Arrakala 2018

El idioma de los cuerpos

La bailarina y coreógrafa donostiarra Jone San Martín impartió ayer un taller sobre improvisación en la danza, en Dantzerti, en el marco de Arrakala 2018, que ofrece clases, conferencias y exposiciones durante todo el fin de semana

Un reportaje de Araitz Garmendia - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

La bailarina y coreógrafa Jone San Martín, durante la clase ofrecida ayer en la escuela Dantzerti, en el marco de Arrakala 2018. Fotos: Oskar González

La bailarina y coreógrafa Jone San Martín, durante la clase ofrecida ayer en la escuela Dantzerti, en el marco de Arrakala 2018. (Oskar González)

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La bailarina y coreógrafa Jone San Martín, durante la clase ofrecida ayer en la escuela Dantzerti, en el marco de Arrakala 2018. Fotos: Oskar González

williamForsythe, conocido por sus técnicas de improvisación en la danza, es uno de los coreógrafos más influyentes del panorama internacional actual de la creación. Junto a él ha trabajado la coreógrafa y bailarina donostiarra Jone San Martín, quien llegó ayer a Bilbao para impartir Puntu batetik abiatuta, un taller sobre este recurso ofrecido dentro del programa Arrakala 2018 organizado por Dantzerti, Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Euskadi. Este año, el centro ha organizado clases, conferencias y exposiciones que reúnen durante este fin de semana a estudiantes de la propia escuela con profesionales de las artes escénicas. Para esta edición, los organizadores han decidido que el eje principal del programa sea la improvisación dancística, teatral y musical.

San Martín se acercó a Bilbao desde Berlín, ciudad en la que reside actualmente, para ofrecer un taller con el que mostrar que, al contrario de lo que se pueda pensar, “para improvisar hace falta practicar muchísimo”. “Cuanto más se ensaya y más riguroso es el trabajo, mejor podremos luego jugar con todos los elementos que conocemos y combinarlos. A eso le llamamos improvisación, pero en realidad sería más correcto decir composición”, explica la coreógrafa. El objetivo de San Martín fue darle a los alumnos “unos útiles y una percepción del espacio para que luego ellos lo puedan utilizar en lo que hagan: bailar, una presencia escénica, comunicar físicamente con un colega en el escenario o incluso con el público”. Esto es porque, en opinión de la profesora, la danza es un lenguaje: “está ahí para comunicar, la técnica, por su parte, nos tiene que servir para transmitir mejor”.

Durante las cuatro horas que se dilató la clase, San Martín estuvo pendiente de crear puentes con todos los estudiantes. “Yo comparo la improvisación con la cocina, disciplina que en Euskadi conocemos muy bien. Entre fogones hay que conocer bien los ingredientes, las materias primas, las cocciones, el tratamiento que se le puede dar al producto con el que vas a trabajar... En la danza es lo mismo, tenemos muchísimas direcciones en el cuerpo para relacionarnos en el espacio, y hay que conocerlos”, relató la donostiarra.

Hasta su taller se acercaron alumnos de todos los niveles de la escuela Dantzerti. Una de ellas fue Sara Calderón, estudiante de segundo curso de danza. “Tenemos la oportunidad de recibir a una profesional del mundo del baile. Es una ocasión para aprender cosas nuevas que espero aplicar en mis creaciones personales”, apuntó la joven. Junto a ella, Graciela Orio, de primer curso, confesaba que “la improvisación es un recurso que en ocasiones te bloquea, porque puedes no saber por dónde salir. Jone, con su presencia, nos puede transmitir lo que ella ha aprendido sobre estas técnicas”.

Más que una aficiónJone San Martín se formó en Donostia y Barcelona, y ha desarrollado su carrera en el extranjero. Ha trabajado con las compañías Archipel Sud, José Besprosvany, Jacopo Godani y el Ballet de Charleroi en Bélgica;y en el Ulmer Theater de Phillippe Talard de Alemania.

También colabora con William Forsythe desde 1992, cuando el creador la llamó para el desaparecido Ballet de Frankfurt, hoy The Forsythe Company, en el que desde entonces es una de sus destacadas intérpretes y bailarina solista. “Hay países en los que la estructura cultural integra mucho la danza, pero la idea que ellos tienen ella es la de una profesión muy respetable, aquí se ve mas como una afición, y puede serlo, pero también puede convertirse en una profesión. Aquí hay pocas compañías, lo que solo genera bailarines nómadas”, señaló la coreógrafa.


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