Rafael SarriaDIRECTOR GERENTE DE EL TRANSBORDADOR DE VIZCAYA S.L. ENTRE 1996 Y 2006

“Era el primer Patrimonio industrial de la Humanidad en todo el Estado y el único en Euskadi, además elegido por aclamación”

Rafael Sarria vivió en primera persona la renovación del Puente Bizkaia y su declaración como Patrimonio de la Humanidad en una ‘década prodigiosa’ de la que guarda sus mejores recuerdos profesionales

Itziar Acereda - Lunes, 19 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 12:44h

Rafael Sarria en la pasarela peatonal del Puente Bizkaia. Foto: Oskar Martínez

Rafael Sarria en la pasarela peatonal del Puente Bizkaia. Foto: Oskar Martínez

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Rafael Sarria en la pasarela peatonal del Puente Bizkaia. Foto: Oskar Martínez

BILBAO - La labor de Rafael Sarria como director gerente de El Transbordador de Vizcaya, S.L. comenzó con la remodelación y puesta al día de esta joya patrimonial, hoy atractivo turístico a nivel internacional. En 1995 se funda la sociedad El Transbordador de Vizcaya, gestora del puente, cuyo alma mater fueron Javier Cardenal, José Mª Arriaga y José Martín Uriarte, “grandes amigos y empresarios emprendedores dentro de cuyos planes estaba un proyecto muy ambicioso de renovación del puente dándole mayor seguridad y garantía de servicio entre los años 1997 y 2000”, como tiene a bien recordar Sarria con una mención especial para ellos.

En 1999 se cambió la barquilla y en el 2000 llegó la transfiguración total. ¿Fueron años de ingente trabajo?

-Por supuesto, ya que no se podía suspender el servicio. Para ello trabajamos con la ayuda, en las tareas de asesoramiento, de Javier Goitia, ingeniero técnico experto en estructuras.

Tenían entre manos un proyecto de gran magnitud...

De la magnitud del proyecto de remodelación del puente da idea el desembolso que conllevó, tres millones de euros, casi 500 millones de pesetas de la época, que aportó la sociedad, sin ayudas externas. Además, fue muy destacable el apoyo de esponsorización desde el área patrimonial de la BBK. De ahí salieron unas salas de embarque mucho más amplias y adecuadas a la cantidad ingente de personas y vehículos que pasaban día a día y se hizo realidad el empeño de José Mª Arriaga de hacer la pasarela peatonal, visitable, para lo que hubo que recurrir a patrimonio de Diputación Foral de Bizkaia ya que el puente era Patrimonio Cultural.

¿Qué le movió a embarcarse en este proyecto?

-El hecho de que había mucha ilusión y gente de aquí dispuesta a remodelar una estructura como la del puente pensando en la calidad de servicio a los viajeros y en preservar un patrimonio industrial a futuro. Esto era para nosotros todo un reto. Cada uno de los socios venía de ámbitos diferentes, unidos por el interés de poner en valor un elemento de transporte emblemático de Euskadi pensando en el futuro. Hicimos un equipo fabuloso, a pesar de las dificultades y de las muchas horas que nos llevó poner en marcha el proyecto.

Incluso intervino el factor suerte…

-Sí, aunque yo no creo en la suerte, coincidió que Luis Lafuente, entonces director general de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura vino de visita privada a ver el puente y consiguió que el propio Norman Foster, que solía visitar el Puente Bizkaia cuando venía a Bilbao con motivo de las obras del Guggenheim, me recibiera en su estudio en Londres y que firmara el prólogo del libro dedicado al puente que escribimos después de acabar las obras. En ese momento, un hijo de José Martín Uriarte plantea ya que “esto tenía que entrar en valor patrimonial para la Unesco”.

Pero ello debe solicitarlo el Estado español…

-Sí. España no tenía ningún patrimonio industrial y en todo el mundo solo había 20 elementos considerados Patrimonio de la Humanidad, y se estaba perdiendo todo un siglo XIX y XX de patrimonio industrial por no ser atendido y protegido. En febrero de 2002 llamó diciendo que las siguientes jornadas de la Unesco e Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) de elaboración de candidaturas se habían trasladado a Madrid y nos invitaron a estar allí. El Icomos vela por el patrimonio mundial y evalúa si se reúnen las condiciones o no, así como si se siguen cumpliendo los requisitos para el patrimonio industrial. Y allí fuimos Javier Cardenal como presidente de El Transbordador de Vizcaya, José Martín Uriarte como secretario consejero, José Mª Arriaga como consejero, y yo, con nuestras esposas, y entre jornada y jornada nos presentaron al catedrático Carlos Pernaut, vicepresidente mundial de Icomos, altamente sensibilizado con el patrimonio industrial, junto a otras personalidades del mundo de la cultura, la antropología, historia... como Francisco López. A ellos les pusimos al día de lo que era el Puente Colgante, lo que había sido, etc., de modo que antes de marchar a sus destinos, ambos vinieron a verlo. En primavera de 2003 vuelve a llamar Luis Lafuente para volver a hablar del tema en Madrid y nos invitó a acudir a las siguientes jornadas del Consejo General de Unesco e Icomos, que tendría lugar en Santiago de Querétaro (México), que había sido declarada ciudad Patrimonio de la Humanidad.

