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involución imparable del Athletic

Al margen de la realidad

Jugadores y entrenador persisten en vender una reacción radical e inmediata del equipo, cuando el discurrir de los meses demuestra que el Athletic se ha instalado en una involución imparable.

ENCUESTA:¿Ves posible una remontada en San Mamés ante el Olympique?

José L. Artetxe - Sábado, 10 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Aduiz plantado en medio del campo del Olympique

Aduiz plantado en medio del campo del Olympique (Borja Guerrero)

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Aduiz plantado en medio del campo del OlympiqueOcampos bate a Herrerín.

bilbao- La venta del producto que se empeña en hacer el vestuario del Athletic recuerda al marketing del crecepelo. La única diferencia estriba en que el equipo se debe creer ese mensaje que insiste en transmitir al entorno, esa grandilocuencia con que semana tras semana anuncia una reacción inmediata, la expiación de los pecados cometidos, algo así como un borrón y cuenta nueva que compense tanta desazón. Si no fuera así, si jugadores y entrenador no se creyesen su propia mentira, entonces la cosa sería mucho más grave, estarían actuando igual que el feriante, que sabe a ciencia cierta que ninguno de los incautos que suelte los cuartos experimentará una mejora en el cuero cabelludo.

El equipo se despeña y mientras rueda imparable pendiente abajo, establece metas a corto plazo para, se supone, ilusionar a una afición escarmentada. Ahora toca la Europa League, cual oasis en el desierto, cuando es obvio que se trata de un mero espejismo. Los profesionales del Athletic se han alejado tanto de la cruda realidad que han extraviado el sentido del pudor. ¿Cómo es posible que se planteen seriamente seguir adelante en Europa cuando a duras penas se mantienen de pie en el ámbito doméstico? Incluso han osado mentar la final en vísperas de visitar Marsella. ¿En qué se fundamentan para alentar expectativas si llevan meses mostrando un nivel de rendimiento deficiente, con frecuencia lamentable? Será que no residen en Bilbao, que se han empadronado en Babia y adoptan el histórico idilio del Real Madrid con la Champions a modo de guía espiritual.

Han debido olvidar que ellos son el Athletic, no ya por el hecho de que en absoluto se estén comportando como se espera que lo haga el Athletic, sino porque jamás podrán equipararse al Madrid. Ni en calidad, ni en trayectoria, ni en recursos, ni en objetivos. La suya es otra historia y va de exprimir al máximo unas señas de identidad muy concretas que en la competición se condensan en algo tan elemental como pelear, no volver nunca la cara. Justo lo que San Mamés celebró hace diez días con ocasión del empate frente al Valencia. Ni más ni menos.

El planteamiento de los futbolistas y del propio Ziganda podría catalogarse como infantil, pero el contexto, que no es otro que el fútbol de elite, lo impide. “Hay que salir con todo”, “vamos a hacer todo lo posible”, “aún estamos vivos”, “el Olympique sufrirá el jueves”, “si marcamos un gol…”. Bueno, imaginemos que suena la flauta y se elimina al conjunto galo. Y qué. Esta posibilidad que desde el sentido común se antoja remota a fecha de hoy, de materializarse, dejaría muy mal parado al grupo que acaba de rubricar ante el continente un ridículo insufrible, que se añade a la ristra que acumula desde el verano.

¿De verdad piensan que con acceder a los cuartos de final de la Europa League. justifican su errática trayectoria o borran de un plumazo lo de la Copa y lo de la Liga? Por otra parte, en qué se basan para confiar en una remontada. ¿Qué significa “salir con todo” y “hacer todo lo posible”? Porque más bien se diría que el equipo no tiene nada con lo que salir o tiene muy poco con lo que hacer posible un partido siquiera digno.

viene de lejosEl Athletic es un pálido reflejo de sí mismo y lo peor no es la imagen que proyecta. Bastante más preocupante es la asombrosa falta de realismo que se han instalado en sus filas. Sin el reconocimiento explícito de las limitaciones, es inviable escapar de la perniciosa espiral en que se ha embarcado. A este respecto, comentar que viene de lejos, que no es un asunto exclusivo de esta temporada. La autocrítica y el afán de superación hace tiempo que se borraron del catecismo de la primera plantilla, donde da la sensación de que impera la complacencia. Después de unos años cumpliendo con nota alta, el equipo ha ido cediendo al conformismo, se ha abonado a vivir de las rentas y una vez metido en problemas no sabe cómo salir y se ha montado una película con el señuelo de la Europa League.

Hace ahora un año, el Athletic quedó apeado en dieciseisavos de final en Nicosia, donde se presentó con un 3-2. Allí, el modesto APOEL le hizo dos goles y, sobre todo, le retrató tirando de energía y convicción para subsanar su inferioridad técnica. Las críticas que generó el inesperado revés fueron replicadas desde el vestuario, que poco menos que tachó de ignorantes a quienes consideraron que no había dado la talla ni por asomo, lo cual era habitual en los desplazamientos, por cierto.

Revolverse ante los reproches no fue un fenómeno puntual. La queja de entrenador y jugadores iba de que el entorno, especialmente los periodistas, infravaloraba sistemáticamente a los rivales, sometiendo así al equipo a una presión extra. Fue una cantinela que se escuchó desde el sorteo de la fase de grupos, donde el Athletic se cruzó con Sassuolo, Genk y Rapid de Viena, tres potencias sin duda. La cantinela acompañó asimismo a las reiteradas decepciones a domicilio, motivadas por la densidad del calendario, a decir de los futbolistas.

Una última acotación para entender el proceso involutivo del Athletic: en Nicosia fueron titulares nueve de los jugadores que fracasaron en el Vélodrome. Es decir, la alineación tipo diseñada por Valverde y que Ziganda escogió para medirse al Olympique. El jueves solo cambiaron el portero, Herrerín por Iraizoz, y Aduriz por Muniain. El resto, los mismos: De Marcos, Yeray, Etxeita, Balenziaga, San José, Beñat, Susaeta, Raúl García y Williams. Ahora, a diferencia del curso anterior, no se protegen apelando a la entidad del enemigo de turno, solo nos venden la moto de que la del próximo jueves será una gran noche.

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