Educadora social de la residencia Barrika Barri

Naiara Lobato: “Lo que les mantiene son las ganas de vivir”

Apenas hablan de la muerte, celebran su cumpleaños con ilusión y tristeza y tienen pequeños piques. Lobato esboza, por su experiencia, el perfil de los centenarios

Una entrevista de A. Rodríguez Fotografía de Juan Lazkano - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Naiara Lobato.

Naiara Lobato. (Juan Lazkano)

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Naiara Lobato.

Bilbao- Por más años que se cumplan, dice Naiara Lobato, “la necesidad de comunicación y afecto” perdura. Por eso y por lo “duro” que es envejecer, considera “esencial empatizar” con las personas centenarias. En la residencia donde trabaja, en Barrika, viven tres.

¿Cumplir 100 años es síntoma de buena salud o llegan con muchas patologías?

-Habrá de todo, pero tiene mucho que ver con la forma de ver la vida. El positivismo es la esencia. Lo que les mantiene vivos son las ganas de vivir. Son personas luchadoras, con ganas de cumplir 100 años.

¿Otros se van antes al perder la ilusión?

-Hacerse mayor es muy duro. Cuando pierdes independencia, necesitas de la gente para hacer cosas, ya no puedes hacer lo que te gustaba cuando eras más joven, la depresión está ahí. Es una de las enfermedades más comunes en la gente mayor. La gente que es capaz de asimilar esas pérdidas positivamente es la que termina durando.

Los genes también tendrán algo que ver...

-Genéticamente algo habrá, pero yo creo que la actitud hace mucho.

¿Qué se suele deteriorar antes: el cuerpo o la cabeza?

-Hay de todo, gente que se deteriora físicamente y cognitivamente está maravillosa , que te quedas asustado, y todo lo contrario.

¿Cómo afrontan el hecho de sobrevivir a familiares y amigos? ¿Suelen hablar de ello?

-Por lo que yo vivo con ellos, no hablan de la muerte. Es curioso, porque aquí está siempre presente. Pero si les preguntas: “¿Qué te pasa? ¿Estás triste hoy?”, te cuentan que igual su hijo no ha podido venir. Demandan muchísima más atención. La verdad es que aquí están entretenidos. Si no hay bingo, hay taller de baile, manualidades o musicoterapia. Intentamos siempre que estén activos, pero hay veces que no tienen ganas.

¿Su mayor preocupación es la compañía de la familia?

-Sí y el qué dirán. Tienen muchísimos prejuicios: qué pensarán, no me hagas esto a ver si van a decir... No quieren que les ayuden en público para que no vean que dependen.

¿Nadie está ‘aburrido’ de vivir?

-Hay de todo, pero lo normal no es escuchar que se quieran morir y que no tengan ilusión. En algún momento igual alguien ha dicho algo así, pero, en general, no.

¿Cómo celebra su cumpleaños un centenario? ¿Les hace ilusión?

-Con ilusión, pero también con tristeza. Hay muchos sentimientos encontrados. Están contentos por cumplir tantos años y por estar vivos, pero a la vez se emocionan por la gente que han perdido o al recordar momentos que han vivido felices y no tan felices.

No les pondrán cien velas…

-Se les pone una corona con el 100 y a veces la familia trae chocolate con churros. Se emocionan muchísimo cuando les ponemos en el medio del salón y les cantamos. Es un momento muy especial.

¿La experiencia más dura que han vivido todos es la guerra?

-A no ser que alguien haya tenido la pérdida de algún hijo o alguna cosa más específica, todos hablan de la guerra. Les ha dejado muy marcados. De hecho, hace poco en lectura fácil estuvimos leyendo un libro que trataba sobre la guerra y es impresionante, la gente se emociona contando su experiencia.

Recordarán pequeños detalles de esos que nunca se olvidan.

-Te cuentan cómo iban a por la comida a escondidas, cómo el ganado, del que ellos comían y vivían, de repente desapareció, que tenían que esconderse cuando sonaba la alarma, el miedo que sentían... Eso no se te tiene que olvidar en la vida. Luego igual hay cosas que han pasado hace diez años de las que no se acuerdan, pero de eso…

¿De qué suelen hablar?

-Son muy cotillas: Fíjate ese, esa me ha hecho, esta ha pedido y le han dado… Controlan muchísimo. Luego hay de todo, dependiendo del deterioro. Los que están cognitivamente bien hablan de si estaban buenas las alubias, de si hoy tenemos escuela o del tiempo.

¿Con 100 años se discute o uno ya no tiene ganas ni de enfadarse?

-Se discute, pero más con demencias porque no tienen capacidad de razonar. El resto: Me has contestado mal o He dicho egun on y nadie me ha respondido... No son discusiones a largo plazo. Son pequeños piques. Eso nunca lo perdemos.

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