¿Se presentaba un paso importante con proyección internacional?

-Allí fui en diciembre, “muerto de miedo”, entre 80 personajes como antropólogos, arquitectos, ingenieros… todos por encima del bien y del mal, que se dedicaban exclusivamente al mundo de la cultura y del patrimonio mundial, y 50 ponencias en el palacio de Querétaro, que imponía por sí mismo. El segundo día de las jornadas nos dieron una hora para explicar lo que nosotros teníamos como criterio de lo que era un patrimonio industrial y sobre el puente. Y curiosamente, a los 10 minutos comenzaron ya a aplaudir.

Se estaba cumpliendo un sueño…

-Sí, expertos internacionales nos abrasaron a preguntas en el coffee break de las jornadas y aquello fue ‘de pincharte y no sangrar’. Vimos que aquello se podía convertir en una realidad. Y en la cena de gala incluso se pudieron oir bilbainadas, porque el gobernador tenía gran recuerdo de Euskadi y de cómo se hacían las cosas aquí.

Y de nuevo otra invitación…

-La ministra de Cultura argentina nos invitó en marzo de 2004 a unas jornadas sobre patrimonios en Buenos Aires. Ellos tenían un puente en La Boca totalmente abandonado y les pudimos mostrar lo que habíamos hecho con el nuestro. De allí volvimos satisfechos por el apoyo conseguido. Ese mismo año, a la vuelta de Argentina, el director general de Patrimonio del Ministerio de Cultura nos dijo que el Consejo Nacional de Patrimonio Histórico se reuniría en junio en Santiago de Compostela. Y en presencia de las 17 comunidades autónomas, con nuestro proyecto bajo el brazo, podríamos explicar nuestra candidatura y luego evaluarían y elegirían por mayoría entre los 17 representantes quién iba a ir como candidato.

Llegó el espaldarazo definitivo…

-Quedaron encantados y se aceptó la candidatura para presentarla a la Unesco por aclamación de los representantes de los 17 miembros del Patrimonio Cultural de cada autonomía, sin llegar a votar. En febrero/marzo de 2005, el Ministerio de Cultura nos confirmó oficialmente que había remitido al embajador español en la Unesco nuestra candidatura para que fuera oficialmente presentada ante este organismo. Desde 2004 hasta finales de 2005 nos invitaron a Chile a dar una conferencia, a Baiona, a la Ruta del Hierro de Aquitania, a la universidad de Barcelona… y se acrecentaba el interés respecto a que el patrimonio industrial podía ser evaluado y quedar englobado en el Patrimonio de la Humanidad. Hasta primavera de 2006, cuando dí la última conferencia en Cartagena de Indias y en Bogotá, Carlos Pernaut y Francisco López me confirmaron que estaba decidida ya la reunión de Unesco con los miembros del jurado en La capital de Lituania, Vilnius. Allí fuimos en junio de 2006, a sufrir, como única candidatura de España entre las 150 candidaturas que concurrían de todo el mundo. Entretanto, Unesco envió una inspección técnica para hacer una evaluación, que resultó favorable.

¿Cuáles eran los requisitos para que un patrimonio industrial fuera considerado candidato a Patrimonio de la Humanidad?

-Había que cumplir tres requisitos indispensables: que sea un ingenio del hombre, que cumpla en la actualidad la función para la que fue concebido y que el entorno social lo acoja y lo considere suyo. Y aquí se cumplían los tres. Era obra de Alberto de Palacio, su función era el transporte y seguía vivo, y era acogido y querido por el pueblo. Además, había apoyo social e institucional tanto en Euskadi como en Madrid. La voluntad de las autoridades era unívoca, todos creían en el proyecto y lo apoyaban, es decir, el único protagonista era el puente. Así se dio el gran salto y el día 16 de junio nos tocó ser evaluados en Vilnius. Fueron días intensos de presentación de candidaturas de la mañana a la noche y cuando llegó la nuestra de nuevo la eligen por aclamación, igual que en Santiago.

