Mirar hacia otro lado

A esa niña cuyo nombre desconozco

Por Mikel Mancisidor - Sábado, 24 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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EN 2014 Boko Haram secuestró a 276 niñas en un colegio de Chibok, en Nigeria. Las esclavizó y las entregó en matrimonio forzado. Unas pocas han logrado escapar o ser liberadas, pero 196 continúan aún desaparecidas. La mayor parte de ellas son ya madres, otras están seguramente muertas.

Este febrero lo han vuelto a hacer. 110 niñas y adolescentes fueron secuestradas mientras asistían a sus clases en el Colegio Femenino de Ciencia y Tecnología de Dapchi, también en Nigeria. 104 de estas niñas han sido liberadas esta semana, al parecer sin haber sido abusadas, aunque sí sometidas a un trato tan bestial que ha provocado la muerte de cuatro de ellas.

Tengo una hija de la edad de alguna de ellas. La imagino en ese colegio y se me encoge el alma, creando un vacío negro en mi pecho tan hondo y tan absorbente como los que estudiaba el gran Hawking. Así que celebro su liberación.

Pero una vez expulsado el agujero negro de mi interior, toca decir que no, que el final no ha sido feliz. Aún hay muchas cosas poco claras: ¿cuál fue el acuerdo de liberación?, ¿hubo pago u otro tipo de compensaciones?, ¿hubo algún acuerdo político, incluso previo al propio secuestro?

No ha sido un final feliz, además, porque cuatro de las niñas han muerto, al parecer asfixiadas en alguno de los traslados.

La acción de Boko Haram ha sido, además, exitosa. Era un atentado contra el derecho a la educación de las niñas y el daño ha sido hecho, el efecto ha sido conseguido, el mensaje ha sido enviado y recibido. Al devolverlas, los criminales han advertido a las comunidades que no envíen a las niñas a la escuelas. Conseguir el acceso de las niñas a la educación será imposible en esa zona en los próximos años. El objetivo ha sido cumplido: que las niñas se queden en casa esperando ser dadas en matrimonio y no tengan opciones propias. Se trata de que las niñas no se eduquen, que las mujeres no tengan conocimiento, herramientas, poder y libertad, que sólo sirvan para servir sumisas al hombre, para darle calor por la noche y servicio doméstico por el día, para ser objeto de sus violencias cuando toque.

Una mujer que saber leer, que sabe sumar y restar, que conoce sus derechos, que puede comprar y vender, comerciar y ser titular de un negocio, que puede heredar o que puede decidir si se casa o no, o con quién, o si tiene o no hijos, que puede mirar a la cara a un hombre, que puede desplegar su cabello si le da la gana o mostrar su rostro si le parece oportuno, que puede sentarse en una misma mesa de trabajo o de comedor, que puede acceder a Internet, que puede hablar delante de otros hombres con igual título, todo ello debe ser una cosa insoportablemente aterradora cuando un hombre está henchido de cobardía y fanatismo.

De las 110 secuestradas, 105 han sido liberadas y cuatro han muerto. Falta una. No ha sido liberada porque, según la información dada, es cristiana y no ha querido renunciar a su identidad. La han retenido hasta hacer de ella una buena musulmana.

Cualquier ideología o interpretación religiosa que se convierte en un instrumento de miedo, de crueldad y de opresión es deleznable. Cualquier ideología o interpretación religiosa que haga sufrir a esa niña es inhumana. Me gustaría saber el nombre de esa niña para dejarlo aquí escrito. Un nombre individualizado que simbolizaría hoy la inocencia frente a la abominación de una crueldad profunda y estúpida.

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