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Relato y posverdad de la IA y ETA

Por Josu Montalbán - Lunes, 12 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Josu Montalban

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Columnista Josu Montalban

HABIENDO sido, como fui, no solo víctima de ETA (aunque no consumada) sino amenazado directamente mediante cartas de diverso formato, asisto estupefacto a unos pasajes que me provocan mucha rabia. Y esta es la razón por la que escribo este artículo que pretende formar parte del relato humano del sufrimiento de unos cuantos y pretende además combatir eso que ahora se oculta tras el neologismo posverdad, que bien pronto ocupará un lugar destacado en el Diccionario de la Real Academia Española. Nada expresa mejor el uso procaz y miserable de la verdad, de lo realmente ocurrido, como la posverdad que usan los favorables a ETA y al terrorismo (cada vez menos, afortunadamente), pues no en vano siempre se pronuncian distorsionando la realidad, que fue tan contundente como para producir más de 825 muertos por asesinato en atentados de todo tipo y dejó tantos tullidos e imposibilitados, que destruyó familias, arruinó a la sociedad vasca en lo económico y sobre todo en lo ético, que manipuló creencias y emociones y generó una sociedad remisa en la que la osadía de los desalmados acalló el buen criterio de los ciudadanos normales. Esto no debe caer en saco roto, porque la sociedad vasca ha pasado medio siglo sometida a un azote brutal que solo ha respondido al capricho y la bestialidad de los patriotas (abertzalesinfiltrados) vascos. Desde luego que los auténticos abertzales no se merecían que los asesinos terroristas hayan matado en su nombre.

En los últimos tiempos han tenido lugar tres momentos o pasajes que han llamado mi atención y, ¡cómo no!, me han irritado. Hace días se ha celebrado en Andoain un homenaje a dos etarras, terroristas y asesinos por tanto, que han salido de la cárcel y han vuelto a sus hogares. Han vuelto precisamente al lugar en que fue asesinado Pagazaurtundua, un buen hombre y mejor amigo que cometió el gran error de ser socialista, de no ser abertzale. Desgraciadamente, la miseria moral que supone el hecho de que los asesinos hayan sido galardonados con aurresku de honor y de bienvenida, y sendos ramos de flores, extiende un borrón miserable sobre el pueblo, no tanto porque todos los vecinos de Andoain se deban sentir responsables del homenaje tributado, pero sí por el hecho de que no hayan sido capaces de impedirlo o de contrarrestarlo. Cuando se somete a todo un pueblo a un oprobio tal, resulta descorazonador que no se hayan producido reacciones en contra. Si el asesinato de Pagaza fue algo ignominioso, este homenaje dirigido a los chivatos asesinos que lo facilitaron es una nueva ignominia que quienes la han propiciado deberán sentir en alma y conciencia, si es que aún les queda alguna de las dos.

Relacionado con este hecho, he vivido yo directamente un segundo momento, porque el referido homenaje ha ocupado bastante espacio en los periódicos, aunque dicho espacio haya sido tratado de modos bien diferentes. El hecho de que militantes del PP enarbolaran carteles mientras tenía lugar el homenaje y profirieran gritos en contra del terrorismo y a favor del asesinado encendió la mecha de los violentos y de sus partidarios, por cierto, una mecha que necesita muy poco para estallar. Y esto, este trance tan venial de los miembros del PP, que solo mostró las fotos del asesinado, provocó que les llamaran “fascistas”. Este comportamiento no es baladí y debe ser interpretado y contestado con resolución. De todo ello saco algunas conclusiones: la primera es que un alcalde que participa en un acto de esta naturaleza no merece serlo, porque su cometido como alcalde, que es representar a todos desde la ética y la dignidad humanas, queda a la altura del barro. Lo lógico sería que los vecinos de Andoain, al menos todos los que no tengan nada que ver con ETA, deberían pedir su dimisión por indigno y por miserable, por el hecho de que su alcaldía es capaz de sentir admiración por unos asesinos que ayudaron a que otro vecino de su pueblo fuera asesinado.

