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La temporada no se ha terminado para el equipo

Pese a que el entorno del Athletic dé el año por perdido, los profesionales tienen la obligación de exigirse el máximo en los diez últimos partidos

José L. Artetxe - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El plantel rojiblanco se ejercita en la sesión celebrada ayer en Lezama.

El plantel rojiblanco se ejercita en la sesión celebrada ayer en Lezama. (Juan Lazkano)

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El plantel rojiblanco se ejercita en la sesión celebrada ayer en Lezama.

bilbao- Diez partidos de liga en dos meses marcan el itinerario a transitar. Recién consumada la eliminación de la Europa League existe el temor de que la temporada se haga muy larga, pero esta sensación ya está presente a día de hoy. No en vano, la imagen y los resultados han convertido el año en una travesía decepcionante, desmoralizadora. Al cabo de ocho meses donde casi nada ha salido como se hubiese querido, es normal que haya cansancio, hastío, incluso ganas de que todo acabe cuanto antes.

El convencimiento de que hablamos de una temporada perdida y, por lo tanto, conviene empezar a pensar en la siguiente está muy extendido. Del mismo participan amplios sectores del entorno y seguro que los dirigentes también se han puesto manos a la obra para planificar el futuro. Sin embargo, hay un colectivo que de ninguna manera puede permitirse compartir este punto de vista. Ni el cuerpo técnico ni los futbolistas están legitimados para dejarse llevar por la inercia o el desánimo. Muy al contrario, dado que son los principales responsables de la situación creada, su obligación no es otra que apretar los dientes y afrontar estos diez partidos como si fuesen los últimos de su vida. Como si les fuese la vida en ellos.

Es lo mínimo que cabe exigirles y, sobre todo, lo mínimo que se deben exigir a sí mismos. Son profesionales y esto ya sería suficiente para esperar una respuesta positiva de su parte. Además, dado que hacen gala de su identificación con la camiseta que visten, cuentan con un plus para intentar saldar en la medida de lo posible la deuda que han contraído con su deficiente comportamiento. Trabajo y amor propio, dedicación e inconformismo, aplicación y generosidad, son los términos de obligado cumplimiento que figuran en el vínculo, legal y moral, que les une al club.

Yendo a lo práctico, el Athletic va a disputar diez compromisos sin ninguna presión clasificatoria, al hallarse a una distancia más que prudencial de la zona de descenso. No tiene pues razones para mirar hacia abajo, ocupa en la actualidad una posición intermedia y lo peor que le podría suceder es que permaneciese varado en tierra de nadie hasta el cierre del calendario.

Lo más probable es que, efectivamente, termine difuminado en mitad de la tabla, pero hay diferentes formas de terminar. Las señales que emite no invitan a confiar en una escalada importante. Sin una mejora sustancial en el rendimiento tal posibilidad es imposible, al margen de lo que hagan o dejen de hacer los demás equipos. Ahora bien, tampoco hay que descartar que ahora que nadie espera o le va a exigir que corra para engancharse a una plaza europea, el equipo compita mejor. A lo largo de la campaña lo ha logrado en determinadas fases, no acabó de asentarse o convencer, pero eludía la derrota y entonces todavía podía sentir en el cogote el aliento de los más rezagados. El contexto es distinto, ya nada tiene que perder y sí mucho que ganar.

De ninguna manera hará olvidar el cúmulo de decepciones, salvo que agarre una racha del tipo que, por ejemplo, catapultó al Eibar para abandonar el agujero e instalarse entre los candidatos a premio. Si el Athletic, que hoy figura con 35 puntos, mantuviera similar cadencia de puntuación a la firmada hasta la fecha, acabaría la liga con 47 o 48 puntos, cifra insuficiente para aspirar a nada si se repara en que el Girona, que es precisamente el séptimo clasificado, quien marca la frontera por la parte alta, suma 43.

EL CALENDARIO Ocho puntos constituyen un mundo, más para un conjunto herido. Este es el factor primordial, la clave, porque cualquier expectativa depende básicamente del espíritu de superación propio y de su plasmación en los partidos. Además, esto no va de un mano a mano con el Girona. Entre ambos hay que contar a Betis, Eibar, Celta y Getafe, todos mejor colocados, así como al Espanyol, con el que los rojiblancos están igualados, o la Real y el Leganés, ligeramente retrasados. Y por supuesto, se ha de atender a la entidad y la dinámica de los contrincantes directos, los equipos a los que se medirá en estas diez jornadas.

De entrada, asoman tres desplazamientos muy complicados. El Athletic acudirá consecutivamente al Camp Nou, La Cerámica y el Bernabéu. Sus posteriores salidas son los derbis de Anoeta y Mendizorrotza, más asequibles sobre el papel. Es en San Mamés donde la agenda se antoja más benévola, término este que acaso suene temerario visto lo visto, pero cómo si no catalogar los cruces con Celta, Deportivo, Levante, Betis y Espanyol, con el que se procederá a la bajada de la persiana.

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