Editorial

La catarsis pendiente

La ausencia hoy de la izquierda abertzale en el acto por las víctimas del terrorismo, la de UPN y PP en el de Nafarroa, muestran que no hallan respuesta a la necesidad ética y política de romper con el pasado

Sábado, 10 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

PUEDEN apelar, de nuevo, a que no es el momento, a la muerte de Xabier Rey, a la inmovilidad de la política penitenciaria del Gobierno Rajoy, a la estricta literalidad de un lema, a la supuesta falta de pluralidad de una convocatoria, a... Pero, ¿cuándo será el momento? La izquierda abertzale no estará hoy en el acto convocado en Bilbao con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo por la Secretaría General de Memoria, Convivencia y Cooperación del Gobierno vasco, donde sí se darán cita víctimas de ETA, del GAL y del Batallón Vasco Español, más de setenta afectados por las distintas violencias de raíz (¿o excusa?) política que han atacado, porque eso hicieron, atacar, a la sociedad vasca durante décadas. En Nafarroa, dos formaciones políticas, UPN y PPN, se han desmarcado del encuentro institucional organizado por el gobierno de Uxue Barkos. Porque lo organiza el gobierno de Uxue Barkos... aunque traten de justificarse tras la confección del relato. O en que han acudido a otros actos otras veces. Siempre hay un sí pero no, un matiz, un desmarque. Como ha sucedido con la presencia de la izquierda abertzale en el homenaje a Isaías Carrasco, esta misma semana en Arrasate, horas antes de negarse a firmar una moción municipal que denunciaba la injusticia de su asesinato. ¿No fue injusto? ¿Cómo no serlo para quien así califica, de injustas, otras muertes? ¿Cómo no serlo si toda muerte es dramáticamente injusta? El problema de la izquierda aber-tzale, de Sortu pero también de aquellos que su alrededor se hallan condicionados por Sortu, es que sigue teniendo pendiente una catarsis respecto a la violencia que ETA protagonizó hasta octubre de 2011 y que la izquierda abertzale apoyó durante décadas hasta el punto de purgar cualquier oposición interna a la misma. El problema de UPN y PP es que seis años después, cuando esa violencia es historia, reciente pero historia, cuando se apunta que ETA está a punto de anunciar su desaparición antes de verano, aún tratan de extraerle conveniencia política. Se aprovechan de que la pendiente asunción pública de que el empleo de la violencia fue una aberración injustificable lastra tanto la actividad como la credibilidad de una izquierda abertzale necesitada de romper ya con su pasado. Es una exigencia ética. Pero también política. Porque esa catarsis es imprescindible para participar del presente y proyectar el futuro sin esa rémora.

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