Michael Snow, figura clave del cine experimental

“La ‘esquina de una calle de Bilbao’ es parte de mi obra”

El Guggenheim presenta cuatro trabajos de Michael Snow, figura clave del cine experimental
En una de las piezas, una cámara capta la vida en el exterior del Museo

Maite Redondo - Viernes, 23 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La exposición se muestra en la sala Film & Vídeo. Fotos: Oskar González

La exposición se muestra en la sala Film & Vídeo. Fotos: Oskar González

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La exposición se muestra en la sala Film & Vídeo. Fotos: Oskar González

bilbao- Quizás los transeúntes que pasen hasta el 1 de julio por la explanada del Guggenheim desconozcan que están participando en una obra de arte que une imagen, escultura y lugar. Una cámara fija colocada en el exterior del museo capta imágenes que se proyectan en tiempo real en la sala 103 del Guggenheim Bilbao. Este cine efímero -ya que no se graba, simplemente se transmite- lleva por título La esquina de las calles Braque y Picasso, un homenaje al cubismo, y su autor es el canadiense Michael Snow, una leyenda del cine independiente y autor de películas míticas como Wavelenghty La Région Centrale.

Esta es una de las cuatro obras que conforman la exposición Circuito cerrado, que el Guggenheim dedica al director canadiense, que a pesar de sus 88 años, sigue desbordando creatividad. “El Guggenheim tiene una extraordinaria arquitectura, todo el mundo lo sabe, pero su interior es también fantástico. Permite que esculturas como las de Richard Serra encajen a la perfección y que los artistas podamos mostrar obras como las que he traído yo a Bilbao”, asegura Michael Snow (Toronto, 1929).

El creador canadiense cuenta con una obra apabullante, que cubre casi todos los campos de expresión artística, alcanzando el reconocimiento internacional gracias a la singularidad de su producción visual. “Cuando era joven, decía que mis pinturas las hacía un cineasta;mis esculturas, un músico;mis películas, un pintor... y a veces todos ellos trabajaban juntos. Eso lo dije hace cincuenta años aproximadamente. Con el tiempo me he dado cuenta de que esto no es así. Ya no creo en eso, cuando hago películas, las hago para aprovechar las posibilidades que tiene como medio el cine”, reivindica.

Confiesa Snow que el jazz fue su primer amor, una pasión que no ha perdido con el tiempo. “Sigo tocando todavía, acabo de dar un concierto en Portugal. También me han encargado una composición para la orquesta sinfónica de Winnie Pay”.

¿Y la música le llevó al cine? “En realidad, no. Me introduje en el mundo del cine a raíz de una exposición de dibujos que realicé en los años cincuenta y una de las personas que la vio fue George Dunning -quien se haría famoso por el filme de los Beatles, Submarino amarilloy fue director del festival de cine-. Él me contrató para hacer películas de animación. Así fue como comencé en el cine, aunque tengo que confesar que no me interesaba de manera especial hasta que me dieron ese trabajo”.

Snow comenzó a investigar y descubrió el cine experimental. En el 62 abandonó Canadá y se mudó a Nueva York donde exploró el llamado cine estructural, embarcándose en un intento de resolver la paradoja del carácter referencial de los medios fotográficos.

Para Snow, el cine es una máquina no solo para captar imágenes , sino con poder de perturbar el mundo que nos rodea. “He estado haciendo instalaciones cinematográficas desde los años 50. Así, que lo se puede ver aquí es una continuidad de mis obras, hay alguna reciente y otras que datan de los años 60”, explica Snow.

La exposición, que está comisariada por Manuel Cirauqui, requiere el interés y la participación del espectador. No basta con mirar solo la obra. “El público es también el observador, se introduce dentro de la obra, es un elemento importante. Mis proyecciones incluyen al espectador”, explica el artista.

Muchas de sus piezas estimulan la atención del visitante y crean conexiones entre el interior y el exterior. Una ventana abierta en la galería se convierte en una pieza de Snow gracias a un corte en diagonal de un plástico de aluminio. En otra de sus videoinstalaciones, Observer(1974), el observador de la obra es observado a su vez por una cámara cenital que proyecta su imagen contra el suelo de la sala.

La exposición se completa con una pieza escultórica conformada por una estructura de acero inoxidable anclada a una de las paredes de la sala bautizada por el autor como Sitio, de 1969 a la que acompaña un pequeño texto que refleja el humor satírico y en cierta medida cruel, de Michael Snow, para con el espectador.

Con humor contesta también el artista cuando se le pregunta por sus proyectos futuros: “Tengo 88 años, es el mismo número de teclas que tiene un piano, el año que viene ya son 90 años y esa cifra ya es peligrosa”.

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