¿Qué sentía en ese momento?

-Estábamos desbordados de emoción, no podíamos articular palabra. Estábamos José Martín, José Mª Arriaga y yo, con nuestras esposas, entre ellas Vicky Buckton, que fue un gran apoyo. El día 16 de julio de 2006 fue la proclamación oficial.

¿Conseguir llegar tan alto a base de tesón y esfuerzo le hace sentirse orgulloso?

-En toda mi trayectoria profesional no he tenido tanta satisfacción profesional nunca como en esos tres años y medio de trabajo en el ámbito de la Unesco, donde predomina el sentido cultural y el respecto al patrimonio.

Con todo, ¿para lograr la declaración fue vital el apoyo institucional?

-Realmente vital, tanto de Gobierno vasco como de Diputación Foral de Bizkaia y a nivel estatal, ya que no había ningún otro patrimonio industrial. En todo el Estado era el primero y en Euskadi el único en aquel momento.

¿Qué ha supuesto esta declaración de Patrimonio de la Humanidad?

-Gracias a ello, Bilbao, Las Arenas y Portugalete están en el mapa mundial de interés turístico cultural, promoviendo movimientos culturales y turísticos enormes, de personas que llegan para visitar el Museo Guggenheim y el Puente Bizkaia.

Testimonio: Una gran satisfacción personal y profesional

Por Luis Lafuente*

LA presentación de la candidatura del Puente Bizkaia a Patrimonio de la Humandiad era una apuesta casi personal al principio. Desde el año 2000-2002 en que la Unesco hizo un análisis de la Lista de Patrimonio Mundial, estableciendo qué regiones estaban más representadas y cuáles menos, así como que tipologías de bienes estaban sobrerrepresentadas y cuáles no tenían representación alguna o, si la tenían era escasa, España se puso a trabajar en candidaturas de este tenor, donde básicamente se trataba de encontrar bienes de dichas categorías subrepresentadas. Hablamos de parques naturales, paisajes culturales, arquitecturas del siglo XX, patrimonio industrial y minero, itinerarios culturales...

Empezamos a hacer listas de posibles bienes de este tipo de candidaturas y en el patrimonio industrial del siglo XIX estaba como primer candidato el Puente Bizkaia. Estos trabajos de análisis se hacían en el seno del Consejo de Patrimonio Histórico, órgano de coordinación entre el Ministerio y las CC.AA. en materia de patrimonio histórico, que si bien se reúne un par de veces al año, la asistencia del representante vasco era irregular y no siempre era el mismo interlocutor. Yo, como secretario entonces del Consejo, defendía la necesidad de presentar candidaturas que no tuviesen representación en la lista, y el Puente Bizkaia era una de ellas, pues cumplía todos los requisitos que la Unesco exigía. Como anécdota, más de un representante de las autonomías me preguntó si yo era de Bilbao o de Getxo o Portugalete... Pues no, no soy vasco, pero la candidatura era fantástica y pedía a voces su inscripción en la lista de patrimonio mundial, al cumplir con creces todos los requisitos.

Circunstancialmente fui a visitar el Puente Bizkaia, me entrevisté con los gestores del mismo y comprobé su entusiasmo. Sobre todo el de Martín Uriarte, que me preguntaba que más se podía hacer por el puente en el ámbito cultural. Yo le contesté que lo íbamos a presentar para que la Unesco lo declarase Patrimonio Mundial, pero que previamente había que dejar claro que tenía valor universal excepcional, autenticidad e integridad. Ellos se comprometieron a redactar el expediente, bajo la supervisión de los técnicos del Ministerio. También les indiqué que era fundamental no solo el apoyo institucional de los ayuntamientos y del Gobierno vasco, sino también el apoyo popular.

La adhesión de los dos ayuntamientos fue inmediata y con entusiasmo y desde ahí se consiguió el apoyo del Gobierno vasco, que desde entonces se implicó de lleno y trabajamos muy bien todos coordinados, Ministerio, empresa concesionaria, ayuntamientos y Gobierno vasco. Después fue fácil conseguir el apoyo popular, el puente lo merecía. El expediente fue modélico y en la reunión de Vilnius , en 2006, logramos su inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial, siendo el primer sitio vasco inscrito en dicha lista.

Ello propició que el Gobierno vasco se animase a participar en otras candidaturas como la del arte rupestre del Cantábrico o la del Camino Norte de Santiago.

En fin, un final feliz para este bien que ha demostrado luego ser muy activo, ejemplar en buenas prácticas de conservación y difusión del patrimonio mundial, y al que felicitar por su labor y desear que siga en esta línea con nuevos retos.

* Director General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

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