MARTXOAK 8

“Y el médico ¿cuándo viene?”

El 80% de las profesionales de Osakidetza son mujeres pero también sufren un 'techo de cemento'

Concha Lago - Viernes, 9 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 07:23h

La enfermera Encarni Benítez, en el centro de la foto con pelo corto, junto a otras compañeras de planta del pabellón Jado en el hospital de Basurto. Foto: Oskar González

La enfermera Encarni Benítez, en el centro de la foto con pelo corto, junto a otras compañeras de planta del pabellón Jado en el hospital de Basurto. Foto: Oskar González

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La enfermera Encarni Benítez, en el centro de la foto con pelo corto, junto a otras compañeras de planta del pabellón Jado en el hospital de Basurto. Foto: Oskar González

Bilbao - Las profesionales sanitarias se han cansado durante años de oír coletillas machistas y de ser víctimas de una apabullante diferencia de trato. “El rol social de médico se ajusta a la figura masculina. Cuando era más joven informaba de una intervención quirúrgica o de un resultado y los familiares me preguntaban y... ¿el médico cuando viene?”. “Menos mal que la sociedad ya ha interiorizado que hay muchísimas mujeres que ejercemos esta profesión y muy bien, pero todavía queda mucho camino por recorrer”, explica Mercedes Fraca, jefa de Sección de Ginecología en el hospital de Basurto. La enfermera Encarni Benítez asiente y todavía recuerda aquellos tiempos en los que preguntaban por otro... hombre. “Antiguamente preguntaban por el practicante, aun sabiendo que teníamos la misma preparación”, explica esta enfermera de Jado que lleva 31 años a pie de cama.

La sanidad pública vasca tiene rostro femenino, pero no en todos los puestos. Osakidetza cuenta con una plantilla de más de 37.000 personas. La presencia de mujeres es abrumadora y son ocho de cada diez empleados. Pero si se fija la vista en los escalafones más altos, la imagen suele cambiar de género. “¿Techo de cristal? Más bien es de cemento, o mejor dicho, de hormigón”. “Afortunadamente en Enfermería hay muchas mujeres en puestos de mando pero todavía es necesario trabajar en los liderazgos. Podría haber, por ejemplo, currículum ciegos para que no hubiese ningún tipo de discriminación. Porque, ¿en Jefatura Médica cuantos jefes de servicio hay que sean mujeres aunque tengan las mismas capacidades?”, reivindica Benítez, a pesar de reconocer que “al entrar por una oposición es verdad que nosotras no notamos la brecha salarial”.

Muchas sanitarias no colgaron ayer la bata pero exhibieron en todo momento su conciencia de género. “A mí me han tocado los servicios mínimos pero por obligación moral no faltaría a mi trabajo, porque creo que la atención al paciente va intrínseca en nuestro trabajo. Luego me voy a sumar a las movilizaciones de la tarde”, aclaró Benítez. Esta profesional, curtida en mil batallas, recuerda además que ellas son objeto de más agresiones. “Y no solo es la agresión física es también la verbal y esa manera de hablarte con esa superioridad, con esa chulería masculina...”.

Por su parte, Mercedes Fraca admite que se ha avanzado. “Y se han dado pasos hacia la igualdad pero aunque tengamos la fortuna de trabajar en una empresa del sector público muy feminizada y con menos desigualdad que en otras, en los cargos directivos todavía no hay igualdad porque hay mayor porcentaje de hombres. Hacen falta mujeres valientes que caminen firmes para lograr el objetivo del día de hoy, de este 8 de marzo diferente”.

En otro ámbito de trabajo, en el de la Atención Primaria, la enfermera Marisol Díaz corrobora que “las enfermeras tenemos un doble techo de cristal, más bien de cemento, porque parece que no se nos ve. Al estar los cuidados feminizados, nuestra profesión también está feminizada y no da las cotas de poder real dentro del sistema. Por eso, esta huelga es un triunfo porque da visibilidad y porque puede conseguir dar más poder a las profesiones feminizadas”, dice convencida.

Por su parte, María José Et’xaniz, presidenta del Colegio de Enfermería de Bizkaia, señala que “quizá un reto concreto y alcanzable sobre el que se debería trabajar es el de lograr una conciliación eficaz de la vida familiar y profesional. No debemos olvidar que muchas enfermeras trabajan a turnos de mañana, tarde y noche, y, para muchas madres y padres resulta realmente complicado, por citar un caso concreto, encontrar guarderías en las que poder dejar a los niños”.

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