Mundaka une Nueva Zelanda y Alemania

Hallan en la costa vizcaina un mensaje en una botella que lanzó un niño neozelandés

Una familia alemana encuentra en la costa vizcaina un mensaje en una botella que lanzó un niño neozelandés

Un reportaje de Izaskun Moyano - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

La botella fue encontrada en Mundaka por una familia alemana que veraneaba en la costa vizcaina. Foto: Borja Guerrero

La botella fue encontrada en Mundaka por una familia alemana que veraneaba en la costa vizcaina. Foto: Borja Guerrero

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La botella fue encontrada en Mundaka por una familia alemana que veraneaba en la costa vizcaina. Foto: Borja Guerrero

Jaida Joy era entonces demasiado pequeña para percatarse del valor que tuvo aquella nota que escribió y metió en una botella. El frasco estaba pegado al marco del espejo del baño donde vivía con su familia en Whangarei (Nueva Zelanda). Un día, la botella se despegó del marco y fue su hermano mayor Julien el que la recogió del suelo. “Jaida, cómete los guisantes”, indicaba la nota. En ese momento, Julien tuvo una idea.

Corría el año 2010 en el continente australiano cuando un joven Julien de 7 años tuvo la ocurrencia de escribir una nota, meterla en una botella y lanzarla al mar. Su madre, Jana, intrigada por la idea, colaboró en dicha ocurrencia. Introdujo la nota en una bolsa hermética, posteriormente cerró la botella con una tapa de rosca, y al final la arrojó en el puerto de Whangarei, en Manganese Point.

El pasado 21 de febrero, Julien recibió una carta por parte de una tal Louisa, desde Alemania. “El pasado verano estuve de vacaciones con mi familia cerca de Bilbao, en un pueblo pequeño llamado Mundaka. Una mañana de paseo por la playa mi madre vio que algo brillaba en la orilla. Tras acercarse se dio cuenta de que era una botella que contenía un mensaje en su interior. Ahora, de vuelta en Hamburgo hemos decidido enviarte una respuesta, tal y como indicaste en la nota”.

El ya no tan pequeño Julien, ahora de 15 años, se quedó totalmente asombrado al leer la carta procedente de Alemania, ya que indicaba que su botella surcó los mares recorriendo casi 20.000 kilómetros. A pesar de no acordarse con pelos y señales del momento en el que decidió llevar a cabo la idea, “recuerdo haber descendido por las rocas donde lanzamos la botella, para ver si esta llegaba a algún lado”.

En su carta de respuesta, Louisa también comentaba que su hermana mayor es una oficial naval que trabaja en un barco. Esta, con el fin de atender la petición de su hermana, decidió liberar el frasco nuevamente en el Mar del Norte, exactamente entre Francia e Inglaterra. “Espero que tu mensaje llegue a través de la Corriente del Golfo hasta lugares como África o América del Sur”, le explicaba en la carta

“Yo no me esperaba que la botella llegase a parar más allá que Ruakaka (Nueva Zelanda)”, afirma la madre de Julien, Jana. Acto seguido de leer la correspondencia de Louisa la buscó por Facebook con el fin de seguir manteniendo en contacto con ella. “Sería una locura que recibiésemos alguna otra respuesta desde otro punto del mundo”, comentó, ilusionada.

En este momento, la botella se encuentra surcando mares europeos gracias a la hermana mayor de Louisa. Quién sabe si alguna otra persona la encuentra y decida seguir el hilo, haciendo que otro país se sume a esta unión que creó Julien ocho años atrás al arrojar la botella en las aguas de Nueva Zelanda.

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