Pensionistas en pie de guerra

Por Miguel Sánchez Ostiz - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

aSÍ dicen y, si así dicen, así será, aunque todavía solo sean nutridas manifestaciones de jubilados encabronados. Jubilados que explican muy bien el motivo de su enojo: llevan toda la vida pagando para que al final les birlen en sus narices aquello a lo que tienen pleno derecho, recurriendo a mañas de mala política y a la práctica de una peor gestión de la hacienda pública que lleva aparejada la impunidad porque nadie va a responder, ni en el Congreso ni en los tribunales.

No hay explicación posible a lo que está sucediendo, salvo que los que han provocado esta situación sean unos maleantes de raza: rescatan con descaro autopistas en beneficio de sus socios sociales y políticos, y en perjuicio de los más necesitados y de las arcas públicas;dijeron que el rescate bancario no les iba a costar un duro a los españoles y no han recuperado nada de lo entregado con alegría de pasodoble cuartelero: 60.000 millones;es incalculable el dinero que se ha esfumado en el enriquecimiento de la casta gobernante, estén o dejen de estar -algunos de ellos, pocos, no nos engañemos- con la prisión como telón de fondo... Injusto. Asocial. Delictivo. Es como ni hubiese sucedido. Y no pasa nada, porque ese es el asunto: no pasa nada. La calle puede arder todo lo que quiera, pero mientras las urnas no canten, aquí no hay nada que hacer. Las urnas y una inmediata remoción general de instituciones. Y encima se burlan de los jubilados, convencidos de que tratan con un país de tarados que lo aguanta todo sin rechistar, proponiendo ahorro y ofreciendo datos cretinoides. Y algo que conviene tener presente: entre una cosa y otra han generado miedo, no alarma, miedo. Miedo a la vejez, a la pobreza, a la falta de atención sanitaria, a una vida en precario...

El ahorro lo propone gente que vive del gratis total, en una nube de prebendas que resultan indecorosas, y que ignora a sabiendas cómo vive el común y con qué medios. Es inútil refrescarles la memoria del saqueo que han practicado con descaro o a escondidas, es igual. Es irrelevante que el artículo 50 de la Constitución diga: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”. Y lo es porque se trata precisamente de la Carta Magna, esa que se incumple por donde les viene en gana -trabajo, vivienda...- y se enarbola como estandarte guerrero cuando conviene. Esa que es intocable, sagrada, en el discurso patriótico, y que se hace papel mojado por debajo de la mesa, en el amparo del casino que manejan. El cinismo de la vida pública española es auténtico encaje de bolillos... Extraña forma de vida, pero no la de la Amália Rodrigues, sino otra que invita al sarcasmo, al descreimiento, al tapete.

El Gobierno no puede cumplir el precepto contenido en el artículo 50 de la Constitución por dos razones. Una, porque es posible que ya no tenga medios reales;y otra, porque no le da la gana ni de cumplirlo ni de arbitrar las medidas necesarias para la recuperación de fondos, empezando por la banca y las entidades financieras.

Y no es que crezca el gasto, como dicen, sino que crece el costo de la vida corriente de una manera imparable: los servicios elementales, energía, cesta de la compra, vivienda… con ese panorama, el ahorro propuesto con desvergüenza manifiesta por la clase dirigente es una burla redoblada.

¿A quién inquieta esto? No desde luego a quien durante años y años ha cobrado sus servicios o promociones en dinero negro consiguiendo grandes patrimonios opacos y a la hora de su jubilación puede dedicarse a sus hobbies desde el pitorreo. Tampoco atemoriza a quien se ha beneficiado del oficio público de manera directa o indirecta. Le inquieta al pagano de la farra, al que no le ha quedado más remedio que pagar y pagar lo que por ley debe y lo que no.

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