Editorial

Fue injusto: un antes y un después

El acto de ayer en Bilbao tuvo un significado especial con la comunión entre las víctimas del terrorismo, la sociedad y las instituciones, empeñados en construir un futuro de convivencia

Domingo, 11 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

FUE injusto. Es el mensaje -claro, contundente, inequívoco, necesario- enviado ayer de manera conjunta por la sociedad, las instituciones vascas y las víctimas a través del lehendakari, Iñigo Urkullu, respecto al sufrimiento padecido por miles de damnificados generado durante décadas por el terrorismo. Esa expresión de injusticia por tanto padecimiento no fue un mero lema del acto celebrado ayer en Bilbao con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo y que congregó a un numeroso y plural grupo de personas en el que se hizo también un llamamiento directo a costruir juntos el futuro. El contundente “fue injusto” se convirtió en el leitmotiv del encuentro y debe suponer un antes y un después de cara al futuro para calibrar el nivel de exigencia y de autocrítica respecto a la práctica y la actitud mantenida ante la violencia y el terrorismo. Hasta en catorce ocasiones -doce en castellano y dos en euskera- proclamó el lehendakari, de distintas maneras y en un discurso de dos folios y medio, la injusticia que supone el terrorismo, lo que da idea de la importancia que concedían los presentes a subrayar la necesidad de hacer una valoración expresa del daño injusto que la violencia de motivación política ha causado a las víctimas y sus familias y a toda la sociedad. Quizá por ello, porque intuía que subrayar la injusticia del terror iba a ir mucho más allá de un mero lema del acto de ayer, la izquierda abertzale no quiso estar presente, poniéndose en evidencia una vez más. Porque, tal y como subrayó Urkullu, decir que fue injusto significa, además de reconocer el daño causado, rechazar también el enaltecimiento, legitimación y justificación del terror y “manifestar explícitamente que ninguna causa tuvo nunca un valor mayor que la vida”. En cualquier caso, y más allá de las reprobables ausencias, el acto de ayer tuvo un significado especial por cuanto supuso la comunión entre las víctimas y la sociedad. Y también en este sentido debe suponer un antes y un después. El lehendakari animó tanto a los damnificados como a la ciudadanía a asumir juntos “el proyecto de esperanza de construir el presente y el futuro de nuestra convivencia”. Sin esperar a que ETA y el resto de organizaciones terroristas se sumen tras la necesaria autocrítica, si es que llega. Porque la sociedad vasca merece lograr la convivencia democrática.

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