fichado aún para sustituir a Jarvis Varnado y terminó el día absolutamente revitalizado.

La matinal fue todo un paseo para los de Pep Cargol porque el conjunto de Veljko Mrsic no hizo ni cosquillas. Su comportamiento fue parecido, o incluso peor, que el del Betis siete días atrás en Miribilla. Un grupo humano sin filo, ritmo, ni acierto en ataque y sin consistencia ni energía en labores de retaguardia. No fue ya que los hombres de negro no sacaran ventaja de los problemas del anfitrión en el juego interior, sino que fueron los locales los que dominaron en esta faceta del juego, con 18 puntos entre Nicolas De Jong y Juanjo Triguero. Y en el juego exterior no hubo color. Tomás Bellas y Paul Stoll jugaron totalmente a placer (el primero fue el encargado de destrozar el partido en el ecuador del segundo cuarto), mientras que Gary Neal apenas gastó cinco tiros de campo para marcharse a los 13 puntos mientras activaba su faceta más altruista, con cinco asistencias, ante las facilidades que le daba la zaga rival. ¿Y en las filas bilbainas? Nada. Nada de nada. Ni por dentro ni por fuera, ni entre los titulares ni entre los suplentes. Los visitantes comparecieron desatinados desde la larga distancia y tampoco activaron ningún otro recurso. Devin Thomas (13) y Shane Hammink (10) fueron los únicos en alcanzar los dobles dígitos en anotación aprovechando los minutos finales de maquillaje dentro de un equipo que acabó con un horrible 20% en triples y un 35% en el global de lanzamientos de campo, lo que debería llevar a la reflexión porque delante no es que estuviera precisamente uno de los mejores equipos defensivos de la competición.

Las constantes vitales ofensivas amanecieron adormecidas para ambos contendientes. Sin ritmo y con porcentajes de bajos, fue el Zaragoza el conjunto que mejor se acopló a esas ásperas constantes vitales. El 10-6 a tres minutos de la conclusión del primer acto dejaba claro lo que estaba siendo el partido para un Bilbao Basket que presentaba un horrible 2 de 12 en tiros de campo y un 0 de 5 en tiros de tres puntos. Los de Cargol apostaron descaradamente por cerrarse en la pintura y dejaron hacer desde la línea de 6,75 a su rival, pero los de Mrsic comparecieron con un quinteto sin amenaza exterior (especialmente desatinado un Hammink titular por la ausencia de Todorovic) y no sacaron nada desde la larga distancia. La entrada en pista de los jugadores de refresco sirvió esporádicamente para equilibrar la balanza, pero los constantes viajes de Neal a la línea de tiros libres sirvieron a los anfitriones para cerrar en ventaja los diez primeros minutos (17-13). El 27% en tiros de campo dejaba al desnudo el principal problema de los hombres de negro, pero el encuentro siguió por derroteros parecidos, sin hilo conductor, orden ni concierto. El Bilbao Basket hacía daño en el rebote ofensivo, pero sus lanzamientos a canasta eran calamitosos, circunstancia que aprovechaban los locales para ir cogiendo vuelo en el luminoso sin necesidad de jugar un baloncesto extraordinario. Les bastó con aprovechar las vías de agua de su rival para abrir un inquietante 23-13 a 7:07 del descanso. En el conjunto de Mrsic nada funcionaba. Con nula fluidez en ataque y sin un referente del que tirar, las carencias se dejaron notar también atrás. Tabú cometió pronto su tercera falta, Gladness le siguió poco después, Thomas decidió no ser menos, con técnica por protestar incluida, y los de Cargol, con Bellas muy entonado y brioso, dibujaron un 10-0 que dejaba el choque absolutamente patas arriba (39-22). El Bilbao Basket era una embarcación a la deriva, sin rumbo y con una carta de navegación paupérrima, pero dos triples seguidos de Hervelle y Hammink maquillaron el amago de naufragio (39-28 al descanso).

Sin solución La hoja de servicios de los de Mrsic presentaba un horrible 32% en tiros de campo y solo dos lanzamientos efectuados desde la franja de personales. Mal asunto. Muy malo. Y lo que no mejora acostumbra a empeorar. En la reanudación, el Bilbao Basket gozó de un par de oportunidades para bajar su desventaja de los nueve puntos, pero no hubo manera. Entre tiros libres fallados, triples absolutamente liberados que se estrellaban contra el aro y antideportivas incomprensibles como la de Hervelle, el Zaragoza, con Bellas ejecutando y Neal habilitando constantemente a De Jong debajo del aro, encontró alfombra roja para seguir gozando de cómodas ventajas de dobles dígitos (50-36 a 5:33 del final del tercer cuarto). A esas alturas, incluso la posibilidad de salvar el average de la primera vuelta como mal menor (+5) empezaba a antojarse ya como una quimera. Los anfitriones se quitaron presión y empezaron a jugar absolutamente a placer. Stoll, Blums, Neal, Triguero… Todos se sumaron a una fiesta en la que el Bilbao Basket era el muñeco de pim-pam-pum. La renta maña llegó a superar los 20 puntos (66-45) antes de que una falta y posterior antideportiva de Triguero dejara el asunto en 66-50 a falta de un cuarto para el final. Pero no había absolutamente nada que hacer. Con los visitantes absolutamente cabizbajos, desatinados y desnortados, solo faltaba aguantar el chaparrón en otra matinal para olvidar en la que el Bilbao Basket volvió a las andadas.

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