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Fue injusto

Por Koldo Mediavilla - Sábado, 10 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

columnista Koldo Mediavilla

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LOS gobiernos vasco y navarro han organizado para hoy sendos actos en recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo. El ejecutivo que preside el lehendakari Urkullu celebrará en Bilbao su cita y a la misma han confirmado su asistencia más de setenta afectados por atentados terroristas perpetrados en su día por ETA, los GAL, el Batallón Vasco Español (BVE), así como víctimas de excesos policiales. En Baluarte, Iruñea, el ejecutivo de Uxue Barkos desarrollará un acto institucional bajo el triple objetivo de preservar la memoria, reconocer el sufrimiento y reparar las injusticias que la violencia ha causado en Nafarroa.

En el centro de atención de esta jornada deberían estar las víctimas, las personas sufridoras de una injusticia cruel e inhumana, que se merecen el apoyo, la cercanía y la solidaridad de una sociedad que, en muchas ocasiones, ha resultado aletargada ante el drama de sus padecimientos. Esa es mi intención;tener presentes a las víctimas, a su desconsuelo, su abatimiento. Que no se sientan solas, desprotegidas de la sociedad. Y para ellas pido el pensamiento y cariño de todos.

Lamentablemente, a la hora de referirnos a las víctimas, siempre aparecen elementos colaterales, provocados por intereses infames, que nos hacen desenfocar el punto verdadero de interés.

Así surge la disputa política, la instrumentalización de la pesadumbre, el egoísmo de hacer prevalecer -una vez más- los intereses particulares por encima del bien común. Y no, no voy a banalizar, ni a sacar de contexto, ni a pasar factura clientelar con mis críticas a quienes, desgraciadamente, se han apartado de este reconocimiento público que hoy la mayoría celebramos.

En la Comunidad Foral de Nafarroa, dos formaciones políticas, UPN y PPN, junto con una nueva entidad de víctimas -Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo de ETA- se han desmarcado del encuentro institucional. Su argumento, no por conocido, resulta inaceptable pues consideran que este tipo de iniciativas tratan de “blanquear la historia de ETA”. Lamentable.

Sin embargo, la jornada reivindicativa que hoy se vivirá en Baluarte, cuenta con un dato positivo;la presencia en el mismo de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, cuya representación mantuvo recientemente un positivo encuentro con la presidenta Barkos y su secretariado de paz y convivencia.

Que la derecha navarrista raye el esperpento en su interpretación de cualquier gesto que se dé en materia de paz y derechos humanos no es nuevo. Suya ha sido la responsabilidad durante años de llevar a la sociedad del viejo reino por un camino atrincherado, de maniqueos obsesivos. De buenos y malos en una base moral nacional-catolicista afortunadamente periclitada (excepción hecha del reino celestial de monseñor Munilla). Esa derecha de antiguo régimen, perdedora del gobierno por acción del consenso entre diferentes, sigue anclada en el pasado y acentúa sus ángulos de contrarreforma para elevar la tensión. Por eso actúa de forma muy similar a cuando la violencia terrorista existiera, sembrando de mentiras y de sospechas cualquier paso que el gobierno del cambio pretenda dar de cara a la distensión política, convivencial o cultural. Una acción nada descabellada ni radical que sólo busca la normalización democrática, el diálogo y el respeto a las opiniones de todos aquellos que viven en la comunidad foral.

De ahí que la búsqueda de una nueva convivencia, de una concordia social entre navarros, suponga para esa derecha un obstáculo en su interés por recuperar el poder. Un objetivo para el que no están escatimando medios, especialmente comunicativos. Articulando un discurso desgarrador que busca el enfrentamiento, que lo necesita. Y por ello instrumentaliza todo. Hasta una parte de las víctimas navarras que han decidido literalmente -escindiéndose de la AVT- tomar partido.

La vacuna contra la intolerancia sigue siendo aplicar una mayor dosis de democracia. Sin caer en las provocaciones. Buscando el bien común por encima de cualquier otra pretensión. Con firmeza y también con verdad. Con el espíritu y el pulso que Uxue Barkos está empleando en la definición de un nuevo rumbo democrático para la colectividad navarra.

