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Kepa convence

El hombre tranquilo

Kepa Arrizabalaga resuelve con nota el delicado trance de regresar al equipo tras su controvertido proceso de renovación y convence incluso a los más críticos con su persona

José L. Artetxe - Martes, 20 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Kepa Arrizabalaga, en el momento de sacar su mano izquierda de manera magistral para detener el penalti con que fue sancionado el Athletic. Foto: Borja Guerrero

Kepa Arrizabalaga, en el momento de sacar su mano izquierda de manera magistral para detener el penalti con que fue sancionado el Athletic. (Foto: Borja Guerrero)

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Kepa Arrizabalaga, en el momento de sacar su mano izquierda de manera magistral para detener el penalti con que fue sancionado el Athletic. Foto: Borja Guerrero

bilbao- Los hechos son el incontestable aval de Kepa Arrizabalaga. Desde que reapareció tras una ausencia provocada por su paso por la enfermería, ha confirmado con sus actuaciones que el Athletic tiene un valor seguro en la portería. Habrá quien opine que era algo sabido porque se ha podido comprobar desde su debut en setiembre de 2016 y de ahí que el enorme interés del club en lograr que firmase un contrato de larga duración estuviese plenamente justificado. Pero el proceso de renovación, sinuoso y exageradamente dilatado, así como la propia resolución del mismo, que coincidió con su cota de popularidad más baja, ha puesto de manifiesto que Arrizabalaga es capaz de abstraerse y hacer bien su trabajo. Se diría que nada afecta negativamente a su rendimiento, no necesita que el entorno sea una balsa de aceite para funcionar.

En definitiva, pese a su breve experiencia en la élite, queda claro que domina cualquier situación que se le presente. No parece que la electricidad que se respira en el ambiente le perjudique, él va a lo suyo y cumple a satisfacción. En la rueda de prensa que dio unas horas después de estampar su firma, lidió sin inmutarse con una batería de preguntas que por momentos recordaron a un tercer grado. Al margen de que se hubiese ganado a pulso el interrogatorio con su tardanza de casi año y medio, Arrizabalaga no tuvo inconveniente en declarar lo siguiente: “A los que no están tan felices de que me quede intentaré convencerles en el terreno de juego”.

Consciente de que con el discurrir de los meses había tensado la cuerda hasta el punto de transformar las adhesiones incondicionales a su persona en desafecciones y reproches, el portero no tuvo inconveniente en ponerse a sí mismo como garantía. La respuesta denotaba una formidable seguridad, no dejaba de ser un reto porque ciertamente la competición es la que da y quita razones, la que coloca a cada cual en su sitio.

Atar un contrato como el que rubricó a mediados de enero lleva implícita una enorme responsabilidad. El protagonista debe asumir que el Athletic ha realizado un esfuerzo singular que automáticamente le convierte en una referencia en el vestuario a todos los efectos. La etapa en que era considerado como un proyecto de futuro, el típico joven con buena pinta, se cerró en el instante que estrechó la mano derecha de Josu Urrutia. En adelante, su rol adquiere una dimensión superior. El paso dado, clave en su carrera como subrayó repetidamente, le señala ahora como líder del equipo.

viento en contraLas circunstancias han querido que los acontecimientos cristalizasen en medio de una profunda crisis en el seno de la plantilla, detalle que en principio supone una complicación para todos, también para él. O para él especialmente, debido a su historia particular y, cómo no, a su condición de portero, una demarcación más sensible si cabe con el viento soplando en contra.

Recuperado de la lesión que le mantuvo parado casi dos meses, Arrizabalaga volvió el 9 de febrero. Iago Herrerín le había sustituido más que correctamente y comenzaba su reválida. Fue frente a la Unión Deportiva en casa, en un mal partido que acabó sin goles y provocó el enojo de la afición. No hubo una sola manifestación de desagrado hacia su persona;al revés, escuchó aplausos cuando se situó bajo el larguero. Los canarios apenas le inquietaron, pero él no se contagió del ofuscamiento general.

Podría afirmarse que ha seguido igual, no ya al margen sino muy por encima del nivel brindado por el conjunto partido tras partido. Con más o menos trabajo, pero con un denominador común: sobresaliendo en cada cita, evitando goles frente a Atlético de Madrid, Málaga, Valencia, Sevilla, Leganés y Barcelona. Milagros no hace el de Ondarroa, pero en las siete comparecencias que acumula en este 2018 se le ha visto gestionar con éxito un elevado número de lances comprometidos. Episodios que le han puesto a prueba y de los que se está sirviendo para meter en el redil incluso a aquellos que estaban molestos con su persona.

Si hay algún aspecto concreto en el plano positivo del actual Athletic que concita unanimidad, se llama Kepa Arrizabalaga. Ha dejado sentado que aparte de las cualidades técnicas o físicas que le adornan, su secreto radica en el temple que gasta. Una fortaleza mental de la que se vale para obtener la empatía de los aficionados. A falta de alicientes deportivos, San Mamés está persuadido de que su portero es fiable al cien por cien.

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