Con la venia

Del morbo, a la ley

Por Pablo Muñoz - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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aunque sobrevivió casi tres décadas agonizando, el semanario El Casodejó de editarse en 1997 tras haber roto todos los récords de audiencia en los 50, los 60 y parte de los 70. El Caso era una publicación exclusivamente dedicada a los sucesos, de los que informaba sin ahorrarse truculencia, regodeándose en los detalles y aportando recursos gráficos no siempre modélicos en técnica pero en todo caso generosos en morbo. El semanario, que nunca faltaba en peluquerías, tabernas y salas de espera, tuvo épocas de un éxito editorial clamoroso con una tirada sostenida de 100.000 ejemplares y una audiencia muy superior, puesto que en aquel tiempo de penurias la publicación iba pasando de mano en mano.

Es muy posible que con los nuevos tiempos, con más libertad, con más cultura, variasen los gustos y el personal fue aficionándose a la televisión, aquella una y única televisión en la que parecía más prudente evitar en lo posible el morbo. Pero poco duró esa sensibilidad. Con las nuevas cadenas televisivas se abrió la veda y renació el espíritu de El Caso con la melena de la periodista Nieves Herrero, que se arrastró in situ con sus cámaras y micrófonos por el barrizal insano y truculento del crimen de las niñas de Alcasser y en él hurgó hasta la náusea.

PP y C’s siguen abrevando en las pasiones de la gente horrorizada por crímenes abyectos en una carrera por los votos

De ahí para adelante, los medios de información escritos, radiados y televisados andan a la carrera para seguir los crímenes paso a paso, casquería a casquería, todo por la audiencia. Porque -y ahí está la perversidad- asesinatos, violaciones, secuestros y crímenes varios, venden, claro que venden, por esa atávica propensión al morbo de gentes de la misma condición de las que agotaban las tiradas de El Caso. El personal no ha cambiado esa afición desde la Edad Media, y muy probablemente abarrotaría las plazas en las que hubiera ejecuciones ya fuera en horca, en guillotina o en garrote vil.

Peor todavía, el horror, la indignación y la rabia que agita esa pasión morbosa parece que azuza a algunos políticos a la venganza. El espantoso crimen de Níjar, también es casualidad, casi coincidió en el tiempo con el debate de las enmiendas a la totalidad contra la propuesta del PNV en el Congreso para derogar la prisión permanente revisable. Pues se quedó tan ancho el portavoz del PP Rafael Hernando, el muy sinvergüenza, aprovechando la capilla ardiente del niño Gabriel Cruz para meter la cuchara y advertir de que la prisión permanente revisable, ni tocarla. Al contrario, más madera. De cuerpo presente el niño asesinado y ante los padres desolados por la tragedia, él a lo suyo, a disuadir a los adversarios políticos de esa debilidad, cuando no complicidad, de poner en cuestión la cadena perpetua impuesta por ley para crímenes repugnantes como el del niño Gabriel.

Es penoso comprobar cómo el político del PP, a coro con el griterío furibundo del vecindario que clamaba venganza contra la presunta asesina, ya legislaba en caliente negando cualquier relajación en el ajuste de cuentas penitenciario. Es aún más penoso comprobar cómo mientras Rafael Hernando babeaba revancha y justicia vindicativa, la propia madre del niño Gabriel, Patricia Ramírez, en un ejemplo de entereza, trató de frenar la rabia y las ansias de venganza desatadas en las redes sociales y expresó su deseo de que prevaleciese el gesto hermoso de quienes se volcaron en la búsqueda de su hijo.

Una vez más, los políticos de la derecha no han dado la talla. En caliente, con la prisa de amarrar los votos de la indignación, el morbo y la venganza, con la inmoralidad tramposa de patrimonializar el dolor de las víctimas, la derecha española se pasa por el arco del triunfo la norma constitucional de la reinserción de los presos y sigue dispuesta a dar zancadas legales para que se pudran en la cárcel, tal como aprobó el PP con su mayoría absoluta. En caliente, y surfeando la ola de la indignación popular, la nueva derecha -o la derecha de siempre pero sin corbata- se sube al carro de a ver quién sacude más y donde dijeron Diego dicen digo. No hay que olvidar que Ciudadanos, que ahora se suma al PP para no tocar esa cadena perpetua travestida, en su acuerdo con el PSOE había firmado la derogación inmediata de la prisión permanente revisable. De momento, al menos de momento, la oposición ha plantado cara y PP y C’s no han ganado el debate parlamentario. Pero siguen abrevando en las pasiones desatadas de tanta gente horrorizada por esos crímenes abyectos, y en esa loca carrera por los votos convierten el morbo en ley sin despeinarse. A estos verdugos frustrados quizá lo que les pide el cuerpo es restablecer la pena de muerte. Aún no se atreven, pero como nadie les pare, todo se andará.

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