En Bilbao, la disonancia llega desde EH Bildu, que considera que el acto organizado por el Gobierno vasco en el Día Europeo de las Víctimas es “parcial y partidista”, poniendo el foco de su crítica en el encabezamiento del evento, titulado Fue injusto. Toda vulneración de derechos es injusta. Y más aquellas acciones violentas que utilizando el terrorismo -de un signo u otro- causaron muerte, desolación, persecución y ruina (moral, económica, convivencial…).

La práctica del terror fue razonada por sus practicantes en la supuesta justicia que sus actos tenían. Tras un atentado, un crimen, llegaba siempre la segunda parte del ejercicio violento;su argumentación causal. Y tal maldad recaía en las víctimas como un ensañamiento insoportable. De ahí que, llegado el momento de reconocer su dolor, la sociedad vasca se vea en la necesidad de decir que aquello que padecieron “fue injusto”. Porque, además de ser una verdad incontestable, supone una forma de reparación que el conjunto de los vascos y las vascas debemos a quienes sufrieron en sus carnes tal indignidad.

No puedo entender que se diga que se está del lado de las víctimas cuando ni tan siquiera se es capaz de reconocer su injusto sufrimiento.

No comprendo a quienes se sacan una foto en el homenaje público de un asesinado -imagen que valoro y aplaudo por positiva aunque tardía- sean incapaces, al mismo tiempo, de rechazar su apoyo con él por escrito. No quisiera entender el gesto de Maddalen Iriarte en Arrasate como un producto de la mercadotecnia. Pero la negativa de los suyos, 72 horas después, a respaldar un acuerdo municipal por la memoria de Isaías Carrasco avala la tesis de que en la contradicción se impone la impostura.

No alcanzo a concebir el desapego ético de quienes afirman querer un nuevo tiempo de convivencia mientras son incapaces de deshacerse de la mochila de un pasado repleto de odio. No sé interpretar qué conciencia tienen quienes se alteran con la semántica y ni se inmutan con el dolor ajeno. No. No entiendo cómo pretenden construir nada sobre cimientos de injusticia.

Quiero creerles. Darles margen para que recuperen el tiempo perdido. Para que hagan su recorrido pendiente. Para reconocer en el sufrimiento ajeno su responsabilidad y su error. Sin necesidad de que se pongan de rodillas ni hagan un acto de contrición. No, Arnaldo Otegi. No queremos la humillación de nadie. Bastante humilladas han estado las víctimas de las violencias que en este país se han practicado como para añadir más partes de abatimiento.

Simplemente quería que fueran honestos, sinceros, justos. Que admitieran lo evidente, que la violencia practicada en este país hizo un daño tremendo y que a muchas personas les cambió la vida. A algunas les llevó a la muerte irrecuperable. Y a otras les truncó su expectativa de futuro.

Solo pedía eso. Un gesto, un motivo de humanidad. Y me equivoqué. Todavía no están preparados.

No es mi intención hacer de estos reproches una crítica política interesada. La consecución de una paz real y duradera en Euskadi debe invitarnos a evitar el mercadeo político con los derechos humanos y la convivencia. Lo que no implica que cuando algo de lo que hagamos o digamos nos desagrade, lo digamos a la cara. Como en este caso. La izquierda abertzale me ha fallado. Lo digo sin ánimo de polémica. Es mi estado de ánimo. ¡Qué pena más grande! Siento pena por la ocasión desaprovechada. Me encuentro defraudado por el retorno a un pasado que creía superado. Y mientras esa falta de claridad continúe, difícilmente van a encontrar en los demás la confianza necesaria para fiarse de sus propuestas.

Espero que esta vez sea la última en la que alguien dude de la injusticia padecida por las víctimas.

Con ellas me quedo. Con los hijos de Montxo, cuyo asesinato ha cumplido 22 años. Con la familia de Pedrosa, a quien llegué a ver muerto en el suelo de Durango, con el torturado Martxelo Otamendi;con Santi Brouard, asesinado en su consulta de Bilbao. Con la familia y amigos de Txema Agirre;con los policías nacionales y guardias civiles cuyos nombres jamás retuve -ahí está una parte de mis pecados-;con los allegados del niño Fabio Moreno, cuya vida se llevó una bomba en Erandio. Con todos y todas las víctimas que en este país han sido. Con su recuerdo, memoria y reconocimiento.

Me quedo con ellas, para decirles, alto y claro: “Fue injusto”.

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