En el caserío de Güeñes

El municipio regresó a sus orígenes en una feria de San José pasada por agua que mantuvo sus señas de identidad pese al mal tiempo: monográficas de perro villano y Euskal Oiloa, exhibición de ganado local, alimentación y artesanía

Un reportaje de Elixane Castresana - Lunes, 19 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Los puestos de la comarca se concentraron en la zona de Galdotza Arana. Fotos: E. Castresana

Los puestos de la comarca se concentraron en la zona de Galdotza Arana. Fotos: E. Castresana

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Los puestos de la comarca se concentraron en la zona de Galdotza Arana. Fotos: E. Castresana

UN cabrito de apenas ocho días de vida rivalizó en protagonismo con los perros villanos y las variedades de Euskal Oiloa participantes en ambas monográficas ayer en Güeñes. “No le hemos puesto nombre, el año pasado trajimos a una hermana suya también una semana después de nacer”, contó Luis González, un criador de Aranguren mientras vigilaba a la que se convirtió en la mascota del espacio destinado a la muestra de ganado. Le acompañaba su hijo, Egoitz, que a sus 10 años ya ha mostrado su querencia por el campo. El relevo parece garantizado en la explotación familiar y en la feria de San José, que camino de sus bodas de plata, llamó a conservar las razas autóctonas.

Tras la prueba del año pasado, el concurso de perros villanos de las Encartaciones volvió a celebrarse en la zona de Arrieta Maskarua, cerca de la estación del tren, lo que permitió ganar superficie en otros espacios del recinto. Los alrededor de sesenta canes inscritos desfilaron ante un jurado que tomó buena nota de su morfología y movimientos, asignando una puntuación mayor a aquellos que más se acercan al estándar racial: “un tamaño de 58 centímetros para las hembras y 63 para los machos, con una mandíbula ancha, un hocico de tamaño medio y un color barreado”, según describió el presidente del Club de perros villanos de las Encartaciones, Pedro Lana. Esas características “se revisan más o menos cada seis años” de acuerdo a la evolución de la raza. Es un perro “de carácter noble y dócil”, además de versátil, como ya se demostró cuando uno de los participantes en el certamen tuvo que abandonar Güeñes precipitadamente porque “colabora en tareas de rescate y han avisado a su dueño de que había desaparecido un anciano, así que han marchado al operativo de búsqueda”. A pesar de su potencial y unión al pasado de Enkarterri, los perros villanos afrontan un presente y futuro complicados. Su población se sitúa en “400 cuando el umbral del peligro de extinción se encuentra en los mil”.

El frontón alojó la monográfica de Euskal Oiloa con 200 animales de cuarenta criadores pertenecientes a las variedades beltza, gorria, marraduna y zilarra y el grupo lepasoila. Una representación más que destacada, teniendo en cuenta que el número total de aves censadas asciende a 557. Ese mismo escenario acogió la sexta monográfica de Euskal Antzara, ambas coordinadas por la asociación Eoalak, en la que el vecino de Güeñes Miguel Ángel García ocupa un papel destacado.

El apartado de animales se completó con la exhibición en la plaza del batzoki de 200 cabezas de ganado de explotaciones de Güeñes. Clases ovinas como la pirenaica, dexter y mixto, oveja latxa, carranzana cara rubia, saanen, sasi ardi, quessant y textel en ovino, caballos pottoka, de monte alavés y minishetland, asno de las Encartaciones y cabras azpigorri y alpina se ordenaron bajo una carpa, para alivio de los propios ganaderos y del público que no pudo desprenderse del paraguas por los chaparrones intermitentes.

Quienes aguantaron contra viento y marea y siempre con una sonrisa fueron los 25 voluntarios del servicio municipal de Juventud, Gugaz, que vendieron a un euro las copas para la degustación de txakoli a cargo de las bodegas Txabarri y Markoleta. “Al igual que se hizo con la txarriboda de La Quadra, la recaudación se destinará al proyecto solidario que estamos llevando a cambio en Gandiol, en Senegal”, explicaron. Por el mismo precio, el grupo de danzas Andra Mari ofreció deliciosos pintxos. Muy activos en la localidad, sus miembros aprovecharán lo obtenido en la caja para “hacer mantenimiento de los trajes para seguir dinamizando la vida cultural de Güeñes como ayer hizo la feria.

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