Historia

Máxima expresión de rebeldía creadora

El Puente Bizkaia celebra su 125 aniversarioconvertido en un emblema de la arquitecturaindustrial de finales del siglo XIX

Un reportaje de Itziar Acereda - Lunes, 19 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 12:40h

El Puente Bizkaia celebra su 125 aniversario convertido en un emblema de la arquitectura industrial de finales del siglo XIX

El Puente Bizkaia celebra su 125 aniversario convertido en un emblema de la arquitectura industrial de finales del siglo XIX

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El Puente Bizkaia celebra su 125 aniversario convertido en un emblema de la arquitectura industrial de finales del siglo XIX

EL Puente Bizkaia celebra con orgullo su 125 aniversario como fiel reflejo y expresión férrea de la rebeldía creadora que consiguió hacerlo realidad marcando un hito histórico en la arquitectura industrial. Su autor, el insigne arquitecto Alberto de Palacio Elissagüe, encarna al prototipo del rebelde creativo de cuyo ingenio surgió el proyecto que se alzó en la ría bilbaina, entre Portugalete y Las Arenas. Una imponente estructura que es hoy una joya admirada por la humanidad.

Hijo de vizcaino y labortana, con espíritu universal y una imperiosa necesidad de saber y de hacer, su carácter inquieto y abierto, propio de un visionario de la época, le convertiría en un maestro de la arquitectura del hierro.

El proyecto de este arquitecto afincado en Getxo se gesta en un contexto industrial y comercial floreciente en Bizkaia. Esta tierra de minas, donde se producía el mejor mineral del mundo, se engrandecía con el flujo comercial de la marina mercante vasca con medio mundo, la actividad en las fundiciones…. En suma, carbón, acero y vapor se percibían como las claves de un futuro prometedor.

En este contexto, Alberto de Palacio cursó estudios en Barcelona y después en París, donde se rodeó de amigos y socios mientras maduraba su genial idea de puente transbordador. Allí contactó con el ingeniero y empresario Ferdinand Arnodin, con quien emprendió este proyecto.

Tan magna infraestructura, que conectaría a Portugalete y su burguesía con el potencial de los arenales de Getxo en Las Arenas, precisó un apoyo que las élites formadas por banqueros, mineros, industriales y navieros le negaron, si bien otra parte de la sociedad vasca, formada por laboriosos comerciantes, fabricantes y marinos, le otorgó el calor y dinero necesarios para sacar adelante un proyecto que vio la luz en 1893.

Una vez más, la rebeldía de un pueblo logró superar todas las dificultades, y ni las bombas italianas ni la posterior dinamita republicana frenaron su construcción y reconstrucción hasta cumplir 125 años. Incluso se llegó a resolver el transbordo con una gabarra con su remolcador, en otro gesto de puro desafío, mientras se recuperaba el puente tras su derribo durante la Guerra Civil.

Aspecto remozado Tras más de un siglo de servicio, a principios de 1996 fue de nuevo necesaria una notable dosis de rebeldía creadora para acometer las intervenciones que le ayudarían a recuperarse del desgaste. Así, remozaron su aspecto y le aportaron incluso otras señas de identidad que ya su creador había apuntado entre garabatos en su ‘moleskine’, como la posibilidad de disponer de ascensores para el público y para subir a la pasarela de engrasadores y habilitar restaurantes y comercios, convirtiendo la pasarela en una gran avenida comercial de unión entre las dos orillas.

Y llegó una nueva época de creación desbordante en la que se quitaron al viejo puente vibraciones, roña y peso, sustituyendo pesadas y negras casetas por tecnologías y materiales ligeros de última generación e introduciendo entre las filigranas de dos de sus torres sendos ascensores gracias a los cuales es posible viajar por sus entrañas obteniendo unas vistas espectaculares de la ría, el Abra y los montes de Triano. Sus artífices, tres socios vizcainos, lograron permiso de las autoridades y apoyo de la antigua BBK (hoy Kutxabank) para tal cometido.

Por méritos propios La silueta de la ría cobraba así nueva vida para deleite de varias generaciones, tanto locales como del extranjero, en tanto que puerta de entrada a Bizkaia y salida al mundo. Y ello por méritos propios, ya que entre los puentes de su época destaca por su esbeltez y sorprende a los usuarios por su dinamismo.

“Una bonita historia que ahora, en un mundo urbano en que los coches -por excesivos- comienzan a ser prohibidos en las calles, algunas ciudades quieren volver a tener. Lo antiguo se hace moderno”, afirman desde El Transbordador de Vizcaya, empresa gestora del venerado Puente Colgante.

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