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Athletic 2-0 Leganés

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Dos goles de Raúl García en el comienzo alivian al Athletic, que luego se dedicó básicamente a preservar la ventaja y apenas pasó apuros para mantener a raya a un Leganés sin pólvora

José L. Artetxe - Lunes, 12 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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Dos goles de Raúl García en el comienzo alivian al Athletic. (Reportaje fotográfico: Oskar M. Bernal y Borja Guerrero)

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  • Raúl García celebra un gol al Leganés esta temoprada.
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ATHLETIC: Kepa;De Marcos, Unai Núñez, Iñigo Martínez, Saborit;San José, Beñat;Susaeta (Min. 58, Iturraspe), Raúl García (Min. 82, Lekue), Córdoba (Min. 88, Sabin Merino);y Williams.

LEGANÉS: Cuéllar;Zaldua, Siovas, Bustinza, Diego Rico;Gumbau (Min. 46, Brasanac), Rubén Pérez;El Zhar (Min. 58, Omar Ramos), Eraso, Amrabat (Min. 78, Naranjo);y Beauvue.

Goles: 1-0: Min. 10;Raúl García. 2-0: Min. 17;Raúl García.

Árbitro: Sánchez Martínez (Comité Murciano). Por el Athletic, mostró tarjeta amarilla a Córdoba (Min. 28) y Raúl García (Min. 68). Del Leganés amonestó a El Zhar (Min. 11), Zaldua (Min. 36), Rubén Pérez (Min. 66), Siovas (Min. 72) y Bustinza (Min. 89).

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo octava jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 30.787 espectadores, según datos oficiales.

BILBAO- El Athletic solventó con inusitada comodidad el clásico partido que se augura indigesto. La dinamita de Raúl García resultó determinante para que la noche discurriese placentera dentro de lo que cabe. Sus dos goles en el arranque mismo del duelo sirvieron para rebajar en muchos grados la tensión reinante, así como para invalidar la habitual propuesta de un Leganés que sufre en exceso cuando se ve rezagado en el marcador. Con tan sabrosa renta, el equipo adoptó un perfil eminentemente práctico, estuvo más minutos en terreno propio de lo recomendable y dejó que el rival se fuese consumiendo en su impotencia. No tuvo más historia lo acontecido en San Mamés, lo cual no deja de ser una magnífica noticia tal como está el patio. Ganar sin sufrir, sumar tres puntos para alejar definitivamente cualquier fantasma y ponerse a pensar con la mente limpia en la tarea del jueves, que sin duda será bastante más ardua.

Bueno, Ziganda ya tenía la Europa League en mente antes de que Raúl García destrozase el planteamiento favorito de Asier Garitano. Le salió redonda la jugada de dejar en el banquillo a Aduriz, su compañero de andanzas en punta se encargó de que la inesperada ausencia pasase desapercibida. Fue Williams quien se situó más avanzado y prácticamente su incidencia en el juego fue nula, pero tampoco importó. Su escasa participación se explica en parte por el tipo de juego que propuso el Athletic a partir del cuarto de hora, tiempo que tardaron en caer los dos únicos tantos. Más preocupado en contener las inocentes, aunque insistentes, acometidas madrileñas, el equipo renunció expresamente a abrirse, elaborar y percutir. Se estiró lo justo y casi siempre apelando al socorrido método de ganar metros con envíos de cincuenta metros mínimo.

Esta fórmula, donde el receptor es inevitablemente Raúl García, que se impuso a todos los que osaron saltar con él, es válida en principio, si bien en la práctica cunde poco porque los jugadores no están adiestrados para rentabilizar las caídas, lo que se llama segundas jugadas. Así que el balón le duró al Athletic lo que tarda en volar desde Arrizabalaga, erigido en el pasado oficial del conjunto, o desde la bota de algún defensa, hasta que Raúl García lo disputa. A veces algo más, si este logra realizar un control o si por azar la peinada le cae a un compañero. El beneficio de desplegar un fútbol tan rudimentario es doble, se evitan pérdidas en zonas comprometidas y obliga al rival a empezar sus turnos de posesión muy lejos de zona de remate. Hay que suponer que este es el razonamiento o la justificación para brindar un espectáculo tan deprimente, aunque ayer al menos se pudo compensar con el resultado.

Después de fallar una docena de pases de todos los colores en los primeros cinco minutos, Córdoba, el único que intentó hacer cosas distintas, robó y dejó a Williams en inmejorable posición, pero su chut lo repelió Cuéllar. Casi en la misma acción, pues fue tras el saque del consiguiente córner, templó De Marcos y Raúl García retrató al portero en su salida del marco. El segundo no se hizo esperar y repitieron los protagonistas: centro del lateral, volea de Raúl García, rebote, mal despeje de Rubén Pérez en el área y segunda volea que entró como un obús en la red. Listo, asunto liquidado.

INOFENSIVOEn adelante, se asistió a un paulatino repliegue de los locales y el Leganés puso todo el empeño en desplegar una ofensiva tan voluntariosa como infructuosa. Amrabat enredó lo suyo, pero no halló colaboración para agujerear una pared construida con diez ladrillos. Es el gran problema del Leganés, no posee calidad arriba, va con el corazón y no le alcanza para generar peligro ante una estructura que por acumulación de piernas no concede espacios. Además de un punterón de Amrabat tras error de San José, el mayor apuro vino en un cabezazo de Iñigo a la salida de una falta que obligó a Arrizabalaga a estirarse todo lo largo que es. Lo dicho y un cabezazo de El Zhar con el descanso encima.

Cuando a los cinco de la reanudación, el Leganés pisó área, se escucharon algunos silbidos reclamando al Athletic que cambiase su disposición, que no se conformase con ceder dos tercios de campo y la pelota. Volvió a escucharse música de viento poco después, en un horrible remate de Beauvue, pero no cabe decir que fuese estruendosa, acaso porque la entrada registrada fue de las peores del curso y porque en definitiva se veía que el Leganés necesitaría por lo menos cien minutos más para inaugurar su casillero. Claro que la impresión que causaba comprobar que el Athletic no tenía mayor interés en orientar el choque hacia derroteros más sugerentes, a la fuerza daba alas a los menos pacientes que habitaban las gradas.

No tardó Ziganda en maniobrar, metió a Iturraspe y retiró a Susaeta. Con tres medios, el Athletic se desplegó mejor, por momentos ligó combinaciones y esto terminó por hundir la moral del honrado Leganés, que no es que bajase los brazos, pero ya se veía forzado a correr más persiguiendo el balón, algo que no se había producido hasta entonces. El propio Iturraspe, a pase de San José, puso el primer remate a portería del segundo acto. Al de un rato, Beñat, que antes ya probó con barrera, ejecutó con mala leche otra falta, respondida con palomita por Cuéllar. El capítulo de lances reseñables correspondió por entero al Athletic, dato que ilustra la nulidad atacante de los chicos de Garitano, y lo cerró Lekue para culminar una ágil diagonal de Córdoba.

Raúl García recibió la ovación de la noche camino de la ducha y en general los minutos corrieron lentos, salpicados de interrupciones por faltas y tarjetas, porque eso sí, el Leganés a falta de pegada no se quedó manco a la hora de meter la pierna. Cuando Sánchez Martínez señaló la conclusión, en San Mamés quedó flotando una sensación de alivio. El motivo era doble: el Athletic había avanzado en la clasificación y se ponía el punto final a un encuentro de perfil ciertamente bajo, exento de gracia, presidido por la laboriosidad y el maltrato al pelotón.

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