milán-San Remo

Grandioso Nibali

El valiente corredor siciliano conquista la milán-San Remo después de lanzar un gran ataque en el poggio que nadie pudo contrarrestar

César Ortuzar - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Nibali celebra su victoria en la Milán-San Remo.

Nibali celebrando su victoria en la Milán-San Remo. (AFP)

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Nibali celebra su victoria en la Milán-San Remo.

bilbao- Rebelde, iconoclasta, valiente y repleto de clase, Vincenzo Nibali se inventó el mejor final, el suyo abrazando a una enloquecida vía Roma en San Remo, triunfador absoluto de la Classicissima, la carrera de los 109 años de vida. A Nibali le flanquearon Caleb Ewan y Arnaud Démare. El Tiburóndevoró la gloria con un ataque magnífico en el Poggio para entregarse después con un descenso kamikaze en un ejercicio de resistencia que le otorgó un triunfo rotundo. Mayúsculo. Majestuoso, entró Nibali en la historia como aquellos generales que se paseaban victoriosos entre una lluvia de pétalos de rosa antes de colocarles una corona de laurel. “Necesitas un día perfecto para ganar una carrera tan impredecible como esta. Me la he jugado en un ataque en solitario. No he mirado para atrás hasta los últimos 100 metros. Es una victoria maravillosa”, resumió Nibali.

Su fascinante triunfo en la Milán-San Remo resaltó el perfil de un ciclista siempre dispuesto para el combate, capaz de mostrarse a pecho descubierto en el Poggio, donde la Classicissima siempre se remueve. Allí, en el alto que cae en cascada hacia la recta infinita que da a Vía Roma, todos esperaban el arcoíris de Sagan, -el eslovaco lanzó a uno de los suyos para despejarle el camino-, pero emergió la aleta dorsal de Nibali y su casco dorado. Guerrero de oro.

Campeón del Tour, el Giro y la Vuelta, el siciliano persiguió la gran carrera, el sello de la eternidad que otorga la Classicissima, un Monumento que rasca casi 300 kilómetros y al que le cuelga el manto de la mística y el aire templado del mediterráneo después de dejar la altivez y el aire frío de Milán. En San Remo, donde el invierno se torna primavera, se coronó Nibali en solitario, con ese espíritu tan suyo que no casa con las voces melódicas que tanto gustan en el festival de la canción ligera. Nibali posee la voz ronca de la insurrección, de los rockeros y el aguardiente. Al siciliano solo se le quebró la voz por la emoción cuando fue consciente de su conquista y le rodearon los abrazos, la algarabía, el festejo y alguna lágrima tras un adrenalítico desenlace.

Aferrado a su voraz apetito, siempre hambriento, el siciliano hizo presa en el Poggio y no soltó su trozo de historia a pesar de la jauría que le hostigó en los estertores. Nibali, de pie, irreductible, izó su bandera, la de los valientes que prefieren el asalto a la espera. La de los soñadores. Nibali se balanceó en la épica en un final que hubiera seducido a Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. Por momentos, el siciliano se asemejaba a Gary Grant tratando de escapar de la avioneta que le perseguía en Con la muerte en los talones o a ese conductor anónimo que teme por su vida cuando observa por el retrovisor que un camión le acecha sin desmayo por carreteras secundarias en el Diablo sobre ruedas que filmó Spielberg. Del cineasta norteamericano es Tiburón,la película que asustó a los bañistas durante generaciones con aquellos inquietantes acordes que anunciaban la aparición del escualo.

El Tiburón siciliano también produce temor. En el pelotón su figura es imponente, venerada y respetada. Asusta su dentellada, su capacidad intimidatoria, siempre alerta, un depredador. Por eso, cuando agarró un puñado de segundos en la cumbre del Poggio después de que se tensara la carrera en la Cipressa, un escalofrío recorrió el espinazo de sus rivales. La sensación de miedo se vivió antes, cuando Mark Cavendish se estrelló con la mediana y voló para caer de espaldas sobre el asfalto. Afortunadamente, la caída no tuvo irreparables consecuencias. Desatada la clásica después de la escapada de siempre con el final de siempre, Rota, Bono, Van Winden y Maestri fueron neutralizados justo antes de la Cipressa. Lugar para la primera selección.

La chepa del Poggio fue el tablero de ajedrez donde Sagan tuvo más vista que piernas. Lo mismo le ocurrió al resto de favoritos. Al rey arcoíris le derrocó Nibali. Volteó la clásica y la hizo suya. Por derecho. El arranque póstumo de Trentin presionó a Nibali, pero elTiburónno se ahogó. Al siciliano le catapultó la ambición y la determinación le sostuvo en su vuelo hacia el cielo. Irreductible tras surfear la bajada del Poggio, supo el siciliano que Vía Roma era suya. Emperador en de la Milán-San Remo para siempre. Grandioso Nibali.

Milán-San remo

1. Vincenzo Nibali (Bahrain) 7h18:43

2. Caleb Ewan (Mitchelton) m.t.

3. Arnaud Démare (FDJ) m.t.

4. Alexander Kristoff ( Emirates) m.t.

5. Jurgen Roelandts (BMC) m.t

6. Peter Sagan (Bora) m.t.

7. Michael Matthews (Sunweb) m.t.

8. Magnus Cort Nielsen (Astana) m.t

9. Sonny Colbrelli (Bahrain) m.t.

10. Jaspet Stuyven (Trek) m.t

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