Ben Bentil se incorpora al bilbao basket

El embajador de Ghana

Ben Bentil, ala-pívot de 22 años recién incorporado por el Bilbao Basket y que hace un curso se convirtió en el primer jugador de su país en debutar en la NBA, disfruta de un deporte que le ha permitido completar “un viaje alucinante”

Un reportaje de Jon Larrauri - Sábado, 24 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Ben Bentil disfruta a diario en su todavía corta estancia en Bilbao. Fotos: José Mari Martínez

Ben Bentil disfruta a diario en su todavía corta estancia en Bilbao. Fotos: José Mari Martínez

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Ben Bentil disfruta a diario en su todavía corta estancia en Bilbao. Fotos: José Mari MartínezEl ala-pívot vive con la NBA en su horizonte deportivo.

PIENSA un poco en ello. Hay mucha gente que desearía estar en nuestra posición. Hay personas que no saben qué va a ser de ellas cada día que despiertan, que luchan constantemente contra adversidades. Nosotros hemos sido bendecidos y podemos dedicarnos a diario a aquello que nos apasiona, a entrar en una cancha para jugar a baloncesto. ¿Cómo no vamos a sonreír y ser felices? Eso sí, cuando toca ponerse serios... Business is business”.

Ben Bentil (29-III-1995, Sekondi-Takoradi) explica con naturalidad la razón de su sonrisa perenne. Y claro, sonríe durante su razonamiento. Es la sonrisa de un chaval de 22 años al que el baloncesto le ha permitido vivir lo que el mismo llama “un viaje alucinante”, una singladura que tuvo como punto de partida una difícil infancia en Ghana y que vive actualmente un nuevo capítulo en Bilbao un año después de una fecha que tiene grabada a fuego en su memoria: 1 de marzo de 2017. “Lo recuerdo todo. Fue en Atlanta, mi debut en la NBA, con los Dallas Mavericks. Me acuerdo del orgullo que sentí por ser el primer jugador de Ghana en llegar hasta allí. Sentía que estaba poniendo mi país en el mapa baloncestístico. Fue enorme, como ser el embajador de mi país: poder hablar de mi tierra, explicar de dónde vengo...”. En el discurso del nuevo ala-pívot del Bilbao Basket destacan dos aspectos: su sincero agradecimiento hacia todas aquellas personas que le han ayudado e impulsado en su trayectoria deportiva y vital, y su enorme sentimiento de satisfacción por ser parte de la historia deportiva de su país.

Y eso que el baloncesto tardó en cruzarse en su vida y en sus sueños. Siempre idolatró a Kevin Garnett, pero el primer deporte que le enamoró fue el voleibol, con diversos escarceos en el fútbol -“jugaba de delantero y siempre he sido fan del Manchester United”-. Pero por aquel entonces un porvenir como profesional del deporte era una quimera. “Mi infancia fue muy dura. No es fácil crecer en Ghana, la pobreza se palpa en el día a día más aún en nuestro caso, en el que mi madre tuvo que encargarse de cuatro hijos sin la ayuda de una figura paterna. Ella hizo un gran trabajo y nosotros intentábamos ayudar en lo posible. Era un ejercicio diario de supervivencia”, recuerda. Fue un exjugador local, Meme Falconer, gran celebridad del baloncesto ghanés, el que convirtió “un divertimento en un proyecto de futuro”. “Es mi mentor y hermano, como una figura paterna. Me ayudó muchísimo enseñándome los fundamentos de este deporte, poniéndome ejercicios, convenciéndome de que podía dedicarme a esto. Entonces no le creía (risas) y a veces ni le prestaba atención, pero estoy muy contento de que hiciera todo aquello. Cada verano que regreso le agradezco todo el tiempo que me dedicó”, apunta.

A los 15 años, la vida de Bentil sufrió un punto de inflexión: “Me fui a Estados Unidos, pero el baloncesto no fue el principal motivo. Era muy buen estudiante y fui con una beca para mejorar mi educación. La beca incluía un apartado deportivo y empecé con el fútbol, pero rápidamente me enamoré del baloncesto. Hice un año de instituto en Pennsylvania y luego pasé a Saint Andrew’s, en Delaware”. Allí, en el centro en el que se filmó la mítica película El club de los poetas muertos, el ahora hombre de negro encontró un ecosistema perfecto para desarrollarse como jugador pero, sobre todo, como persona. “Es una escuela increíble, con magníficos profesores y ambiente académico. Tenía un gran ambiente familiar y eso me encantaba. Aprendí mucho y me prepararon muy bien para la universidad. Estoy muy agradecido por todo lo que hicieron por mí y les visito cada vez que puedo, entreno allí, me vuelvo a juntar con el director...”, rescata de su memoria. Eso sí, ese idílico ambiente no evitó el shock cultural. “El cambio fue muy duro. Date cuenta de que dejé a toda mi familia atrás y yo soy muy niño de mamá (risas). Ella significa todo para mí, me enseñó a ser un hombre. En Ghana, desde muy temprana edad, te consideran un hombre, tienes que crecer muy rápido. Ella me animó a ir a Estados Unidos para crecer como persona y perseguir mis sueños. Al principio me extrañaba todo, pero me adapté bien”.