Y a su vez relacionado con este hecho he vivido otra situación que es, como poco, peculiar. En un programa de debate de la televisión vasca fue entrevistado al respecto el responsable de una ONG vasca cuyo nombre se traduce del euskera al castellano como “lo que sirve para unir”. Preguntado en torno a la procedencia de que se hagan homenajes a etarras como el referido, estableció una diferencia entre el hecho de que se rinda homenaje a asesinos de víctimas cuyos familiares aún residen en Euskadi y los homenajes o recibimientos a asesinos cuyos asesinados y sus familias han desaparecido definitivamente del lugar. Es decir que se trata de aplicar esa insensatez de “ojos que no ven, corazón que no siente”, que si no están presentes los que con mayor intensidad vivieron las ausencias de sus familiares asesinados, los demás podemos alegrarnos y vocear “¡hurras!” a favor de los liberados. ¿Acaso esta actitud “sirve para unir” como reclama el mismo nombre de la organización? Yo creo que no, porque para unir lo que desunió el terrorismo, que fue el que produjo tantas muertes gratuitas e irreparables, solo cabe la disolución definitiva de ETA, algo que al parecer solo ocurrirá cuando ETA lo decida. Sin embargo, hay que reclamar a todas las formaciones políticas vascas que exijan la disolución de ETA, porque ningún otro movimiento que responda a estrategias intermedias será suficiente.

ETA sigue jugando a la gallina ciega con los vascos, pero lo hace amparada en la mal llamada Izquierda Abertzale (IA), que aún no ha condenado de forma tajante ni una sola vez las muertes violentas protagonizadas por ETA. Actualmente, los protectores de lo que queda de ETA están poniendo en bretes diversos a las formaciones vascas pacíficas y pacifistas. El hecho de que EH Bildu no se haya sumado a un texto tan sencillo y poco exigente como el aprobado en el Parlamento Vasco en torno a los homenajes públicos a etarras debería servir para que los abertzales se quedaran colgados y abandonados en otras muchas ocasiones. Mientras se declaren incapaces para acompañar a los demás a normalizar las vidas, todo acercamiento a ellos resulta miserable. Estos muchachos de Sortu merecen ser dejados a un lado, y ya lo presienten, porque el progresismo social choca frontalmente con el desprecio hacia los afectados por la violencia, a los que ignoran hasta tal punto de encontrar algún tipo de explicación o razón que justifica sus persecuciones y asesinatos.

Es también curioso, y abominable, que a través de un comunicado hecho desde su periódico de cabecera, ETA haya ofrecido una serie de informaciones imprecisas y ambiguas. De pronto, a la dirección de una organización terrorista de inspiración marxista, leninista, estalinista (y demás istas), parece que se la ha ocurrido someter a votación de sus militantes su continuación. Y han advertido que, como mucho, el resultado podrá ser que de repente ETA ya no exista, porque la dirección actual no se plantea “ni su desaparición ni su disolución”. Entre los etarras encarcelados, los pocos que están fuera de España o en la clandestinidad, y un puñado de ex reclusos se decidirá que ETA exista o no. Han advertido que no son favorables ni partidarios de la disolución de ETA, porque si así ocurriera “ETA dejaría de ser un agente que interpela y es interpelado”. ¿Y qué interpela? También esa respuesta aparece en los papeles: “Interpela a la IA para que sea leal al legado de ETA”.

Así que ETA aún desea influir, aún desea ofrecer “su relato”, “su posverdad”… Menos mal que el hecho de ejercer de terrorista cada vez resulta más penoso y arriesgado… Menos mal que ETA ha perdido la guerra que ella misma comenzó y lo sabe muy bien… Le molestan y resultan incómodas sus propias pistolas… Por si se les disparan…

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