cierre a 250 viviendas turísticas

Un anfitrión por fuerza mayor

Txema Diz, dueño de un piso turístico en regla, tiene la semana santa llena

Un reportaje de Ane Araluzea - Lunes, 26 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Txema Diz en el salón de la vivienda que alquila, a través de plataformas de Internet como Airbnb, a turistas. Fotos: Oskar González

Txema Diz en el salón de la vivienda que alquila, a través de plataformas de Internet como Airbnb, a turistas. Fotos: Oskar González

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Txema Diz en el salón de la vivienda que alquila, a través de plataformas de Internet como Airbnb, a turistas. Fotos: Oskar González

Para evitar que hubiera quejas vecinales derivadas del ruido, Txema Diz, que por aquel entonces regentaba un local nocturno en el Casco Viejo, decidió comprar el piso de arriba. Años después, tras dejar a un lado la hostelería, esta decisión le ha permitido continuar como anfitrión de una vivienda turística, una actividad que emprendió hace un año tras clausurar otro bar en la céntrica calle de Henao. Superados los disgustos del pasado, cuando tenía personal a su cargo o trabajaba con género perecedero, este bilbaino ha encontrado una forma de negocio a su medida. Y, además, exitosa. Muestra de ello es la ocupación completa para Semana Santa e, incluso, las numerosas reservas a meses vista. “El que diga que se dedica a esto para ganar dinero está mintiendo, pero es una fórmula para salir adelante sin tener que recurrir a ayudas”, afirma en el salón de su casa, después de despedirse de la huésped que ha alojado la noche anterior.

La vivienda de este anfitrión, una de las 160 registradas en el censo del Gobierno vasco que cumplen con la normativa urbanística municipal, se convirtió en piso turístico casi por casualidad. Tras separarse, fue su hermana quien le sugirió la opción de alquilar una de las dos habitaciones. “Le dije que si estaba loca”, fue la primera reacción de Txema, que a día de hoy es miembro de Asovitur. Sin embargo, la necesidad del momento fue un incentivo para probar la experiencia, que fue positiva. Después de unos meses, decidió ir más allá, alquilando toda la vivienda. “Las noches que tenía el piso ocupado dormía en casa de mis padres”, explica el anfitrión, que ahora vive con su pareja, Rocío, en otro apartamento que ella tiene en alquiler. Su incursión en el sector ha sido tan buena que incluso sus padres, que tienen un primero en la calle Ripa, se han planteado secundarla: “Viven a caballo entre Bilbao y Galicia. Me han echado un cable con la limpieza y han visto que la gente que viene deja el piso en buen estado”.

ReservasLa restricción de la oferta de pisos turísticos no se ha reflejado en la demanda. De hecho, para Semana Santa apenas hay un 4% de pisos disponibles en Bizkaia según Airbnb, una de las principales plataformas en las que se anuncian este tipo de alojamientos. En una búsqueda rápida, solo se encuentran desocupados once alojamientos en la villa para estas fechas señaladas en lo que al turismo estatal se refiere. La escasa oferta disponible es de lo más variopinta: desde un loft de lujo en Olabeaga para dos personas por 500 euros la noche hasta una habitación privada en el Casco Viejo por 11 euros la noche. El panorama cambia para la Semana de Pascua, cuando la oferta rebasa con creces las 200 opciones de alojamiento, si bien en teoría no podrían anunciarse más de 160 pisos, los que cumplen la normativa.

“Por lo general, suelen entrar muchas reservas de última hora”, explica Txema Diz, cuyo piso estará ocupado en Semana Santa, en base a su experiencia. “Un tercio de la ocupación está completa a tres meses vista”, revela este anfitrión que ya tiene unos diez días reservados para abril, unos quince para mayo y pocos menos en junio. “Hay fechas señaladas, como el Bilbao BBK Live, que están ocupadas desde hace seis meses”, indica el anfitrión, quien confiesa que, por lo general, al mes suele tener entre 20 o 22 días ocupada la casa, una cifra que en un mes como agosto puede subir a 25 o 26.

¿Y qué cuesta alojarse una noche en su piso? “En temporada baja, para una o dos personas, suele oscilar entre los 80 euros, aunque puede haber ofertas hasta de incluso 50 euros. En temporada alta, si es para un grupo, puede llegar a costar 140 euros la noche”, afirma sobre las ganancias con las que paga la hipoteca de su vivienda, con capacidad para acoger hasta seis huéspedes.

‘Superhost’El perfil de los turistas que aloja es el habitual en la ciudad: mucho estatal, francés e inglés. “Aunque también hemos tenido uruguayos, tailandeses, chinos, israelíes, rusos, neozelandeses...”, enumera Txema, que es un superhost en Airbnb debido a las buenas calificaciones que ha recibido de sus huéspedes. “La mayoría vienen a conocer la ciudad en estancias de dos o tres días, principalmente son familias o grupos”, aclara. Aunque también hay personas que vienen por motivos laborales. “Dicen que están aburridos de ir a hoteles y les apetece la independencia que ofrece un apartamento: pierden el servicio de habitaciones, pero pueden cocinar ellos mismos, la televisión no tiene nada que ver e internet es mucho más rápido”, revela.

La disponibilidad de Txema para sus huéspedes mientras dura la estancia es absoluta. “Siempre les digo que pueden contactar conmigo por un tema del piso o porque quieren comprar un sombrero con lunares”, afirma el anfitrión, quien considera que esta forma de alojamiento es mucho más cercana que otras opciones más convencionales. “Te exige una dedicación constante, es como estar de guardia. El trabajo consiste en limpiar el piso, organizar las reservas, hacer las compras...”, explica antes de confesar que está muy satisfecho. Tanto es así, que le gustaría dedicarse profesionalmente a ello;es decir, gestionar los pisos de otros propietarios.

Particularmente, este bilbaino no ha tenido problemas con los vecinos, al contrario. “Hubo un canadiense que no pudo llegar el día de la reserva y con el que no pude contactar. Al día siguiente me llamó la vecina del segundo, diciéndome que lo había encontrado en el portal y le había invitado a su casa mientras llegaba yo”, relata. Respecto a la restricción del Ayuntamiento considera que es normal que limiten la actividad, aunque no estima lógica la restricción de que solo puedan situarse en las primeras plantas. En cualquier caso, este anfitrión apela al equilibrio para que la convivencia sea buena.

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