Una segunda familia Jugando en el equipo de baloncesto de St. Andrew’s, Bentil empezó a llamar la atención de universidades de primer nivel, pero, por encima de todo, encontró a su segunda familia, la de su compañero de equipo Austin Tilghman. “Hicieron muchísimo por mí y les adoro. No hay muchas personas que abran las puertas de su casa de par en par a un chico que no conocen y que viene de otro país. Hicimos tanta amistad que considero a Austin mi hermano de sangre. Son mi familia. ¡Me regalaron una habitación para mí solo! Cuando empecé a vivir con ellos, dormía en el salón y para mí aquello estaba ya muy bien, me sentía bendecido por tener un techo y comida todos los días. Pero mi mamá (la estadounidense) trabajó duro, la familia se mudó a otra casa más grande y en Navidad me regalaron mi propia habitación. ¡Yo nunca había tenido mi propia habitación! Fue muy bonito”, dice con un tono de voz emocionado.

Rechazando ofertas de universidades del prestigio de Georgetown, el ala-pívot recaló en Providence atraído por el discurso de su técnico, Ed Cooley. “No me hizo promesas, solo me habló de trabajo duro. Además, me animó que allí jugaba Kris Dunn (ahora en Chicago Bulls), uno de los mejores bases del país y que ahora es mi mejor amigo”, destaca. Un primer año de acoplamiento (6,4 puntos y 4,9 rebotes por partido), un segundo de explosión (21,1 puntos y 7,7 rebotes) y se vio preparado para la NBA: “Fue la mejor decisión para mí y mi familia. Quise comprobar qué podía ofrecerme el mundo, ayudar a mi familia y representar a mi país, ser un referente para los niños de Ghana”. Acabó elegido en la segunda ronda del draft, número 51, por los Boston Celtics -“me sentí bendecido solo por salir elegido, nunca olvidaré ese día”-, que le cortaron en pretemporada. Un partido con los Fort Wayne Mad Ants de la Liga de Desarrollo... y a China. “Este deporte te permite ver mundo, acumular experiencias, conocer diferentes culturas... Disfruté de mis meses allí”, recuerda. Pero lo mejor estaba por llegar. El 26 de febrero, Dallas le firmó un contrato de diez días y el 1 de marzo hizo historia: “Fue increíble verme en una cancha de la NBA con los mejores jugadores del mundo, en una organización del nivel de los Mavericks...

Su aventura en la mejor liga del mundo se limitó a tres partidos en los que ni siquiera llegó a anotar. El pasado verano, el baloncesto le llevó a Francia, al Chalons-Reims, donde promediaba 11,7 puntos y 4,8 rebotes y era el referente ofensivo. Entonces, ¿por qué fichó en febrero por el Bilbao Basket?: “Disfruté en Francia, pero me gusta probar cosas nuevas, buscar mejores competiciones. Bilbao Basket me quería, el entrenador me llamó, me ofreció un puesto en la plantilla y sentí que era lo mejor para mí. Perdíamos muchos partidos y yo no estaba jugando de la forma que creo que puedo hacerlo. Hablé con mi agente, me comentó la importancia de la liga española, me dijo que el Bilbao Basket era muy buen club y di el paso”. Bentil asegura que está disfrutando de su paso por la entidad de Miribilla y de la ciudad en general. “Me encanta Bilbao, sobre todo los aficionados del equipo. Nos ayudan mucho, son apasionados y adoran su equipo. Me gusta el club, los trabajadores, que los veteranos traten de enseñarnos a los jóvenes. Por ejemplo, me enseñan el estilo de juego europeo, algo que aún no domino, cómo afrontar los partidos, los entrenamientos, la jugadas, cómo moverme en la cancha... Está siendo una gran experiencia deportiva y lo que espero es tener más tiempo para disfrutar de la ciudad, aunque ya he probado algunos restaurantes. ¡Me encanta la comida!”, reconoce. Veljko Mrsic le pide que “aporte energía, juegue duro y me involucre con los compañeros;a partir de ahí, que haga mi juego” y él recoge el guante: “Soy joven, pero me gustaría ser uno de los líderes del equipo, del tipo de jugador en el que su entrenador y sus compañeros pueden confiar”. Para ello, charla mucho con uno de los miembros de la vieja guardia del Bilbao Basket: Axel Hervelle. “Jugamos en la misma posición y él es una leyenda. Tiene mucha experiencia, ha vivido todo tipo de situaciones y es un tío al que respeto muchísimo. Me ha enseñado mucho desde el primer día. Me reta a mejorar todos los días”.

Con la NBA en el horizonte Bentil pone la lectura y los servicios a la comunidad por encima de todas sus aficiones -“mi lema siempre ha sido ayudar a los demás, a mis vecinos en Ghana, a mi país;en cualquier ciudad a la que voy intento ayudar a la gente-” y ve su futuro en la NBA, pero quiere disfrutar del camino. “Si se presenta la oportunidad, la aprovecharé y trabajaré todo lo posible para que el sueño se haga real. Mientras tanto, quiero aprovechar este deporte para mejorar como persona y mejorar la vida de mi familia”, asegura, encantado y orgulloso de ser el embajador de Ghana en el planeta baloncesto.

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